Conté en una entrada anterior los problemas en el embarazo de la prima de Miguel y amiga mía Ana. Después de eso no había vuelto a comentar nada más, y sé que algun@ de vosotr@s ha estado pendiente de noticias.
Antes de ayer operaron a Ana en el Hospital de la Vall d'Hebrón de Barcelona. A la vez le hicieron la amniocentesis. Esta operación ha sido posible porque Ana y Cristóbal no han parado de moverse y buscar segundas, terceras y cuartas opiniones a lo que les pasaba a sus hijos, hasta que han dado con una posible solución, que ha sido esta intervención en Barcelona. Han visitado, si no me descuento cuatro ginecólogos diferentes, en Hellín (de dónde ellos son), Jumilla y Albacete.
Lo que al principio parecía que era un problema en el cráneo de uno de los bebés, resultó ser un problema de mala distribución de la sangre que les llegaba de la placenta, y lo que tenía el bebé con el que saltaron las alarmas era el cuello hinchado y un desarrollo anormalmente grande para su edad gestacional, ya que le llegaba demasiada sangre. Al otro, por el contrario le llegaba demasiada poca, y no estaba creciendo, esto ha hecho que ahora mismo sus desarrollos tengan tres semanas de diferencia. Les comentaron en un principio que uno de los dos no llegaría a nacer con vida, pero el último ginecólogo que visitaron finalmente les dijo que en la Vall d'Hebrón realizaban una intervención con láser en el cordón umibical para rectificar esto, y si iba bien tenían el 60% de posibilidades que vivieran los dos bebés.
Operaron a Ana antes de ayer, como he dicho, y ayer le hicieron una ecografía en la que el bebé pequeñito ya se movía mucho más (permanecía quieto para ahorrar energía por el poco alimento que le llegaba) y al grande el médico ya le notó que la inflamación del cuello había mejorado algo. Continúa siendo un embarazo de altísimo riesgo, y realmente fuera de peligro estarán cuando hayan nacido, pero realmente estamos bastante esperanzados en que nazcan bien, parece que las cosas se van enderezando.
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jueves, 30 de diciembre de 2010
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Con el corazón encogido
Ana Belén es prima de Miguel y también una antigua compañera de juegos infantiles en los largos días de veraneo en Hellín. Siempre le he tenido mucho cariño. Cuando Miguel y yo empezamos a salir, y después, ya casados, de forma natural hemos ido quedando con Ana Belén y su marido Cristóbal regularmente, ya que mi marido siempre se ha llevado muy bien con ellos dos y nosotras recordábamos aquella relación infantil. Nos hizo mucha ilusión saber que Ana estaba embarazada justo cuando nosotros también queríamos volver a ser padres. A los quince días de enterarnos de su embarazo descubrí que yo también estaba encinta.
Ayer por la noche la llamamos por teléfono para saber cómo había ido la revisión en el ginecólogo. Me cuenta entre lágrimas que trae gemelos, que está asustada. Trato de animarla "bueno mujer, pues trabajo que traes hecho, tu tienes mucha ayuda con tu madre". Me doy cuenta que hay algo que aún no me ha dicho, y ella piensa que yo ya sé. "Sabes que no es eso, Natalia". Me lo cuenta: al hacerle las mediciones uno de los dos cráneos parece no tener la medida correcta. Le dicen que se tiene que hacer la amniocentesis. Son gemelos univitelinos, uno parece venir estupendamente y el otro parece que no. "Y vienen en el mismo saquito, Natalia", llora Ana al otro lado del teléfono.
Trato de tranquilizarla, "esa prueba no es definitiva", "no te comas la cabeza hasta que no te digan el resultado de la amnio..." y yo, mientras las pronuncio, sé que son frases huecas. En realidad, lo que me gustaría es tenerla enfrente y abrazarla y unirme a su llanto. Para que sepa que comprendo que está pasando la peor de las pesadillas en la incertidumbre de saber si sus hijos están sanos. Y por el dilema siempre dramático, pero en este caso aún más, de seguir o interrumpir un embarazo por un defecto físico, cuando además uno de los dos está sano.
Yo creo saber en este caso cuál sería mi decisión. Lo que tengo sí tengo meridianamente claro es que la única posición posible para las personas que estamos alrededor de unos padres en una tesitura semejante, es apoyarles tomen la decisión que tomen. Sólo ellos están en su piel, y sólo ellos sabrán cuál es la mejor opción para su familia. Los demás podemos creer que imaginamos lo que sentiríamos, pero hasta que no te encuentras, es imposible saberlo.
Además estoy un poco cabreada con mi suegra, que hace llegar la información que le da la gana. Me di cuenta en la conversación con Ana que ella creía que a través de mi suegra me había llegado la información, pero no fué así. Al hablar con mi marido supe que a él le había llegado que Ana Belén traía gemelos, y no me lo había dicho para que me llevara una sorpresa. Pero el problema de que uno de los dos puede venir mal, eso no se lo había comentado su madre.
No es la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que mi suegra transmite una información sobre la salud de la familia, sólo dando la información bonita, y lo realmente importante y alarmante, no lo transmite. Por ejemplo, cuando nació Sara y se deshidrató, que le dijimos que se encargara de decir que no podíamos recibir visitas, ella a todo el que le preguntaba le dijo "que su nieta era muy bonita y que el parto había ido muy bien". Y cada vez que vuelve a hacerlo, me recuerda que cuando no debíamos recibir visitas, tuvimos más de ocho personas a la vez en casa. Eso sí luego me explica las enfermedades de gente que no conozco de nada con pelos y con señales.
Por último, quiero pedir a la gente que sé que me lee y tiene conexiones con Hellín máxima discrección con lo que explico en esta entrada, no sé hasta que punto ellos quieren que se sepa esto por el pueblo, y como seguro entendeis es algo muy delicado y privado de esta pareja.
Ayer por la noche la llamamos por teléfono para saber cómo había ido la revisión en el ginecólogo. Me cuenta entre lágrimas que trae gemelos, que está asustada. Trato de animarla "bueno mujer, pues trabajo que traes hecho, tu tienes mucha ayuda con tu madre". Me doy cuenta que hay algo que aún no me ha dicho, y ella piensa que yo ya sé. "Sabes que no es eso, Natalia". Me lo cuenta: al hacerle las mediciones uno de los dos cráneos parece no tener la medida correcta. Le dicen que se tiene que hacer la amniocentesis. Son gemelos univitelinos, uno parece venir estupendamente y el otro parece que no. "Y vienen en el mismo saquito, Natalia", llora Ana al otro lado del teléfono.
Trato de tranquilizarla, "esa prueba no es definitiva", "no te comas la cabeza hasta que no te digan el resultado de la amnio..." y yo, mientras las pronuncio, sé que son frases huecas. En realidad, lo que me gustaría es tenerla enfrente y abrazarla y unirme a su llanto. Para que sepa que comprendo que está pasando la peor de las pesadillas en la incertidumbre de saber si sus hijos están sanos. Y por el dilema siempre dramático, pero en este caso aún más, de seguir o interrumpir un embarazo por un defecto físico, cuando además uno de los dos está sano.
Yo creo saber en este caso cuál sería mi decisión. Lo que tengo sí tengo meridianamente claro es que la única posición posible para las personas que estamos alrededor de unos padres en una tesitura semejante, es apoyarles tomen la decisión que tomen. Sólo ellos están en su piel, y sólo ellos sabrán cuál es la mejor opción para su familia. Los demás podemos creer que imaginamos lo que sentiríamos, pero hasta que no te encuentras, es imposible saberlo.
Además estoy un poco cabreada con mi suegra, que hace llegar la información que le da la gana. Me di cuenta en la conversación con Ana que ella creía que a través de mi suegra me había llegado la información, pero no fué así. Al hablar con mi marido supe que a él le había llegado que Ana Belén traía gemelos, y no me lo había dicho para que me llevara una sorpresa. Pero el problema de que uno de los dos puede venir mal, eso no se lo había comentado su madre.
No es la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que mi suegra transmite una información sobre la salud de la familia, sólo dando la información bonita, y lo realmente importante y alarmante, no lo transmite. Por ejemplo, cuando nació Sara y se deshidrató, que le dijimos que se encargara de decir que no podíamos recibir visitas, ella a todo el que le preguntaba le dijo "que su nieta era muy bonita y que el parto había ido muy bien". Y cada vez que vuelve a hacerlo, me recuerda que cuando no debíamos recibir visitas, tuvimos más de ocho personas a la vez en casa. Eso sí luego me explica las enfermedades de gente que no conozco de nada con pelos y con señales.
Por último, quiero pedir a la gente que sé que me lee y tiene conexiones con Hellín máxima discrección con lo que explico en esta entrada, no sé hasta que punto ellos quieren que se sepa esto por el pueblo, y como seguro entendeis es algo muy delicado y privado de esta pareja.
sábado, 31 de julio de 2010
Las taras de Leo I: Monorquidismo

Empiezo una serie de entradas explicando los motivos por los que mi queridísimo perro Leo no debería haber nacido. Es decir, yo estoy muy contenta de tenerle, y tiene una calidad de vida aceptable, pero Leo forma parte de esos cachorros que no deberían haber nacido por las taras genéticas que lleva consigo. Si los dueños de los padres de Leo hubiesen tenido un mínimo de responsabilidad, esta camada no debería haber nacido. Pero claro, teniendo en cuenta que la camada fue encontrada cuando los cachorros tenían dos meses en la puta calle, pedir responsabilidad a esta gente es como pedir lingotes de oro a un peral.
Bueno, el primer problema de tipo genético que descubrimos en Leo, y el menor de ellos, es el monorquidismo. A Leo sólo le descendió un testículo, el otro se le quedó retenido en la ingle. Es un problema hereditario. Su padre o el padre de su madre lo tenía y no deberían haber criado con él.
Se lo detectamos a los cinco meses o así, le descendió uno, y el otro no. Le pregunté a la veterinaria que le llevaba entonces (la peor de todas las que ha pisado) y me dijo que no pasaba nada, que habían muchos perros así, que podía criar y todo...en fin, para que comentar, esta mujer es veterinaria de vocación, se le nota en lo bien formada que está.
Cuando meses después le llevamos al Hospital Veterinario de Sant Vicent del Raspeig (por otra de sus taras genéticas, de la que ya hablaré en la siguiente entrada de la serie), nos aconsejaron extirparle el testículo que no había descendido. El testículo que no desciende, al estar en un lugar del cuerpo que no le corresponde se suele tumorar. Además los perros con monorquidia suelen tener la testosterona alterada, y en muchas ocasiones son perros de carácter más difícil, sobretodo en su juventud, hasta los dos años o así. Sí que es posible criar con un testículo, pero como el problema es hereditario, se suele aconsejar la castración.
Nosotros no castramos a Leo porque los perros castrados suelen aumentar de peso, y nuestro perro no debe engordar (si, ya se que los que le conocéis en persona pensareis que ahora parece una vaca-perro, pero eso son efectos secundarios del tratamiento de la leishmania). Sí tiene extirpado el testículo que no le descendió. Por lo demás, simplemente tenemos que tener cuidado en que no monte a ninguna perra para que su carga genética no se siga transmitiendo. Como ya he dicho el monorquidismo es el menor de los problemas de mi perro
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