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martes, 12 de junio de 2012

Hace un mes que me duelen los ojos...

... de mirar sin verte. ¿Qué ha tenido la culpa de tu mala suerte, mi rosa de abril?

Hoy hace un mes que acaricié por última vez la cabeza de mi Leo y le susurré al oído "Te quiero, no lo dudes, siempre te querremos" y el Miguel se lo llevó a despedirse de su campo, y después al veterinario para que descansara. Hace un mes que sacrificamos a Leo.

Antes de semana santa tuvo una fuerte diarrea, eso hizo que bajaran sus defensas y ahí la enfermedad se ha hecho fuerte y, aunque lo hemos intentado, los últimos días estaba claro que el tratamiento no estaba haciendo efecto. Un perro enfermo de leishmania activa es un peligro de contagio para el resto de animales, así que la decisión era clara...por él, por nosotros, por el resto. Pero por más clara no es menos dura de tomar.

La mañana más dura de mi vida la pasé jugando con mis hijas y tirando las cosas del Leo, haciendo ver que no pasaba nada. Aguantando el tipo por mis niñas, mientras mi corazón estaba destrozado cantaba las canciones de "El Rey León".

Y así llevo un mes. Aguantando el tipo por mis niñas y aguantando el tipo por el Miguel. Y aguantando el tipo porque la mayor parte de la gente no entiende que mi perro era mi familia. "No lo compares con tus hijas". Pues claro que no lo comparo, por supuesto que no tiene nada que ver.
No hay nada que comparar, el amor multiplica, no resta. Es amor y es dolor lo que siento por mi perro, tiene su lugar, es uno más de mis amores. Lo va a ser siempre aunque ya no esté.

Porque han sido siete años maravillosos. Descubrí Yecla callejeando contigo de la correa siendo tu cachorro, las preciosas calles empinadas alrededor de la Iglesia Vieja. Vimos también juntos el Arabí y no podré pisar el Arabilejo sin recordar como te metiste en una de las cazoletas de cabeza porque tenía agua y salíste empapado, te sacudiste y nos empapaste a nosotros. No volveré a pasar por la ronda al lado del cementerio sin acordarme de nuestros fantásticos paseos por el Cerro del Castillo.

 Porque no puedo estar en nuestro campo sin coger una piedra del suelo para tirartela para jugar...Y en casa, cada minuto de cada hora me parece que vas a doblar la esquina del pasillo o, ahora mismo, sentada en el ordenador, vas a apoyar tu cabeza en mis rodillas, como solías.

Porque no podré recordar mis embarazos y la niñez de Sara y Núria sin tu recuerdo. Mis primeras sospechas de embarazo fueron porque me lamias la barriga al llegar a casa, antes incluso de tener retrasos. Y esas largas tardes en las que tenía contracciones y tu te echabas a mi lado y gemías cuando tenía dolor ¿como lo notabas?. La primera palabra que dijo Sara fué "Líiio", y a las dos les ha encantado compartir coscorros de pan contigo. Núria se tronchaba de risa cuando al llegar a casa salías a saludarnos.

Porque sin haberte tenido no habria conocido a Juan y Feli ni a Jose y Yolanda, los dueños de Luna, los dueños de Urko, a los que considero buenos amigos.

Porque aunque en estos siete años han habido también cosas muy feas, como las discusiones con la familia y los vecinos, y tus enfermedades y tus últimos días, que han sido horribles, tenerte es una de las cosas mejores que hecho en mi vida. Una de las cosas que más me ha hecho feliz en mi vida. La diferencia entre estar sola y estar en compañía.

En estos días, gente que no me conoce de nada me para por la calle y me pregunta por ti. "¿Y ese perro blanco que siempre llevabas?, que gracia me hacía siempre al ladito de las niñas, sin tirar ni nada" "Nena, perdona ¿es que se te ha muerto el perro que hace días que te veo sin el?" El viernes mismo una mujer muy graciosa "En este paseo falta uno". Y yo les explico que te hemos sacrificado, agradecida de poder recordarte, de que otros se den cuenta que no estás y te recuerden con tanto cariño. Haber sido la dueña de Leo es una de las cosas de las que siempre estaré orgullosa. Te quiero mi Leíto, no lo dudes, siempre te querremos.

martes, 13 de marzo de 2012

Feliz

Hoy martes y trece del año 2012, fecha que parece tan funesta, puedo decir que soy relativamente feliz. Siempre en la vida las cosas se pueden mejorar, hay cosas que me preocupan, pero en general puedo decir que soy relativamente feliz.

Cosas que me preocupan: Leo mantiene un brote de su leishmaniosis que hace que prácticamente tenga en una herida perpetua sus cuartos traseros. A veces apestan sus heridas a pus, otras parece que se van a cerrar definitivamente, pero vuelven a abrirse nuevas pupas. En un bucle desde hace varios meses. En positivo, que la analítica que tiene es de un perro sano, el parásito no le ha afectado los órganos internos y el animal está contento, aparte de la molestia de sus heridas, que procuramos aliviar con pomadas.

Otra cosa que me preocupa es que mi hija Sara pueda ir el año que viene al cole que queremos que vaya. Nada especial, es el cole de al lado de casa, y por proximidad en principio nos toca, pero hasta que no salgan las listas de admitidos pues ahí estamos, con la incertidumbre.

Me preocupa mi padre, y su tensión arterial que no se acaba de controlar.

Y me preocupa, como a la mayor parte de los ciudadanos de este país, las consecuencias que en mi pequeña economía familiar tenga esta crisis que nos han enviado los banqueros y que vamos a pagar los curritos. Se me ha pasado por la cabeza el autoempleo, pero después me veo con mis dos nenas y pienso que tengo "autoempleo" para un rato aún. Pero me rondan cosas por la cabeza.

Lo que contribuye a mi equilibrio son sobre todo mis dos niñas. Sara ya tiene (parece mentira) dos años y diez meses, es una niña pequeña muy cariñosa, despierta, un poco desobediente (y aunque me saca de quicio a veces, me gusta que tenga personalidad) tímida y lista. Muchas veces al día me meo de la risa con sus salidas, está lo que se dice comúnmente como para comérsela.

Núria también está para comérsela, la verdad. Núria ya tiene (esta parece aún más mentira) casi nueve meses. Es una bebé ya muy divertida, le encanta bailar, parlotear, hacer palmitas y chillar cuando sus papás intentan ver el telediario (cosa que visto lo que hay que ver hay que agradecerle). Son el día y la noche, tanto físicamente como en carácter. No parece haber de momento grandes celos, supongo que cuando Núria crezca algo más la competencia entre hermanas será más evidente. De momento se buscan mucho y tienen diariamente momentos de juegos y risas.

 Hay momentos, muchos, en que las dos necesitan mi atención, y si, como habitualmente me pasa, estoy sola, me agobio. Hay días que el cansancio me puede y me siento muy sola en el páramo yeclano. Lloro de impotencia y rabia casi a diario en algún momento.

Pero en general, la mayor parte de los minutos de las horas que conforman mi día a día, tengo la sensación de que no me puedo quejar con mi suerte: que tengo un marido al que amo y que me quiere, que tengo dos niñas preciosas que crecen fuertes, sanas, listas y felices, que tengo un perro al que mantengo estable en sus enfermedades y que creo que es feliz, y aunque hecho de menos mi tierra y mi gente todos los días he conocido a buenas amigas por estos lares que me hacen menos áspera la soledad. No está mal.

martes, 29 de noviembre de 2011

Vuelvo a la carga, resumen de cómo estamos.

Pues eso que me he hecho el propósito de volver a escribir en el blog de forma habitual. Nuria ya tiene 5 meses que si os digo la verdad, no sé dónde los he metido. Se me han pasado en un suspiro. Parece que fué ayer que llegué del hospital. Ahora, aunque lejos de estar bien organizada, mi vida y mi casa ha dejado de ser un caos permanente de horarios y cosas por hacer, y me veo con la posibilidad de rasguñar unos minutos para escribir en el blog.

Os pongo al dia de las gentes de mi casa, como resumen de estos cinco meses. Papá pitufo, mi marido, bien de salud, jodido de trabajo, con múltiples trabajos acabados y por cobrar y un estado de nerviosismo por el tema económico evidente.

Mamá pitufa a ratos disfrutando/padeciendo de la crianza de sus niñas, a ratos preocupada como papá pitufo y muy preocupada por papá pitufo porque cree que se come mucho la cabeza y eso nunca es bueno. Muy orgullosa de sus pitufinas.

Pitufina grande, Sara, ha crecido mucho estos cinco meses. Ha evolucionado muchísimo en este tiempo, ha crecido físicamente y ya es más una niña pequeña en sus formas y en su manera de moverse. Pero la mayor evolución ha sido la mental. Pasar a ser hermana mayor le ha sentado muy bien, es muy autónoma aunque lógicamente a sus dos añitos y medio nos requiere para muchas cosas y, de lo que estoy más orgullosa, está construyendo una relación preciosa con su padre y con su hermana. Se está convirtiendo en una niña la mar de cariñosa con nosotros. Ha dejado atrás sus problemas con el habla, ahora hay que decirle que se calle.

Pitufina pequeña, Núria, la gran desconocida de este blog, es lo que Carlos González define como la hija de la vecina. Es un bebé amoroso, risueño, glotón y dormilón. Un amorcito achuchable que apunta a tener un carácter más abierto y risueño que su hermana. Es, como Sara, una niña muy alta, y ahí acaban sus parecidos. Nuria es morena, ojos marrones, tez morena, siempre dispuesta a unas risas y un bebé bastante paciente, tanto que las pocas veces que ha llorado con ganas nos hemos asustado Papá pitufo y yo pensando que le ocurría algo grave. El que sea tan plácida ha contribuido mucho a que estos primeros meses mamá Pitufa no se haya vuelto majareta.

Y por último Pitufo peludo, el Leo, está hecho un campeón. Como suponía ha recibido a Núria sin mover una pestaña, no ha advertido el cambio y sólo de vez en cuando se acerca a olerla cuando está en la hamaca. Con Sara tienen pequeñas disputas por la comida, porque se pone pedigüeño cuando ella come, con esa cara de hambre que ponen los perros y Sara le dice "Leo NOOO MIOOO, QUITAAA!!!" que supongo que en lenguaje adulto viene a decir "no me mires con esa cara que al final te lo daré y luego me arrepentiré de habertelo dado". De salud está estupendo, hace unas semanas le hicimos una analítica y salió perfecta y también está en su peso por fin. Las únicas pegas son que el tratamiento que toma para la leishmania le hace orinar mucho, y que cuando hace rato que está echado al levantarse le cuesta y renquea un poco. Que sus caderas se están deteriorando es evidente, pero dentro de todo lo que lleva encima, está fenomenal según su veterinario.

Ale, ya he quitado las telarañas del blog, que le hacía falta. Espero reengancharos y que me sigais leyendo. La próxima entrada en unos días.

jueves, 5 de mayo de 2011

De celos

Estoy en la semana 33 de embarazo. Todo está yendo bastante bien a nivel físico, he tenido un par de tardes que me han dado contracciones, pero vamos, en general me encuentro bien, algo cansada, pero con la barriga que llevo a cuestas, atender a Sara y la casa y Leo, me parece que es normal.

Mis dos bichillos estas dos últimas semanas parecen haberse puesto de acuerdo para darme más faena. Por un lado está Leo, que como a buen animal, la primavera la sangre le altera. O sea, que el pobre anda cardíaco porque todas las perras del barrio andan en celo, y las hormonas están en el aire. Además está cambiando al pelo de verano, por lo que cuidarle estos días también se complica: hay que cepillarle más y aún así suelta una cantidad ingente de pelo. Va alterado en los paseos, olisqueando y tirando mucho de la correa. Eso en cuanto a su comportamiento. Además estos días has de ir pendiente del comportamiento de los demás perros, en especial de los perros cuyos dueños son tan irresponsables de llevarlos sin correa. Yo puedo llegar a entender que un perro pequeño impone menos y a la gente le importe poco que vaya suelto y el dueño el resto del año se aproveche de eso, pero estamos en la época de los celos de las perras. Los perros por el pueblo siempre deben ir atados, y en esta época más que nunca, porque sus reacciones no son las normales, en estos días todos los perros son más propensos a las peleas. Con lo fácil que es evitar esto si todos los animales van como es debido.

Respecto a si Leo está alterado por la venida de Nuria, o si es posible que le den celos a él, es una posibilidad que, teniendo la experiencia de cómo se comportó cuando nació Sara, no me preocupa en absoluto. Por supuesto volveremos a seguir las mismas pautas de presentación que nos fueron tan bien con Sara y estaremos vigilantes a cualquier cambio con respecto a su relación con las niñas, y continuaremos con la norma básica de que niñas y perro nunca se dejan solos.

 
 
La que sí me preocupa es Sara. Que ya está empezando a tener manifestaciones de celos. En casa  habíamos notado a la niña más llorona hacía días, y últimamente hace varios despertares en la noche, ella que tan bien duerme normalmente. Pero como también pasó en Semana Santa unos días complicados porque estuvo con conjuntivitis, mucha congestión y fiebre, pensábamos que quizás era que no se había acabado de recuperar.

Pero ayer al recogerla de la guardería sus cuidadoras, Cristina y MªJosé me comentaron que ellas estaban notando celos en Sara. Lleva esta semana sin dormir en la guardería, y al parecer está toda la mañana abrazada a ellas y con muchos episodios de llanto, cosa que les llama la atención mucho, porque normalmente rara vez llora. Me aconsejaron que la mimemos mucho, e intentemos que las atenciones sean en positivo ("oh que bien ha hecho esto Sara") y evitemos reñirle para que no entre en una dinámica de portarse mal para llamar la atención. Sobretodo que una vez nazca Nuria la impliquemos todo lo posible en su cuidado (teniendo en cuenta que tiene 2 añitos, no se como va a ser eso...) Y si ya ha empezado a pasarlo mal cuando aún queda mes y pico para que nazca su hermana, me agobia pensar cómo lo va a pasar después.

Ayer una buena amiga me dijo que estaba preocupada por mí, por cómo iba a poder organizarme con la llegada de Núria. Le agradezco la preocupación, sé la primera que lo voy a pasar apurada unos cuantos meses (o el primer año) con las dos niñas pequeñas y todo. Pero al fin y al cabo es algo que he decidido yo, como persona adulta y madre, conscientemente. Pero me duele el dolor de mi hija, que no ha decidido nada de los cambios que se avecinan en su vida. Desde aquí a las que ya teneis experiencia, por favor, dadme consejos para ayudar a mi princesa a sobrellevar este cambio.

lunes, 3 de enero de 2011

El tiempo corre en su contra

La semana pasada me encontré con una señora, vecina del barrio, de esas vecinas que nos conocemos por tener perro, como "la dueña de..." y no sabemos nuestros nombres. Se paró a decirles dos monerías a mi hija y a preguntar por la salud de Leo. "¿Sabías que se me ha muerto mi "Chico"?". No, no lo sabía. La verdad es que el animalito rondaba ya los 14 años y estaba muy mayor, pero me dió mucha lástima enterarme.

Leo va a cumplir seis años en Febrero. De los perros con los que se relacionaba de cachorro, no queda ninguno en el barrio, unos se han ido muriendo, otros se han mudado de sitio. Demasiado a menudo en el último año, me han dado la misma noticia: "Mi perro se me ha muerto". Así que le quedan bastantes pocos animales con los que relacionarse, al pobre. La Luna, que es un par de años más joven y para de contar. Son esas cosas que hacen que mires a tu animal y calcules cuánto tiempo más vas a disfrutar de su compañía silenciosa y leal. Estoy un poco melancólica, es que veo que envejece y está enfermo, y sé que el tiempo corre en su contra.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Ayer fué un día completito.

Ayer fué un día complicado. Miguel estuvo en Barcelona, lo que le ausentó de casa desde la madrugada a las 22:30 de la noche. El viaje lo hacía en coche y conduciendo él, por lo que hasta que no lo vi asomar por la puerta de casa, no estuve tranquila en todo el día.

Sara se despertó a las 5:30h de la madrugada, y cuando no vió a su padre se desesperó. Tocaba su lado de la cama y me miraba como diciendo "¿Dónde está papá?" Me costó muchísimo volver a dormirla, la primera vez que me rechaza la teta. Sólo se durmió sobre la almohada de su padre (¿tendría su olor?) y dándole palmaditas en el culete al ritmo que se toca el tambor en Semana Santa, que es como la duerme Miguel. Me dió mucha penita la reacción de mi pequeña, aunque por otro lado, me encanta que quiera tanto a su papa.

Leo notó mi estado de ánimo y me retó haciendo casi todas las cosas que sabe prohibidas. Es lo que tiene tener un perro de carácter, no te deja bajar la guardia. Lo que en realidad me vino muy bien, porque tuve que plantarme sobre mis pies y enviarlo a su sitio (literalmente, a su colchoneta). Cuando hace eso, y me obliga a disciplinarlo, sobre todo en los días que menos energía tengo, hace que no me deje vencer por el estado de ánimo, y me viene muy bien para tomar las riendas del día. Es como un recordatorio de que tengo el poder de decisión sobre si me dejo ganar por la tristeza o no. Y por mi hija, mi barriga y mi animal, ayer decidí que no. Así que me puse música y canté (el que canta su mal espanta), no se como los vecinos no llamaron a los loqueros. No soy una estrella del pop por algo...canto peor que un gato despellejado.

En otro orden de cosas, mi amiga Alicia y yo nos reunimos con la presidenta de la Asociación "Vinculo" de Yecla. Resulta que hay un grupo de apoyo de la lactancia en Yecla, pero las mamás que lo integran ya llevan ellas mismas varios años, y sus nenes ya son más mayorcitos, y hace un tiempo la asociación está parada. No se hacen ni reuniones ni actividades. Alicia me pidió a mi y a otras mamás recientes si nos podíamos meter en la asociación y dinamizarla.

La verdad es que en una población como ésta lo veo superimportante. Porque en una ciudad más grande, puedes no tener un grupo de apoyo en tu zona, pero es más fácil que te puedas desplazar para buscarlo. Aquí si no está en la misma Yecla, estás vendida. Y aunque es cierto que hay una fantástica consulta de lactancia materna en el Hospital de Yecla,  que a mi personalmente me salvó la lactancia, hay un tipo de apoyo emocional que quien puede darlo mejor es un grupo de mamás.

Acordamos no centrarnos en exclusiva en la lactancia materna, sino en la crianza. Hay temas como el colecho, la introducción de la alimentación complementaria, los cólicos del lactante, por ejemplo, que angustian bastante a las mamás,y que no son exactamente "lactancia", pero que influyen mucho en una crianza feliz para madre y bebé. A ver como resulta. A Piluca, la presidenta de la asociación la vimos no con muchas ganas de empezar nada, y por mi experiencia asociacionista, puedo entender perfectamente que esté cansada y desmoralizada, espero que se anime si ve que no va a ser ella sola la que tire de la asociación, como en muchas ocasiones ocurre con los "Presidentes". Una chica muy agradable, creo que nos vamos a llevar muy bien.

Alicia me metió una idea loca en la cabeza que no para de rodar... me voy a informar un poco antes de tomar ninguna decisión, pero me ha picado el gusanillo... ¿Cómo alguien que me conoce desde hace tan poco tiempo puede conocerme tan bien?

Y lo mejor del día vino cuando llegó Miguel por la noche. Sara, que estaba tomando teta casi literalmente se tiró al suelo y corrió por el pasillo bracitos en alto a saludar a su papa. Estaba a punto de dormirse, y ya no hubo manera, pero ¿qué importa que un día se acueste más tarde? Se durmió finalmente en brazos de Miguel, con el toque de tambor que ya he explicado, y no quiso dejarla en su cuna hasta que nosotros mismos nos fuimos a dormir. 

sábado, 6 de noviembre de 2010

Un poco de humor: Test de embarazo Leoplux

Test de embarazo Leoplux. Si Natalia tiene dudas, y sospecha que está embarazada, antes que los test de la farmacia, y hasta el momento, con un 100% de efectividad, el test de embarazo Leoplux le aumentará las dudas acerca de tu estado.

No tiene que orinar en ningún aparato ni recipiente. Sólo debe entrar por la puerta de casa y recibir el extraño saludo de tu perro Leo, que desde hace días, en vez de oler las piernas y mover la colita como es su costumbre, se sienta, le huela la tripa y le da lametones.

Ventajas:

Como digo 100% efectividad. Las dos veces que Leo a mostrado este comportamiento a mi llegada a casa, en unos días se ha confirmado que estaba embarazada.

Es gratuito.

Desventajas:

El ginecólogo no lo acepta como prueba de embarazo, así que no te libras de tener que orinar en algún lugar para demostrárselo.

Nota sin demasiado interés (pero curiosa): Y esto lo empieza a hacer mi perro días antes de que se me retrase el período.

Y ahora una reflexión acerca de este suceso, ya un poco en serio:
La naturaleza es sabia. Los animales intuyen cosas que nosotros desconocemos, poseen una suerte de inteligencia o intuición que debemos dejar de menospreciar para que la tierra que compartimos pueda tener futuro. Feliz fin de semana a todos

lunes, 25 de octubre de 2010

La relación entre Sara y Leo

Cuando estaba embarazada de Sara no fueron pocas las opiniones en contra de que Leo continuara formando parte de nuestra família. Que le iba a coger celos, que si le iba a hacer coger una infección a la niña.

A nosotros nos preocupaba quizás el tema de los celos un poco. Aunque Leo siempre ha sido tratado en casa como a un perro y no como a un bebé y sabe cuál es su lugar. Preguntamos a su veterinario su opinión al respecto. El hombre sonrió y nos dijo: "Es que yo no soy muy objetivo, mis tres hijos se han criado con dos perros en casa, para nosotros la experiencia no pudo ser más positiva, que os voy a decir". Lo que sí nos dio unas pautas a seguir: que lo que viéramos que había que cambiar en sus costumbres lo hiciéramos durante el embarazo, y que le enseñáramos y le dejáramos oler las cosas nuevas del bebé. También nos explicó que era importante cómo presentábamos al bebé al perro, para que el lo asociara con algo positivo.

También lo comentamos en el hospital cuando nació mi hija y en su primera visita al pediatra. En ambos casos nos aseguraron que tanto el riesgo de transmitir enfermedades, como de que provoquen accidentes/ataques por celos es mucho mayor entre hermanos o incluso primos, que entre bebé y perro. Evidentemente teníamos que tener un cierto cuidado, pero que ellos no veían ningún riesgo. El pediatra de Sara, de hecho, nos comentó que sí que se pregunta en una encuesta que hacen sobre riesgos para la salud del bebé si hay hermanos en casa, pero no se pregunta sobre animales, porque son poquísimos casos en los que influye, y ni siquiera se tiene en cuenta. Este comentario nos tranquilizó definitivamente acerca de nuestra decisión

Cuando nació Sara, llevamos a Leo a una Residencia canina mientras estábamos en el hospital. Después se alargó unos días más, porque Sara estaba delicadita, y de todas formas no hubiéramos podido ocuparnos del animal. Así, las presentaciones se hicieron a la semana de haber nacido Sara. Mi marido fué a buscarle, con un pañal de la niña, que le hizo oler al recogerle de la residencia, y, en vez de traerle a casa directo, le llevó al descampado donde habitualmente le soltamos. Cuando se había desfogado algo, llegué yo con el cochecito del bebé. Obviamente el perro me saludó efusivamente y olisqueó el artefacto ese que me acompañaba, pero como aún estaba bastante excitado, no le enseñamos aún a la niña. Nos fuimos a dar un paseo, y cuando estaba ya más calmado cogí a Sara en brazos, le dejamos que la oliera con cuidado y finalizamos el paseo.

Los primeros meses, y hasta que Sara empezó a gatear, Leo generalmente la ignoraba, sólo dejaba de ignorarla para pasar a un papel de guardián en los paseos o si habían visitas en casa. Cuando empezó a gatear, Sara buscaba a Leo como a otro juguete más, y probaba a cogerle las orejas, los ojos, los bigotes, tocarle las patas...Leo generalmente le dejaba tocarle una o dos veces y se retiraba. Algunas veces mi hija le perseguía por toda la casa con su toqueteo y Leo me miraba pidiendo compasión con la mirada, yo intentaba distraerla con otro juego, explicándole sin éxito que Leo no es un peluche y que si le mete el dedo en el ojo le hace pupa. En esta época alguna vez he dudado si era justo para Leo esta situación, teniendo mucha menos atención de la que estaba acostumbrado, y además teniendo que soportar a la niña experimentando con él.

Hace unas semanas que Sara se ha arrancado a andar, y eso ha cambiado un montón la forma de relacionarse de mis bichos. Ahora jugamos juntos. Sara es capaz de tirarle una pelota, y Leo está encantado de cogérsela, me la da a mi, yo se la doy a Sara, que se la vuelve a tirar... Sara se troncha de risa viendo a Leo yendo a por la pelota que le ha tirado, y Leo está encantado de tener nuestra atención y se muestra incansable en el juego, cosa que me encanta, porque los últimos meses parecía volver a estar decaído.

Leo, que hasta hace poco veía a Sara y la rehuía, ahora a veces la busca, con la pelota en la boca, o le hace cosquillas con el morro en la barriga. Cuando venimos de recoger a Sara en la guardería, la saluda la primera, antes que a mí, y ni que decir que a mi se me cae la baba al verlo. También ha influido mucho en la buena relación que tienen, tengo que confesarlo, que Sara de vez en cuando le lanza pan desde la trona. Y claro, ya se sabe, por el pan baila el perro.

Estamos todo lo satisfechos que se puede estar del estado actual de la relación entre la niña y el perro. Sentimos que a Sara el estar compartiendo su día a día con un animal le enseña el respeto hacia todas las formas de vida, y también formas de cariño diferentes de la humana. Hace que de alguna forma tenga que ceder y compartir espacio y tiempo de juego con un compañero, y espero que eso haga que cuando llegue un hermanito, los celos sean menos traumáticos. Tener a Leo en casa es indudablemente un extra de trabajo, atención, y preocupaciones, pero también es un extra de satisfacción ver día a día como están aprendiendo a quererse estos dos granujas.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Las patas debidas

Pues que tengo un poco abandonado a mi Leo en el blog (sólo en el blog, que quede claro). La verdad es que Leo  ni por comportamiento ni por su estado de salud me preocupa ahora mismo, y como con Sara sí que ha habido cosas que me han preocupado, ha ocupado más espacio en el blog (y en mi cabeza).

La semana pasada fui de visita al veterinario con Leo. Visita rutinaria y vacuna de la rabia. Y fui sola aprovechando el rato que Sara estaba en la guardería. Pues vaya cosa pensareis. Pues si, pero es que desde que tuve a Sara, esto tan rutinario de llevar al Leo al veterinario era una historia, porque el local tiene una tirada de escaleras para subir bastante apañada. Ir con Leo y el carro imposible, ir con Leo y Sara en la bandolera, subir bien pero ¿y si me tira por las escaleras al bajar? que Leo ronda los 40 Kg de animal. Descartado. Así que siempre tenía que ir acompañada, la época que hemos tenido que ir cada 48 horas para pincharle ha sido una odisea, así que la semana pasada me sentí bastante liberada al poder ir yo sola al veterinario sin acompañante.

Como os digo Leo está fenomenal, ha perdido algún kilito y todo, Iñaki le revisó para ver si había alguna herida que no hubiésemos visto en casa y todo en orden, cruzaremos los dedos a ver cuánto nos dura. Mi Leo se merece un tiempo de disfrutar un poco de dejar de ver agujas y soportar curas dolorosas. El verano le ha sentado muy bien, y eso que lo dejamos en una residencia canina los días que estuvimos en León. Y estos días que Miguel está recogiendo almendra el está viviendo sus vacaciones particulares. En el campo zascandileando, llega cansadísimo a casa, con una cara perruna de felicidad indescriptible. Esperemos que dure un tiempito este oasis de alegría y tranquilidad.

domingo, 15 de agosto de 2010

Tarde de perros








Como a Leo no nos lo llevamos de vacaciones, y vamos a dejarle en una residencia canina a partir de hoy, estos días hemos procurado que el animal queme energía y se lo pase muy bien en sus paseos. A la vuelta haremos lo mismo, dedicarle 3 o 4 días para que queme la energía acumulada. Bueno que me lío, que anteayer lo subimos "al descampao" y como había llovido, había un bonito charco. Leo y su amiga Luna se revolcaron en él. Luna aunque no lo parezca en la foto es una Golden blanca. Pasamos muy buen rato de risas los perros y sus dueños. Por suerte Sara aún no camina y no bajó del carro para sumarse a la fiesta.










sábado, 14 de agosto de 2010

La empatía entre mamíferos

Este tema lo quería tratar en una entrada desde hace días. Pero esta mañana en el canal 24 horas me he topado con este programa de redes como siempre interesantísimo, que mejor que poder colgar a Punset para que te de la razón.










Al principio del programa, en la entrevista el investigador Frans de Waal y Punset dicen que las personas que tienen mascotas (perros y gatos especifican) ya saben que tienen empatía. Es cierto, lo sabemos, lo hemos experimentado.



Yo concretamente, he sentido que Leo conocía mis sentimientos en dos momentos cruciales: en el embarazo y la instauración de la lactancia de Sara.



En febrero del año pasado, cuando yo estaba embarazada de seis meses tuve que hacer reposo hasta el final del embarazo. Cuando me lo dijo el ginecólogo pensé que con Leo todo el día por casa, no podría reposar mucho. Sin embargo me equivoqué. Leo se convirtió en una alfombra todo el día, hasta que yo le llamaba para comer, o hasta que llegaba el Miguel de trabajar. Y en las tardes que me encontraba peor y tuve contracciones, Leo se echaba a mis pies en el sofá, o me apoyaba su cabeza en las piernas y, mirándome a los ojos, lamía mi barriga. Era para mi evidente que sabía que me encontraba mal, y la naturaleza de mi malestar. Su comprensión y compañía esos días fueron impagables.



Cuando nació Sara prácticamente nadie de nuestro entorno nos comprendía en nuestra decisión de hacer todo lo posible para poder amamantar a mi hija. Esos días en que varias personas no nos respetaron en nuestra intimidad mi perro no entró en la misma habitación en la que estuviera Sara durante varios días. Después entraba si le llamábamos o si venía alguien de visita, haciendo de guardián y poniéndose en guardia si alguien que no fuéramos Miguel y yo osaba coger a la niña en brazos. Tardó más de dos meses en entrar en la misma habitación si yo estaba amamantando al bebé. Dándonos una preciosa experiencia de la comprensión entre las especies, Leo comprendía que la madre y su cría necesitábamos intimidad para la crianza. Él invariablemente se echaba en la puerta de la habitación, atravesado, como guardando la intimidad que otros nos arrebataban. En esos días su actitud me hizo llorar de gratitud. Me sentía comprendida aunque fuera sólo por el perro.

sábado, 31 de julio de 2010

Las taras de Leo I: Monorquidismo


Empiezo una serie de entradas explicando los motivos por los que mi queridísimo perro Leo no debería haber nacido. Es decir, yo estoy muy contenta de tenerle, y tiene una calidad de vida aceptable, pero Leo forma parte de esos cachorros que no deberían haber nacido por las taras genéticas que lleva consigo. Si los dueños de los padres de Leo hubiesen tenido un mínimo de responsabilidad, esta camada no debería haber nacido. Pero claro, teniendo en cuenta que la camada fue encontrada cuando los cachorros tenían dos meses en la puta calle, pedir responsabilidad a esta gente es como pedir lingotes de oro a un peral.

Bueno, el primer problema de tipo genético que descubrimos en Leo, y el menor de ellos, es el monorquidismo. A Leo sólo le descendió un testículo, el otro se le quedó retenido en la ingle. Es un problema hereditario. Su padre o el padre de su madre lo tenía y no deberían haber criado con él.

Se lo detectamos a los cinco meses o así, le descendió uno, y el otro no. Le pregunté a la veterinaria que le llevaba entonces (la peor de todas las que ha pisado) y me dijo que no pasaba nada, que habían muchos perros así, que podía criar y todo...en fin, para que comentar, esta mujer es veterinaria de vocación, se le nota en lo bien formada que está.

Cuando meses después le llevamos al Hospital Veterinario de Sant Vicent del Raspeig (por otra de sus taras genéticas, de la que ya hablaré en la siguiente entrada de la serie), nos aconsejaron extirparle el testículo que no había descendido. El testículo que no desciende, al estar en un lugar del cuerpo que no le corresponde se suele tumorar. Además los perros con monorquidia suelen tener la testosterona alterada, y en muchas ocasiones son perros de carácter más difícil, sobretodo en su juventud, hasta los dos años o así. Sí que es posible criar con un testículo, pero como el problema es hereditario, se suele aconsejar la castración.

Nosotros no castramos a Leo porque los perros castrados suelen aumentar de peso, y nuestro perro no debe engordar (si, ya se que los que le conocéis en persona pensareis que ahora parece una vaca-perro, pero eso son efectos secundarios del tratamiento de la leishmania). Sí tiene extirpado el testículo que no le descendió. Por lo demás, simplemente tenemos que tener cuidado en que no monte a ninguna perra para que su carga genética no se siga transmitiendo. Como ya he dicho el monorquidismo es el menor de los problemas de mi perro

domingo, 25 de julio de 2010

Vino en una fría noche de Abril

Así explicaría Leo como llegó a casa:
No sé que hago aquí, hace un momento estaba con mis hermanos caminando, pero les he perdido la pista. Estoy cansadísimo, soy muy pequeñito y llevo no se cuánto tiempo andando por la calle, sin comer, sin beber, y hace muchísimo frío. He perdido a mis hermanos, no sé dónde estoy, está todo muy oscuro, el suelo es negro. Me voy a sentar aquí mismo, no puedo más. De repente algo me deslumbra y oigo un riudo muy fuerte. "¡¡¡Ostras que no es una rata que es un perro!!! Casi le atropello". Vienen hacia mí y como no tengo fuerzas para huir me cogen en sus manos, estoy muy asustado y no se si tiemblo más de frío o de miedo.

Sigo asustado, pero por lo menos estoy en un sitio calentito y suave, me han dado de comer y me han puesto agua. Una señora me hace compañía, pero no puedo dejar de llorar en toda la noche, me duele la tripa, me pica todo el cuerpo, sobretodo el ojo derecho, estoy muy cansado... Al día siguiente me llevan a un lugar donde otra señora con una bata blanca me mira y dice que voy a ser "de los medianos grandecitos", "Huy entonces yo no me lo quedo" responde la señora que me ha hecho compañía por la noche.

Así lo explicaría yo:
Ring ring
-"¿Diga?"
-"Hola, ¿qué te parece lo del perro?"
-"¿Qué perro?"
-"El Miguel no te lo ha explicado? Que nos encontramos un cachorro ayer por la noche y el Miguel dice que a ti te gustan los perros, que te lo llevemos, es blanco, muy bonito."
-"Aunque fuese feo, me da igual, traémelo"

Y me lo trajeron, metido en una caja de zapatos con un lazo amarillo en el pelo. También se pasó la noche llorando, y al día siguiente a la veterinaria. "Tiene dos meses ¿te lo piensas quedar?" "Pues dale esto para desparasitarle, y si la semana que viene sigue vivo me lo vuelves a traer, pero dudo que el chucho pase de este fin de semana. Le toca vacuna, pero si lo vacuno ahora seguro que lo tumbo". Todo sensibilidad la cacho carne de la veterinaria. Pero no contaba que a mí a cabezota no me gana ni Dios, y Dios no se llevó a Leo ese fin de semana.

Tenía más pulgas que pelos, más garrapatas que días de vida, el lacrimal del ojo obstruido y tanta hambre atrasada que en 15 días dobló dos veces el peso con el que vino. Tanta ansia de comer, que se comía los envoltorios de film transparente de las comidas. Así llegó Leo a nuestras vidas, hecho una calamidad. Un cachorrito tirado en la calle por unos irresponsables.

Por eso me enervan los nervios la gente que habla de criar con sus perras, porque "ya se sabe, por lo menos una vez en la vida tienen que tener camada" o sandeces por el estilo. Los que se "deshacen" de ellos como de un clínex usado. Por eso cuando veo a otro pobre perro abandonado, además de poderme la desazón y la impotencia, me cago en todo el santoral y me acuerdo de la familia del dueño de ese animal, y les deseo que sus hijos tomen buena nota de cómo cree que se ha de tratar a un ser vivo que deja de tener utilidad. La mirada de un perro no es muy diferente de la mirada de un hombre. Quien es capaz de traicionar y abandonar a un perro con el que ha convivido, es capaz de traicionar y abandonar a su hijo, a su padre, a su madre y al papa de Roma, cuídate de él.