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lunes, 4 de marzo de 2013

Mi papel de madre en el parque.

Esta entrada surge al reflexionar sobre mi papel como madre en el parque, a raiz de leer la entrada de Armando Bastida en "Bebés y más" y los comentarios a ésta. Iba a comentar yo también, pero viendo que el tema me daba para más que un simple comentario, he preferido traerlo al blog hoy. El post original de Armando lo podeis leer aqui.

Si habeis leido la entrada y los comentarios, todos dan por hecho que hay dos posturas en las que estar en un parque infantil: o bien jugando con los niños a la pelota, todo el rato pegado a los niños y haciendo castillitos de arena o bien de cháchara pasando de tus hijos y ni te das cuenta si se descuernan o van de abusones por el parque. Así pues Armando se pregunta hasta qué punto tiene él que educar a los hijos de los del segundo grupo de padres.


Os explico lo que yo creo que es mi papel en el parque. Yo defiendo y vigilo a mis hijas, evito que les peguen o que peguen ellas (que no son santas de altar), que se descuernen... con la pequeña de año y medio eso se traduce en que voy detrás toda la tarde. Pero a la mayor, de casi cuatro, le dejo más cancha, que aprenda a lidiar sus conflictos. Como digo, no voy a dejar que le hagan daño ni que haga daño a los demás, entonces intervengo, pero creo que los niños tienen que aprender a relacionarse entre ellos sin la sobreprotección de los adultos. Yo si las llevo al parque mucho, con el buen tiempo a diario, para que jueguen al aire libre y se socialicen con otros niños, y la socialización, no lo olvidemos, incluye tanto los juegos como la resolución de conflictos.

Mi Sara tiene su grupo de amigos del parque (los hijos de los mojilitros, que ya he hablado de ellos). Observar sus juegos en la distancia es una oportunidad de ver qué papel juega mi hija en el grupo. Si siempre intervienes en sus juegos te pierdes la posibilidad comprobar si tu hijo/a es de los que abusa, de los (en el caso de las niñas más) van de mamá del grupo, de los que son unos acusicas, de los que chinchan y chinchan hasta que el brutote del grupo le arrea un mamporro, de los que arrean el mamporro a alguno por cansino, de los que dan pellizquitos por lo bajinis... ninguno es un santo y es bueno ver cómo se manejan. Yo sé más de Sara por observar cómo juega con sus amigos que por ver cómo juega conmigo, conmigo siempre los juegos son dirigidos y no es una relación entre iguales, jugando conmigo sé cómo juega conmigo, viendo cómo juega con los amigos veo actitudes que con los padres no aparecen nunca. Así conozco mejor a mi hija. Así, en el mismo momento si se trata de algo grave, o después de camino a casa mientras comentamos como ha ido la tarde, tengo la posibilidad de corregir actitudes que no creo que sean correctas o de elogiar las que sí me han gustado.

Respecto a si tengo yo que educar a los hijos de los demás...pues depende. Si van ha hacer daño a mis hijas o algún otro niño desde luego sí que intervengo, si el padre o madre después se molesta pues lo siento, no voy a dejar que un niño haga daño a otro. Pero la verdad es que nunca me he encontrado en la situación que nadie se haya molestado por eso. Si son padres que pasan de sus hijos, no van a estar mirando. Y los que si  han intervenido siempre ha sido para corregir a sus hijos en el mismo sentido que lo hacía yo. Si están haciendo algo que yo no dejaría hacer a mis hijas pero es más ambiguo, pues no intervengo (p.e. romper a propósito su juguete).

Esto en cuanto a chiquillos desconocidos. En cuanto al grupo de amigos de mi hija les corrijo en la misma medida que corrijo a las mías y espero que los padres de sus amigos corrijan a mis hijas con el mismo criterio que harían con los suyos. Evidentemente cada uno suele corregir a su hijo, que para eso estamos pendientes, pero es posible que algun padre o madre vea algo que yo no he visto, o al revés, yo veo algo que su padre/madre en ese momento no ha visto, y en ese caso intervenimos aunque no sea nuestro hijo al que haya que corregir. Así que si venís al parque, es posible que a primera vista nos cataloguéis en papás/mamás de banco, aunque en realidad lo que pasa es que siempre hay alguien pendiente. Es la ventaja del grupo, como en las manadas de la sabana. Los niños tienen la sensación de jugar con libertad aunque siempre estén viglados y si ocurre algo se da la voz de alarma y se interviene.

Si vamos a otro parque sin este grupo o coincide que aún no han bajado los amigos de Sara dirijo el juego más, porque sólo tengo dos ojos y dos manos y tengo que estar yo sola pendiente de dos niñas pequeñas, no les puedo dejar la sensación de libertad a la que están acostumbradas y tanto valoran.

miércoles, 30 de enero de 2013

PATATAAA!!!





O en este caso...¡¡¡Espaguetti!!

Le debo un post a mi pequeña hadita. Desde que nació casi no he escrito y lo poco que lo he hecho de ella ha sido cuando era chiquitina. A Sara siempre la he llamado princesa, todo delicadeza y sensibilidad. Núria es una hada: mágica, alegre, dulce, risueña.

Como la campanilla del cuento tilín tilén. Ella se cae y se levanta riendo :"Caido mamá jajaja". Es superfácil cuidar de ella, siempre tan alegre, muy reconfortante los abracitos que te pide y lo mucho que demuestra sus afectos. También agotador en ocasiones, porque todo se lo tiene que hacer la mamá. A papá lo quiere mucho, pero para jugar un rato, para todo lo demás mama. Y como los celos están que bullen es la misma historia para las dos. Yo estoy agotada y papá bastante frustrado: "mis hijas no me quieren" se queja demasiado a menudo.

Mi hada es muy abierta y simpática, y en unos años seguro que es de las que no para de contar chistes, porque ahora, con diecinueve meses, le haces una pequeña broma y la repite y repite y repite, le encantan.

Nuria tiene muchísimo carácter, y es expresiva y explosiva para todo, cuando algo no le parece bien se enfada, ha empezado ya con las rabietas, y son mucho más fuertes que las que ha tenido Sara nunca. 1..2..3..4 paciencia Natalia, respira. Las rabietas las llevamos un poco mal. Le ha costado un poco echar a andar, pero ahora corre, trepa y salta. Se pone muchas veces en riesgo, me pone los pelos de punta varias veces en el día, se ha caído poco para lo que le gusta trepar.

Tengo un problema con ella y no es pequeño. Le gusta que le riñan. A ver como corriges a una niña que se te rie en la cara cuando le estás riñendo. A Sara le dices algo con el rictus serio y es suficiente, esta se ríe incluso cuando me ve muy enfadada. ¿Alguna sugerencia?

Y tiene la manita un poco suelta, con Sara, y también ha dado algún manotazo en la guardería. Espero que no vaya a más y se quede ahí, y cuando tenga más soltura con el lenguaje vaya desapareciendo.

Tengo claro que al ser hermana pequeña se tiene que defender, pero Sara es en ese aspecto un poco demasiado parada, y como Nuria se siga espabilando más se la va a comer. De hecho ya he visto que alguna vez le ha quitado juguetes de las manos. Mi politica con ellas en los conflictos es no intervenir a menos que vea que se van a hacer daño, normalmente es por un juguete y entonces les quito el juguete. Creo que su relación entre hermanas la tienen que construir ellas, y yo no puedo ser árbitro en sus disputas. Ahora es por un Nenuco, pero dentro de unos años será por cosas más importantes y tienen que aprender a conocerse en los buenos momentos y en los enfados y el mal humor. Además llegará un momento en que yo no estaré para arbitrar nada y ellas seguirán siendo hermanas.

Le debía una entrada a mi pequeña hada. Parafraseando a Elton John. Quizás es pequeña y simple, pero ahora ya está hecha.

Y copiándole directamente:

"I hope you don't mind I hope you don't mind that I put down in words...How wonderful live is now you are in the world!"

"Espero que no te importe. Espero que no te importe que lo ponga en palabras...¡Qué maravillosa es la vida ahora que tu estás en el mundo!"

martes, 7 de junio de 2011

Sara dos años



Buff!! ya hace quince días del cumple de Sara!! y yo sin comentarlo por aquí. Tengo el blog muy dejado de la mano de Dios. Bueno, espero que me comprendáis, he entrado en la semana 38 de embarazo, ha sido el cumple de mi pequeña y además me han atacado un catarro (del que no me podía medicar) y un dolor de muelas de juicio (ídem). Así que he estado un poco, muy, bastante...agotada.

Pero que mi niña ha hecho dos años lo tengo que comentar. Ya dos años desde que nació, cómo pasa el tiempo y cómo ha crecido mi bebé. Ha crecido en inteligencia y belleza, parafraseando a los evangelios, jajaja. Ya es una niña pequeña con mucha personalidad, con genio, dulce, cariñosa, cabezota, sensible. Está entrando en esa fase que tienen los niños pequeños en que te los comerías con sus monerías y a los diez minutos los matarías de lo borricos que se ponen. Además sigue hipersensible y enmadradísima con sus celitos.

No le entendemos casi nada de lo que dice. Sí que intenta hablar mucho, y yo entiendo que me quiere decir cosas concretas, que se quiere expresar, y es muy frustrante para ella y para nosotros no entenderla. Sé que si la entendiéramos mejor cuando habla los celos serían más llevaderos para todos. De todas maneras en los últimos días entendemos alguna palabra más: "ía" y señala mi barriga, creemos que quiere decir "Núria", "Papá" y "Mamá" ya por fin lo dice con mucha claridad. Creo que "papá" de todas formas ahora es cualquier hombre que conozca, porque ya la he pescado diciendo papá a algún vecino, algún padre de la guardería y a su abuelo.  Conoce perfectamente las partes del cuerpo, le encanta que le digamos los nombres y ella señalarlos, hay algunos como "pie" que sí que dice perfectamente. También dice "illa", "zapatilla" para que la calcemos al bajar de la cama...cada día una o dos palabrejitas más.

Tiene ya unos hábitos de higiene y varias rutinas diarias muy bien adquiridas, que le gusta seguir y a veces te las marca ella misma. Le encanta ayudar a poner la mesa, por ejemplo, disfruta del baño, del momento de ir a la cama... Eso hace que la mayor parte del día esté de bastante buen humor, y que la tarea de atenderla sola con mi barrigón de 38 semanas (Miguel habitualmente se va antes de las 8 y vuelve después de las 20:30) sea más llevadera, por lo menos a nivel emocional, ya que es más fácil atenderla con sonrisas que con llantos y rabietas.

Y bueno hasta aquí el repasillo de cómo está Sara con sus preciosos dos años (seguro que se me ha notado un poco la pasión de madre). A ver si en unos días me animo y hago otra entrada de cómo va mi embarazo en su recta final. Ya os adelanto, supongo que lo comprendéis, que una vez nazca Nuria el blog cerrará por maternidad una temporadita. Por si ocurre antes de mi próxima entrada, un beso a todos y feliz verano.

jueves, 5 de mayo de 2011

De celos

Estoy en la semana 33 de embarazo. Todo está yendo bastante bien a nivel físico, he tenido un par de tardes que me han dado contracciones, pero vamos, en general me encuentro bien, algo cansada, pero con la barriga que llevo a cuestas, atender a Sara y la casa y Leo, me parece que es normal.

Mis dos bichillos estas dos últimas semanas parecen haberse puesto de acuerdo para darme más faena. Por un lado está Leo, que como a buen animal, la primavera la sangre le altera. O sea, que el pobre anda cardíaco porque todas las perras del barrio andan en celo, y las hormonas están en el aire. Además está cambiando al pelo de verano, por lo que cuidarle estos días también se complica: hay que cepillarle más y aún así suelta una cantidad ingente de pelo. Va alterado en los paseos, olisqueando y tirando mucho de la correa. Eso en cuanto a su comportamiento. Además estos días has de ir pendiente del comportamiento de los demás perros, en especial de los perros cuyos dueños son tan irresponsables de llevarlos sin correa. Yo puedo llegar a entender que un perro pequeño impone menos y a la gente le importe poco que vaya suelto y el dueño el resto del año se aproveche de eso, pero estamos en la época de los celos de las perras. Los perros por el pueblo siempre deben ir atados, y en esta época más que nunca, porque sus reacciones no son las normales, en estos días todos los perros son más propensos a las peleas. Con lo fácil que es evitar esto si todos los animales van como es debido.

Respecto a si Leo está alterado por la venida de Nuria, o si es posible que le den celos a él, es una posibilidad que, teniendo la experiencia de cómo se comportó cuando nació Sara, no me preocupa en absoluto. Por supuesto volveremos a seguir las mismas pautas de presentación que nos fueron tan bien con Sara y estaremos vigilantes a cualquier cambio con respecto a su relación con las niñas, y continuaremos con la norma básica de que niñas y perro nunca se dejan solos.

 
 
La que sí me preocupa es Sara. Que ya está empezando a tener manifestaciones de celos. En casa  habíamos notado a la niña más llorona hacía días, y últimamente hace varios despertares en la noche, ella que tan bien duerme normalmente. Pero como también pasó en Semana Santa unos días complicados porque estuvo con conjuntivitis, mucha congestión y fiebre, pensábamos que quizás era que no se había acabado de recuperar.

Pero ayer al recogerla de la guardería sus cuidadoras, Cristina y MªJosé me comentaron que ellas estaban notando celos en Sara. Lleva esta semana sin dormir en la guardería, y al parecer está toda la mañana abrazada a ellas y con muchos episodios de llanto, cosa que les llama la atención mucho, porque normalmente rara vez llora. Me aconsejaron que la mimemos mucho, e intentemos que las atenciones sean en positivo ("oh que bien ha hecho esto Sara") y evitemos reñirle para que no entre en una dinámica de portarse mal para llamar la atención. Sobretodo que una vez nazca Nuria la impliquemos todo lo posible en su cuidado (teniendo en cuenta que tiene 2 añitos, no se como va a ser eso...) Y si ya ha empezado a pasarlo mal cuando aún queda mes y pico para que nazca su hermana, me agobia pensar cómo lo va a pasar después.

Ayer una buena amiga me dijo que estaba preocupada por mí, por cómo iba a poder organizarme con la llegada de Núria. Le agradezco la preocupación, sé la primera que lo voy a pasar apurada unos cuantos meses (o el primer año) con las dos niñas pequeñas y todo. Pero al fin y al cabo es algo que he decidido yo, como persona adulta y madre, conscientemente. Pero me duele el dolor de mi hija, que no ha decidido nada de los cambios que se avecinan en su vida. Desde aquí a las que ya teneis experiencia, por favor, dadme consejos para ayudar a mi princesa a sobrellevar este cambio.

miércoles, 27 de abril de 2011

Miguel Bosé padre por vientre de alquiler


Bueno, pues este hombre al son de cuya música tanto he bailado, que admiro como profesional y hasta el día de hoy como persona me hace salir del mutismo que tenía en el blog. Hoy ha saltado la noticia que podéis ver en este enlace, que da cuenta que Miguel Bosé ha sido padre.

Esta noticia es en principio muy bonita, y al principio cuando la he escuchado me he alegrado por el cantante. El problema está en esta frase "a través de un vientre de alquiler".  No es el primer famoso que lo hace, antes que él lo han hecho así la Baronesa Thyssen, Elton John y Ricky Martin, que recuerde.

Seguramente la mayor parte de la gente crea que estos bebés de famosos tendrán todo lo que desean en la vida y serán unos privilegiados. Seguramente en lo material no les falte de nada, pero mucho me temo que emocionalmente no sea así, y con ello no quiero decir que sus padres no les vayan a querer y vayan a ser unos padres no amorosos.

"He utilizado un vientre de alquiler" le suena al Sr. Bosé mucho mejor que decir "me he comprado unos bebés". Aunque la realidad es la misma, se trata de una mujer que engendra unos hijos que no desea para venderlos. Se trata de un hombre cuyo dinero le permite comprar unas vidas humanas como quien va a un criadero a comprar cachorritos. Esos bebés sin duda han sentido esa falta de amor en el vientre de su madre. Los recién nacidos, genéticamente programados para estar en el regazo materno los primeros meses, privados del derecho de conocer el amor de madre, el calor de sus brazos, por unos cuantos (seguramente muchos) dólares.

Y seguramente, sus padres compensarán todo eso con kilos de cariño en los años venideros, no lo dudo, no creo que ninguno de estos niños se sienta malquerido cuando tenga conciencia de ello. Pero lo han sentido ya en la vida intrauterina y en sus primeros días de vida fuera del vientre materno, porque les ha faltado lo que naturalmente espera cualquier recién nacido: los brazos de su madre, su cuerpo, su leche, el único mundo que conocen hasta ese momento. Eso estoy convencida, tiene que tener consecuencias.


Os dejo finalmente con un enlace que habla de un caso similar, que hace tiempo que leí y ejemplifica muy bien porque tengo una opinión tan mala sobre esta práctica que se está poniendo de moda entre nuestro famoseo.

Para finalizar celebro lo muy queridos que, como he dicho antes, van a ser estos bebés no sólo por su padre sino por toda su familia. Soy consciente que con la de desgracias que hay en esta vida, haber sido concebidos como lo han sido no va a ser un trauma insuperable, y con toda seguridad serán unos niños felicísimos y unos adultos equilibrados. Pero mi opinión sobre los vientres de alquiler es esta, aunque me cueste un poquito criticar a Miguel Bosé, al que tanto admiro.

martes, 18 de enero de 2011

20 meses

Hoy mi pequeña princesa cumple 20 meses. No sé cuándo han pasado todas esas horas, minutos y segundos desde el momento en que la matrona me la puso encima, manchada de sangre, tapada con una sabanita, sus ojos abiertos de par en par mirándome. Cuánta alegría, amor, incertidumbre y miedo en ese momento.

Después vinieron los días de "no la cojas que se acostumbrará", "tiene tu teta como un chupete", "no la metas en tu cama que no la podrás sacar nunca". NUNCA han sido exactamente 19 meses y una semana. Sara ahora duerme en su cama, en su habitación, la llevamos a la cama y se duerme solita. Sara hace una toma de teta al día, por la mañana. Sara se pasa el día correteando de allá para acá. A veces pasa por mi lado y la pesco al vuelo, me la siento en las rodillas o le pido un abrazo, momentos que pueden durar de dos a tres segundos.

Así que yo el consejo que doy a todo el que me quiera oir es: "Ten a tu bebé pegado a tí tanto como quieras y puedas, que son sólo unos mesecitos que pasan volando. Cuando te des cuenta habrá echado a andar y a partir de ahí te habrás quedado sin bebé".

Esta mañana, al ver en el calendario que es 18, he mirado a mi hija jugando sentada en la alfombra y la he visto mayor, muy autónoma. Como digo ya anda mucho, mucho rato, a veces paseo el carrito de casa a la guardería y de vuelta, pero no me atrevo a no llevármelo, porque con el embarazo no la puedo llevar en brazos si se niega a andar. Sabe lo que quiere en cada momento. Come de todo (excepto marisco, frutos secos y chucherías) sin triturar y empieza a utilizar ella misma la cuchara y el tenedor. Es capaz de quedarse jugando solita a ratos en su habitación y tiene una destreza manual que a veces me sorprende. Me alegran las cuotas de autonomía que va conquistando día tras día, porque sé que su desarrollo es síntoma de que es una niña sana física, mental y emocionalmente. Pero a veces, como hoy, me sorprendo al darme cuenta de sus cambios en cortos periodos de tiempo.

Lo único que me preocupa de Sara en estos momentos es que casi no tiene vocabulario. Dice "calla", "mira", "si", "no" y "bien" con claridad, alguna vez contada papá y mamá, le hemos oído decir "elo", "ela" por abuelo y abuela, "paito" por palito (bastoncillos de pan), "Lio" llamando al Leo y "más" cuando quiere que le dés más de comer. Creo que con 20 meses es un vocabulario escaso. Ella parlotea como un loro todo el día, no calla, pero es un discurso de balbuceos sin palabras. Entiende todo lo que le decimos, de eso estoy segura, atiende y le encanta que le hables y cantes. Así que espero que como lo de dormir, andar y todo lo demás, en poco tiempo se suelte y esta preocupación pase y pasemos a otra etapa, con otras preocupaciones.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Soy una taza...


... una tetera, una cuchara y un cucharón. Mi hija está obsesionada con los "Cantajuegos". En qué mala hora se me ocurrió ponérselos en casa la primera vez. Los pide mañana, tarde y noche.

Yo había visto que en la guardería se los ponen  y como son canciones de toda la vida, yo la mayoría ya se las cantaba en casa, pero de alguna canción se me despistaba la letra, así que los busqué para "empollarme" la letra. Resultado, que ya no quiere que le cante mamá (sniff, con lo que me gusta cantar, mi hija es la única que apreciaba mi "talento") prefiere que le ponga sus "cantajuegos". Como positivo, he de decir que Sara empieza a seguir los gestos en varias canciones, cosa que cantándoselas yo, no hacía.


La verdad es que son cutreproducciones, perfectamente se nos podía haber ocurrido a los monitores del esplai Alezeyas grabar las mismas canciones en el gimnasio del cole con una miniDV, y nos estaríamos ganando la vida maravillosamente como hacen estos chicos ahora. Pero la idea se les ha ocurrido a otros, que mala suerte.

Pues eso, que desde hace unos días, toda la música que suena en mi casa es "Soy una taza..." "El señor Don Gato", "La brujita tapita" y otras canciones infantiles.

No quiero acabar la entrada sin pediros disculpas, llevo unos días con el blog un poco abandonado, la verdad es que entre el puente y que no me he encontrado muy católica de los síntomas del embarazo pues no me ha venido la inspiración.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Sara ya tiene dieciocho meses

Pues como me voy encontrando un poco chunga con lo del embarazo, se me ha pasado un poco comentar que Sara ya a cumplido los dieciocho meses. Y claro pasamos la revisión de rigor con Pilar, la enfermera de pediatría.

Resumiendo, Sara está estupendamente. Como en la última revisión, está en el percentil 97 de altura y en el 48 de peso. Alta y delgada. A nivel de desarrollo y psicomotricidad también va muy bien. Bueno, quizás comparada con otros niños de su entorno, veo que habla menos. Pero en la revisión no le dieron importancia de momento. Cada nene tiene su ritmo.

Sara va afianzando su carácter, sabe lo que quiere, y muestra bien claro su enfado o su satisfacción según se le niegue o se le dé lo que pide. Aunque en general el rasgo de su carácter que más destaca es que es muy cariñosa. También hemos notado que tiene ya claras preferencias entre las personas que conoce, y busca a uno u otro depende de lo que quiera hacer en cada momento. Por ejemplo, a mi cuñado lo busca para jugar a lo bruto y a su mujer, para bailar.

También se muestra en muchas ocasiones bastante autónoma. Por ejemplo, esta misma mañana, ha estado un buen rato mientras yo recogía la cocina y doblaba y colocaba ropa jugando solita. Obviamente yo me asomaba a supervisarla de vez en cuando, y otras veces, ella a venido a buscarme, pero la mayor parte del rato ha estado entretenida jugando tan ricamente. Hace sólo unas semanas esto era impensable, me encanta ver como la pequeña va consiguiendo retos en su crecimiento.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Un poco de humor: Test de embarazo Leoplux

Test de embarazo Leoplux. Si Natalia tiene dudas, y sospecha que está embarazada, antes que los test de la farmacia, y hasta el momento, con un 100% de efectividad, el test de embarazo Leoplux le aumentará las dudas acerca de tu estado.

No tiene que orinar en ningún aparato ni recipiente. Sólo debe entrar por la puerta de casa y recibir el extraño saludo de tu perro Leo, que desde hace días, en vez de oler las piernas y mover la colita como es su costumbre, se sienta, le huela la tripa y le da lametones.

Ventajas:

Como digo 100% efectividad. Las dos veces que Leo a mostrado este comportamiento a mi llegada a casa, en unos días se ha confirmado que estaba embarazada.

Es gratuito.

Desventajas:

El ginecólogo no lo acepta como prueba de embarazo, así que no te libras de tener que orinar en algún lugar para demostrárselo.

Nota sin demasiado interés (pero curiosa): Y esto lo empieza a hacer mi perro días antes de que se me retrase el período.

Y ahora una reflexión acerca de este suceso, ya un poco en serio:
La naturaleza es sabia. Los animales intuyen cosas que nosotros desconocemos, poseen una suerte de inteligencia o intuición que debemos dejar de menospreciar para que la tierra que compartimos pueda tener futuro. Feliz fin de semana a todos

lunes, 25 de octubre de 2010

La relación entre Sara y Leo

Cuando estaba embarazada de Sara no fueron pocas las opiniones en contra de que Leo continuara formando parte de nuestra família. Que le iba a coger celos, que si le iba a hacer coger una infección a la niña.

A nosotros nos preocupaba quizás el tema de los celos un poco. Aunque Leo siempre ha sido tratado en casa como a un perro y no como a un bebé y sabe cuál es su lugar. Preguntamos a su veterinario su opinión al respecto. El hombre sonrió y nos dijo: "Es que yo no soy muy objetivo, mis tres hijos se han criado con dos perros en casa, para nosotros la experiencia no pudo ser más positiva, que os voy a decir". Lo que sí nos dio unas pautas a seguir: que lo que viéramos que había que cambiar en sus costumbres lo hiciéramos durante el embarazo, y que le enseñáramos y le dejáramos oler las cosas nuevas del bebé. También nos explicó que era importante cómo presentábamos al bebé al perro, para que el lo asociara con algo positivo.

También lo comentamos en el hospital cuando nació mi hija y en su primera visita al pediatra. En ambos casos nos aseguraron que tanto el riesgo de transmitir enfermedades, como de que provoquen accidentes/ataques por celos es mucho mayor entre hermanos o incluso primos, que entre bebé y perro. Evidentemente teníamos que tener un cierto cuidado, pero que ellos no veían ningún riesgo. El pediatra de Sara, de hecho, nos comentó que sí que se pregunta en una encuesta que hacen sobre riesgos para la salud del bebé si hay hermanos en casa, pero no se pregunta sobre animales, porque son poquísimos casos en los que influye, y ni siquiera se tiene en cuenta. Este comentario nos tranquilizó definitivamente acerca de nuestra decisión

Cuando nació Sara, llevamos a Leo a una Residencia canina mientras estábamos en el hospital. Después se alargó unos días más, porque Sara estaba delicadita, y de todas formas no hubiéramos podido ocuparnos del animal. Así, las presentaciones se hicieron a la semana de haber nacido Sara. Mi marido fué a buscarle, con un pañal de la niña, que le hizo oler al recogerle de la residencia, y, en vez de traerle a casa directo, le llevó al descampado donde habitualmente le soltamos. Cuando se había desfogado algo, llegué yo con el cochecito del bebé. Obviamente el perro me saludó efusivamente y olisqueó el artefacto ese que me acompañaba, pero como aún estaba bastante excitado, no le enseñamos aún a la niña. Nos fuimos a dar un paseo, y cuando estaba ya más calmado cogí a Sara en brazos, le dejamos que la oliera con cuidado y finalizamos el paseo.

Los primeros meses, y hasta que Sara empezó a gatear, Leo generalmente la ignoraba, sólo dejaba de ignorarla para pasar a un papel de guardián en los paseos o si habían visitas en casa. Cuando empezó a gatear, Sara buscaba a Leo como a otro juguete más, y probaba a cogerle las orejas, los ojos, los bigotes, tocarle las patas...Leo generalmente le dejaba tocarle una o dos veces y se retiraba. Algunas veces mi hija le perseguía por toda la casa con su toqueteo y Leo me miraba pidiendo compasión con la mirada, yo intentaba distraerla con otro juego, explicándole sin éxito que Leo no es un peluche y que si le mete el dedo en el ojo le hace pupa. En esta época alguna vez he dudado si era justo para Leo esta situación, teniendo mucha menos atención de la que estaba acostumbrado, y además teniendo que soportar a la niña experimentando con él.

Hace unas semanas que Sara se ha arrancado a andar, y eso ha cambiado un montón la forma de relacionarse de mis bichos. Ahora jugamos juntos. Sara es capaz de tirarle una pelota, y Leo está encantado de cogérsela, me la da a mi, yo se la doy a Sara, que se la vuelve a tirar... Sara se troncha de risa viendo a Leo yendo a por la pelota que le ha tirado, y Leo está encantado de tener nuestra atención y se muestra incansable en el juego, cosa que me encanta, porque los últimos meses parecía volver a estar decaído.

Leo, que hasta hace poco veía a Sara y la rehuía, ahora a veces la busca, con la pelota en la boca, o le hace cosquillas con el morro en la barriga. Cuando venimos de recoger a Sara en la guardería, la saluda la primera, antes que a mí, y ni que decir que a mi se me cae la baba al verlo. También ha influido mucho en la buena relación que tienen, tengo que confesarlo, que Sara de vez en cuando le lanza pan desde la trona. Y claro, ya se sabe, por el pan baila el perro.

Estamos todo lo satisfechos que se puede estar del estado actual de la relación entre la niña y el perro. Sentimos que a Sara el estar compartiendo su día a día con un animal le enseña el respeto hacia todas las formas de vida, y también formas de cariño diferentes de la humana. Hace que de alguna forma tenga que ceder y compartir espacio y tiempo de juego con un compañero, y espero que eso haga que cuando llegue un hermanito, los celos sean menos traumáticos. Tener a Leo en casa es indudablemente un extra de trabajo, atención, y preocupaciones, pero también es un extra de satisfacción ver día a día como están aprendiendo a quererse estos dos granujas.

martes, 5 de octubre de 2010

Sentirme culpable

Seguro que las que sois mamás sabeis de lo que hablo. Cualquier cosa que le ocurra a tu vástago te hace sentir culpable, y casi cualquier cosa que hagas, te hace sentir culpable y malamadre. La primera reacción instintiva ante cualquier problema de Sara mi primera reacción es echarme la culpa por algo que he hecho, que no he hecho, por no haber estado, por estar demasiado encima...



El sábado pasado, cuando fuimos de excursión a Alcoy para ver a Carlos González, nada más montarnos en el coche, mi amiga :"me siento muy rara sin "miniñito"" y yo le contesto "te sientes culpable de hacer algo sin él y de dejarlo con su padre". No es que sea adivina, es que así también me estaba sintiendo yo. Y eso que íbamos a una charla sobre crianza, que si nos llegamos a ir de copichuelas por ahí, nos flagelamos allí mismo.

El Domingo como ya expliqué Sara empezó a encontrarse mal, y su madre a barruntar "es que seguramente se enfrió ayer en el paseo, claro, no llevaba la chaqueta, si hubiese estado yo se la hubiera puesto..." "o en la siesta se enfrió, a lo mejor se quedó alguna ventana abierta, yo siempre lo miro...". Me sentía culpable por haberla dejado unas horas, y que fuera en esas horas cuando se hubiese constipado, cuando se lo habían pegado en la guarde y ni aunque la hubiéramos forrado de ropa hubiésemos evitado que enfermase.

Otro ejemplo: estas vacaciones en León la niña tuvo un pequeño accidente, del que también me sentí culpable. Atención que tiene miga, que cuando me acuerdo me digo yo a mi misma tonta. Llevaba su padre a Sara de la mano, yo estaba tomando fotografías de los edificios por delante de ellos, cuando oigo. "No toques eso" y un chillido desgarrador de mi niña se me atraviesa en el tímpano. Sara se quemó al tocar una colilla en el suelo. Y me sentí culpable, muy culpable por la ampollita que le salió en el dedito. ¿Porqué? Pues ni idea, porque en realidad la llevaba su padre y yo estaba mirando en la dirección contraria. Y lo más gracioso es que le pregunté a Miguel, que era el que estaba tutelando en ese momento a Sara, y él no se sentía culpable "no me dió tiempo a evitarlo". Cero sentimiento de culpa, yo cien.

¿Porqué esos remordimientos nos acechan mil veces ante cualquier cucón, moquito, estornudo o llantina? El instinto protector ante nuestra cría hace que sintamos que hemos fallado como guardianas y garantes de su seguridad. La mayoría de veces, sus llantos y malestares, son simplemente formas de descubrir el mundo y sus propios límites físicos, mentales y emocionales. Y nosotras no podemos más que acompañarles, y hacerles sentir que estamos alli. Mi Sara tiene ahora 16 meses, está en el umbral de empezar a expresarse por medio de las rabietas. De hecho ya hemos tenido alguna que otra. Y me he sentido culpable por ellas, como no. Así que debo encontrar el modo tranquilizar mis inseguridades y mis sentimientos de culpa para poder acompañarla en esta difícil etapa. ¿Alguna sugerencia de cómo hacerlo?

lunes, 20 de septiembre de 2010

Hubiese preferido que llorara.

Como os comenté, Sara no ha llorado casi nada en esta adaptación a la guardería. La dejo tan campante por el aula y la recojo como si hubiesen pasado menos de cinco minutos. Al parecer todo iba viento en popa. Yo orgullosa de lo valiente y fuerte que es mi niña. Alguna noche ha dormido peor pero nada del otro mundo. Y ayer, al cambiarla para irnos a una comida familiar, le vi un eccema.

Este mediodía una de las cuidadoras de la guardería me ha preguntado precisamente si estaba durmiendo peor, o si le había salido alguna roncha o eccema. Le he enseñado el eccema. Ella piensa también que es la forma en la que está sacando el estrés. Me ha comentado que estaba preocupada por Sara, porque no manifiesta ningún malestar en la guardería, que siempre está contenta, y por eso quería preguntarme y advertirme que por su experiencia estos niños que no lloran suelen sacar el estrés en forma de enfermedad. Y ahí está el brote de piel atópica de mi hija para confirmar su teoría.

Sería mejor que hubiese llorado los primeros días, y se hubiese desahogado. Hubiéramos podido consolarla y explicarle. Hemos tenido buen cuidado en darle todo el cariño que nos ha reclamado, pero tampoco ha manifestado mucho. Ahora toca curarle la piel y evitar que se rasque, sabiendo que en realidad le duele un poquito más adentro, pero si no lo expresa ¿cómo le consuelo? Me duele pensar que quizás sea siempre así. Me gustaría que en futuro sus dolores morales, el estrés, el malestar de los sentimientos los supiera expresar y nos dejara ayudarla y acompañarla de mejor manera que con cremas para la piel atópica. Porque en la vida se sufren de muchos dolores sentimentales y es bueno y saludable saber expresarlos adecuadamente. Espero ser capaz de enseñarla a hacerlo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Te puede atropellar un coche

Ayer efectivamente, cuándo acabé la entrada, a Sara le empezó a subir la fiebre por las vacunas. Fué una tarde de llantos y mucha teta. Ya sé que no es nada del otro mundo, pero como no estoy acostumbrada a que mi peque esté malita, pues la verdad acabé agotada. Así que a las siete de la tarde monté a mi niña en el carro, le puse a Leo su correa y a la calle, a airearnos.

Yo que salgo a la calle con estas buenas intenciones de relajarme y disfrutar de un paseo con mis fieritas y en todo el portal de mi casa me fastidian el paseo. Hace unos días en Bebés y más preguntaban si intenvendrías ante una bofetada, no intervine en la conversación porque realmente no sabía que reacción tendría si presenciara una bofetada. Ale ya lo sé, no intervine, me cuento entre las cobardes, no estoy orgullosa de ello, pero es lo que hay.

La escena fué esta. Dos mamás paseando, una con un carrito y otra con un niño de no más de tres años. El niño mayorcito iba varios metros (para mi criterio muchos metros) por delante de las mamás y en un momento dado, no se porqué se le ocurrió cruzar la calle y dicho y hecho. La madre del nene se enteró por el grito que yo pegué, porque estaba muy enfrascada en la conversación. Logró alcanzar al niño ya en la acera contraria. Le pegó varios azotes en el culo sin mediar palabra, luego le dijo "Te he dicho muchas veces que no cruces ¿es que eres tonto?" se lo llevó arrastrando y, en medio de la calle paró para arrearle otro azote "que no llores". Cuando alcanzó a la otra madre en la acera, la otra chica fué la primera en explicarle algo al niño "Te puede atropellar un coche y te haces mucha pupa".

No intervine porque me dejó toda la escena paralizada, y ellas giraron casi inmediatamente en la siguiente esquina. Tampoco la mamá me dió las gracias por haberla avisado que su hijo estaba cruzando la calle, si no hubiese reaccionado para decirle algo, pero para cuando me quise dar cuenta estaban ya alejadas. No es por justificarme, siempre me pasa en las mejores, que no reacciono. Mi madre siempre ha dicho que tengo horchata en las venas.

Tampoco sé exactamente que le hubiese dicho, porque los errores no empezaron con los azotes. De principio que nada hubiera ocurrido si ese niño hubiese ido andando por la calle de la mano de su madre. Es cierto que en Yecla hay calles muy tranquilas, en las que puedes darle un poco de cancha a un niño, pero mi calle no es una de ellas. Es una calle de dos direcciones donde los coches hacen una curva sin demasiada visibilidad y, muy frecuentemente, a gran velocidad. Tuvieron mucha suerte que no pasara nadie en ese momento, porque da a una de las arterias principales del pueblo y suele tener bastante tráfico. Por lo que no entiendo que dejara a ese niño andar suelto y tan adelantado.

Y luego los azotes, que claramente fueron una descarga, el mejor de todos el de "no llores". Cuando el niño hi´zo sólo lo que cabe imaginarse de un niño a esa edad. Los que tiene que prever que hay peligro y evitarlo son los padres. El nene debía haber ido de la mano de su madre, o más cerca de las mujeres y claramente su madre debía haber ido más pendiente de su hijo. Seguramente por eso pegó a su hijo,  por la rabia de haber fallado ella. Y puedo llegar a entender que pasó un miedo terrible al ver a su niño en medio de la calle, pero nada de lo que hizo evitará que vuelva a sucederle, porque no le explicó nada al niño, y al volver a la acera volvió a soltarle de la mano. Y eso es lo peor, que mañana este nene puede no tener tanta suerte.

sábado, 14 de agosto de 2010

La empatía entre mamíferos

Este tema lo quería tratar en una entrada desde hace días. Pero esta mañana en el canal 24 horas me he topado con este programa de redes como siempre interesantísimo, que mejor que poder colgar a Punset para que te de la razón.










Al principio del programa, en la entrevista el investigador Frans de Waal y Punset dicen que las personas que tienen mascotas (perros y gatos especifican) ya saben que tienen empatía. Es cierto, lo sabemos, lo hemos experimentado.



Yo concretamente, he sentido que Leo conocía mis sentimientos en dos momentos cruciales: en el embarazo y la instauración de la lactancia de Sara.



En febrero del año pasado, cuando yo estaba embarazada de seis meses tuve que hacer reposo hasta el final del embarazo. Cuando me lo dijo el ginecólogo pensé que con Leo todo el día por casa, no podría reposar mucho. Sin embargo me equivoqué. Leo se convirtió en una alfombra todo el día, hasta que yo le llamaba para comer, o hasta que llegaba el Miguel de trabajar. Y en las tardes que me encontraba peor y tuve contracciones, Leo se echaba a mis pies en el sofá, o me apoyaba su cabeza en las piernas y, mirándome a los ojos, lamía mi barriga. Era para mi evidente que sabía que me encontraba mal, y la naturaleza de mi malestar. Su comprensión y compañía esos días fueron impagables.



Cuando nació Sara prácticamente nadie de nuestro entorno nos comprendía en nuestra decisión de hacer todo lo posible para poder amamantar a mi hija. Esos días en que varias personas no nos respetaron en nuestra intimidad mi perro no entró en la misma habitación en la que estuviera Sara durante varios días. Después entraba si le llamábamos o si venía alguien de visita, haciendo de guardián y poniéndose en guardia si alguien que no fuéramos Miguel y yo osaba coger a la niña en brazos. Tardó más de dos meses en entrar en la misma habitación si yo estaba amamantando al bebé. Dándonos una preciosa experiencia de la comprensión entre las especies, Leo comprendía que la madre y su cría necesitábamos intimidad para la crianza. Él invariablemente se echaba en la puerta de la habitación, atravesado, como guardando la intimidad que otros nos arrebataban. En esos días su actitud me hizo llorar de gratitud. Me sentía comprendida aunque fuera sólo por el perro.

lunes, 9 de agosto de 2010

Cansancio de los cuidadores

Esta entrada me la ha inspirado una conversación de esas que oyes porque tienes las orejas pegadas a la cabeza, pero que no debería haber oído. La conversación transcurría en el parque el domingo por la mañana entre una mamá y un abuelo. Al parecer la mamá quería dejar a sus dos hijas a comer con los abuelos, porque se quería ir con su marido y unos amigos a comer fuera. Su señor padre se negaba y le decía que para un día que tenían libre no les apetecía a su mujer y a el cuidar de las niñas "otra vez", que las niñas eran suyas, que ellos ya habían criado a sus hijos. En la discusión le dijo: "Haz memoria, a ver cuando os hemos dejado a ti o a tus hermanos con alguien para irnos nosotros por ahí".

El hombre tenía razón, en muchas ocasiones se abusa de los abuelos. Estos en concreto parece que cuidan a los nietos de Lunes a Viernes porque los hijos trabajan. Es normal que los fines de semana quieran descansar, hacer ellos mismos sus planes y disfrutar un poco.

A raiz de la frase del hombre me puse a hacer memoria yo misma. Nunca mis padres se han ido a comer, cenar, al cine ni a nada si no estábamos incluidos sus hijos. En parte supongo porque no había dinero, en parte porque ¿con quien nos hubieran dejado? Mis abuelos vivían a 600 Km. de distancia y los tíos, cada uno tenía sus propios hijos. Siempre los planes han sido con nosostros. Mi marido y yo de momento, con 15 meses que tiene Sara tampoco hemos hecho ningún plan que no la incluya. No nos apetece, vamos que ni nos lo hemos planteado. También que hemos sido padres ya con treintaytantos y supongo que la etapa de salidas nocturnas y eso ya la habíamos quemado. De todas formas cuando eres padre/madre tienes que saber que algunas cosas en tu vida van a cambiar, y el tipo de ocio es lo primero que cambia. Pero vamos que a quien le apetezca me parece también normal, siempre y cuando las personas a las dejamos nuestros hijos no lo vivan como una carga, como un abuso, como en el caso de este señor. En ese caso creo que tiene que prevalecer la opinión de los cuidadores.

jueves, 15 de julio de 2010

El equilibrio mental de Leo







Cuando Leo llegó a casa, hace cinco años, estábamos recién casados. Yo al casarme me mudé a vivir a Yecla, y la verdad que fue muy duro, me sentí muy sola y cerca estuve de una bonita depresión. En estas condiciones llegó Leo a nuestro hogar.



El primer impacto del cachorro fue positivo para mi estado de ánimo. Tenía a otro ser más necesitado que yo del que ocuparme, y además me obligaba a salir de casa. Antes me podía pasar perfectamente varios días sin pisar la calle ni hablar con nadie más que con Miguel (cuando llegaba a casa allá a las nueve de la noche). Pero seguro que mi impacto sobre el cachorro no fue el mismo.

Leo en cuanto se libró (con nuestro esfuerzo y un buen par de pinzas de depilar) de todas las pulgas y garrapatas que traía consigo, desplegó un amplio catálogo de conductas indeseables en un perro: ladraba y destrozaba lo que pillara en casa si se quedaba sólo, se subía a las camas (algo que nunca hemos querido permitirle), robaba comida, se peleaba con cualquier cuadrúpedo que se cruzara, hacía incursiones fuguistas por el barrio, tiraba de la correa... un encanto de cachorrón que rápidamente llegó a los 25 Kg. y parecía que nunca nos íbamos a domesticar.

Y busqué asesoramiento, leí mucho, a Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros y a Rosana Álvarez. Le enseñé las órdenes básicas, teníamos un estricto orden de comidas y paseos. Tenía que sentarse y tumbarse antes de ponerle la comida, estar sentado y tranquilo antes de ponerle el collar, entrar a casa después de los dueños...

Cinco años después Leo es casi perfecto. Muchas veces no es necesario darle la orden, con una mirada nos entiende y se comporta tal y como esperamos de él. Quiero creer que el esfuerzo en su adiestramiento ha dado sus frutos...pero en el fondo sé que lo que ha pasado es lo de que "los perros se parecen a sus dueños". Cuando yo estaba desquiciada, mi perro se comportaba también como un neurótico. Mi perro se comporta ahora como queremos porque ha aprendido a confiar en nosotros, porque ya no le transmitimos nerviosismo ni malas sensaciones, en una palabra somos equilibrados, y eso le ha equilibrado a él.

Si tienes un perro que se está comportando de forma indeseable, revisa cual es tu relación con él y que inseguridades tienes y le estás transmitiendo. Es la forma más rápida de tener un perro que se comporte correctamente.