Esta entrada surge al reflexionar sobre mi papel como madre en el parque, a raiz de leer la entrada de Armando Bastida en "Bebés y más" y los comentarios a ésta. Iba a comentar yo también, pero viendo que el tema me daba para más que un simple comentario, he preferido traerlo al blog hoy. El post original de Armando lo podeis leer aqui.
Si habeis leido la entrada y los comentarios, todos dan por hecho que hay dos posturas en las que estar en un parque infantil: o bien jugando con los niños a la pelota, todo el rato pegado a los niños y haciendo castillitos de arena o bien de cháchara pasando de tus hijos y ni te das cuenta si se descuernan o van de abusones por el parque. Así pues Armando se pregunta hasta qué punto tiene él que educar a los hijos de los del segundo grupo de padres.
Os explico lo que yo creo que es mi papel en el parque. Yo defiendo y vigilo a mis hijas, evito que les peguen o que peguen ellas (que no son santas de altar), que se descuernen... con la pequeña de año y medio eso se traduce en que voy detrás toda la tarde. Pero a la mayor, de casi cuatro, le dejo más cancha, que aprenda a lidiar sus conflictos. Como digo, no voy a dejar que le hagan daño ni que haga daño a los demás, entonces intervengo, pero creo que los niños tienen que aprender a relacionarse entre ellos sin la sobreprotección de los adultos. Yo si las llevo al parque mucho, con el buen tiempo a diario, para que jueguen al aire libre y se socialicen con otros niños, y la socialización, no lo olvidemos, incluye tanto los juegos como la resolución de conflictos.
Mi Sara tiene su grupo de amigos del parque (los hijos de los mojilitros, que ya he hablado de ellos). Observar sus juegos en la distancia es una oportunidad de ver qué papel juega mi hija en el grupo. Si siempre intervienes en sus juegos te pierdes la posibilidad comprobar si tu hijo/a es de los que abusa, de los (en el caso de las niñas más) van de mamá del grupo, de los que son unos acusicas, de los que chinchan y chinchan hasta que el brutote del grupo le arrea un mamporro, de los que arrean el mamporro a alguno por cansino, de los que dan pellizquitos por lo bajinis... ninguno es un santo y es bueno ver cómo se manejan. Yo sé más de Sara por observar cómo juega con sus amigos que por ver cómo juega conmigo, conmigo siempre los juegos son dirigidos y no es una relación entre iguales, jugando conmigo sé cómo juega conmigo, viendo cómo juega con los amigos veo actitudes que con los padres no aparecen nunca. Así conozco mejor a mi hija. Así, en el mismo momento si se trata de algo grave, o después de camino a casa mientras comentamos como ha ido la tarde, tengo la posibilidad de corregir actitudes que no creo que sean correctas o de elogiar las que sí me han gustado.
Respecto a si tengo yo que educar a los hijos de los demás...pues depende. Si van ha hacer daño a mis hijas o algún otro niño desde luego sí que intervengo, si el padre o madre después se molesta pues lo siento, no voy a dejar que un niño haga daño a otro. Pero la verdad es que nunca me he encontrado en la situación que nadie se haya molestado por eso. Si son padres que pasan de sus hijos, no van a estar mirando. Y los que si han intervenido siempre ha sido para corregir a sus hijos en el mismo sentido que lo hacía yo. Si están haciendo algo que yo no dejaría hacer a mis hijas pero es más ambiguo, pues no intervengo (p.e. romper a propósito su juguete).
Esto en cuanto a chiquillos desconocidos. En cuanto al grupo de amigos de mi hija les corrijo en la misma medida que corrijo a las mías y espero que los padres de sus amigos corrijan a mis hijas con el mismo criterio que harían con los suyos. Evidentemente cada uno suele corregir a su hijo, que para eso estamos pendientes, pero es posible que algun padre o madre vea algo que yo no he visto, o al revés, yo veo algo que su padre/madre en ese momento no ha visto, y en ese caso intervenimos aunque no sea nuestro hijo al que haya que corregir. Así que si venís al parque, es posible que a primera vista nos cataloguéis en papás/mamás de banco, aunque en realidad lo que pasa es que siempre hay alguien pendiente. Es la ventaja del grupo, como en las manadas de la sabana. Los niños tienen la sensación de jugar con libertad aunque siempre estén viglados y si ocurre algo se da la voz de alarma y se interviene.
Si vamos a otro parque sin este grupo o coincide que aún no han bajado los amigos de Sara dirijo el juego más, porque sólo tengo dos ojos y dos manos y tengo que estar yo sola pendiente de dos niñas pequeñas, no les puedo dejar la sensación de libertad a la que están acostumbradas y tanto valoran.
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lunes, 4 de marzo de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
PATATAAA!!!
O en este caso...¡¡¡Espaguetti!!
Le debo un post a mi pequeña hadita. Desde que nació casi no he escrito y lo poco que lo he hecho de ella ha sido cuando era chiquitina. A Sara siempre la he llamado princesa, todo delicadeza y sensibilidad. Núria es una hada: mágica, alegre, dulce, risueña.
Como la campanilla del cuento tilín tilén. Ella se cae y se levanta riendo :"Caido mamá jajaja". Es superfácil cuidar de ella, siempre tan alegre, muy reconfortante los abracitos que te pide y lo mucho que demuestra sus afectos. También agotador en ocasiones, porque todo se lo tiene que hacer la mamá. A papá lo quiere mucho, pero para jugar un rato, para todo lo demás mama. Y como los celos están que bullen es la misma historia para las dos. Yo estoy agotada y papá bastante frustrado: "mis hijas no me quieren" se queja demasiado a menudo.
Mi hada es muy abierta y simpática, y en unos años seguro que es de las que no para de contar chistes, porque ahora, con diecinueve meses, le haces una pequeña broma y la repite y repite y repite, le encantan.
Nuria tiene muchísimo carácter, y es expresiva y explosiva para todo, cuando algo no le parece bien se enfada, ha empezado ya con las rabietas, y son mucho más fuertes que las que ha tenido Sara nunca. 1..2..3..4 paciencia Natalia, respira. Las rabietas las llevamos un poco mal. Le ha costado un poco echar a andar, pero ahora corre, trepa y salta. Se pone muchas veces en riesgo, me pone los pelos de punta varias veces en el día, se ha caído poco para lo que le gusta trepar.
Tengo un problema con ella y no es pequeño. Le gusta que le riñan. A ver como corriges a una niña que se te rie en la cara cuando le estás riñendo. A Sara le dices algo con el rictus serio y es suficiente, esta se ríe incluso cuando me ve muy enfadada. ¿Alguna sugerencia?
Y tiene la manita un poco suelta, con Sara, y también ha dado algún manotazo en la guardería. Espero que no vaya a más y se quede ahí, y cuando tenga más soltura con el lenguaje vaya desapareciendo.
Tengo claro que al ser hermana pequeña se tiene que defender, pero Sara es en ese aspecto un poco demasiado parada, y como Nuria se siga espabilando más se la va a comer. De hecho ya he visto que alguna vez le ha quitado juguetes de las manos. Mi politica con ellas en los conflictos es no intervenir a menos que vea que se van a hacer daño, normalmente es por un juguete y entonces les quito el juguete. Creo que su relación entre hermanas la tienen que construir ellas, y yo no puedo ser árbitro en sus disputas. Ahora es por un Nenuco, pero dentro de unos años será por cosas más importantes y tienen que aprender a conocerse en los buenos momentos y en los enfados y el mal humor. Además llegará un momento en que yo no estaré para arbitrar nada y ellas seguirán siendo hermanas.
Le debía una entrada a mi pequeña hada. Parafraseando a Elton John. Quizás es pequeña y simple, pero ahora ya está hecha.
Y copiándole directamente:
"I hope you don't mind I hope you don't mind that I put down in words...How wonderful live is now you are in the world!"
"Espero que no te importe. Espero que no te importe que lo ponga en palabras...¡Qué maravillosa es la vida ahora que tu estás en el mundo!"
viernes, 18 de enero de 2013
Los mojilitros son...
...esa familia que se escoge. Y una bebida alcohólica que está muy rica, para que lo vamos a negar. Pero voy a hablar de lo primero.
En Mayo perdí a mi Leo que los que me conocéis sabéis bien que era uno más de mi familia. Pocas semanas después, como si la vida abriera una ventana después del portazo, fué la jornada de convivencia del AMPA de Campanilla. Y a partir de ahí, en el final del curso, no sé muy bien de que forma, ahora nos vemos en el parque, ahora quedamos para cenar, ahora un aperitivito, ahora nos vamos de finde y ahora de comida...hemos formado un grupo de amigos de esos de los de verdad. De esos que te ofrecen ayuda y no es de boquita, de esos que les ofreces apoyo porque en verdad los quieres, de los que te duele ver que lo pasan mal y te gustaría poder hacer algo para aliviarles.
Somos un grupo muy dispar, seguramente en otro momento de nuestras vidas no nos hubiésemos encontrado entre nosotros. Nos acercó el llevar a los niños a la misma guardería y que ellos se llevaran bien, con esa amistad pura y simple de los tres años. Y ver que nuestros hijos están tan felices juntos ha hecho que nos acercáramos unos a otros.
Para empezar esta nueva etapa del blog tenía que presentároslos porque son una parte muy importante de mi vida ahora mismo. No hace medio año que los considero amigos, y sin embargo los quiero como si hiciera años que los conociera.
También es importante el hecho que son a la vez amigos míos y del Miguel, porque hasta ahora casi todos nuestros conocidos o bien eran amigos del Miguel o bien eran amigos míos, y la otra parte de la pareja se sentía un poco pegote. Nunca hemos sido parte de un grupo en el que los dos nos sintiéramos igualmente a gusto. Y lo que también nos hace sentir muy bien es que toda la familia forma parte. Salvo contadísimas excepciones los planes que hacemos conjuntos son familiares. Nadie espera que para ir de tiendas aparques a tus hijos con la abuela o que no vayamos con nuestras hijas a cenar. Si quedamos al teatro es teatro infantil, si vamos de excursión es un paseíto que unas piernecitas de tres años pueden soportar fácilmente, si quedamos a una hora se sabe que es orientativa, a cualquiera de nuestros hijos se le puede escapar el pipi en el último momento.
Los amigos son esa familia que se escoge, esa familia que te encuentras por sorpresa cuando menos te lo esperas. Esa tribu entera que se necesita para criar a un niño, en mi caso es la tribu de los mojilitros. El nombre certifica lo bien que lo pasamos juntos ¿verdad? Os lo he dicho ya alguna vez, ahora lo escribo, estoy muy contenta de conoceros, muchas gracias por esos ratos compartidos.
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miércoles, 23 de noviembre de 2011
La mejor forma de dormir
Hola, ya se que no estoy muy activa precisamente. Bueno es que los pocos momentos que tengo de paz con mis dos princesas los dedico a descansar. Hoy he encontrado buscando otra cosa este bonito video de imágenes de colecho. Lo comparto con vosotros, porque es algo que practico con mis hijas, y porque el video transmite mucha de la paz que se siente haciéndolo.
Disfrutadlo
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jueves, 5 de mayo de 2011
De celos
Estoy en la semana 33 de embarazo. Todo está yendo bastante bien a nivel físico, he tenido un par de tardes que me han dado contracciones, pero vamos, en general me encuentro bien, algo cansada, pero con la barriga que llevo a cuestas, atender a Sara y la casa y Leo, me parece que es normal.
Mis dos bichillos estas dos últimas semanas parecen haberse puesto de acuerdo para darme más faena. Por un lado está Leo, que como a buen animal, la primavera la sangre le altera. O sea, que el pobre anda cardíaco porque todas las perras del barrio andan en celo, y las hormonas están en el aire. Además está cambiando al pelo de verano, por lo que cuidarle estos días también se complica: hay que cepillarle más y aún así suelta una cantidad ingente de pelo. Va alterado en los paseos, olisqueando y tirando mucho de la correa. Eso en cuanto a su comportamiento. Además estos días has de ir pendiente del comportamiento de los demás perros, en especial de los perros cuyos dueños son tan irresponsables de llevarlos sin correa. Yo puedo llegar a entender que un perro pequeño impone menos y a la gente le importe poco que vaya suelto y el dueño el resto del año se aproveche de eso, pero estamos en la época de los celos de las perras. Los perros por el pueblo siempre deben ir atados, y en esta época más que nunca, porque sus reacciones no son las normales, en estos días todos los perros son más propensos a las peleas. Con lo fácil que es evitar esto si todos los animales van como es debido.
Respecto a si Leo está alterado por la venida de Nuria, o si es posible que le den celos a él, es una posibilidad que, teniendo la experiencia de cómo se comportó cuando nació Sara, no me preocupa en absoluto. Por supuesto volveremos a seguir las mismas pautas de presentación que nos fueron tan bien con Sara y estaremos vigilantes a cualquier cambio con respecto a su relación con las niñas, y continuaremos con la norma básica de que niñas y perro nunca se dejan solos.
La que sí me preocupa es Sara. Que ya está empezando a tener manifestaciones de celos. En casa habíamos notado a la niña más llorona hacía días, y últimamente hace varios despertares en la noche, ella que tan bien duerme normalmente. Pero como también pasó en Semana Santa unos días complicados porque estuvo con conjuntivitis, mucha congestión y fiebre, pensábamos que quizás era que no se había acabado de recuperar.
Pero ayer al recogerla de la guardería sus cuidadoras, Cristina y MªJosé me comentaron que ellas estaban notando celos en Sara. Lleva esta semana sin dormir en la guardería, y al parecer está toda la mañana abrazada a ellas y con muchos episodios de llanto, cosa que les llama la atención mucho, porque normalmente rara vez llora. Me aconsejaron que la mimemos mucho, e intentemos que las atenciones sean en positivo ("oh que bien ha hecho esto Sara") y evitemos reñirle para que no entre en una dinámica de portarse mal para llamar la atención. Sobretodo que una vez nazca Nuria la impliquemos todo lo posible en su cuidado (teniendo en cuenta que tiene 2 añitos, no se como va a ser eso...) Y si ya ha empezado a pasarlo mal cuando aún queda mes y pico para que nazca su hermana, me agobia pensar cómo lo va a pasar después.
Ayer una buena amiga me dijo que estaba preocupada por mí, por cómo iba a poder organizarme con la llegada de Núria. Le agradezco la preocupación, sé la primera que lo voy a pasar apurada unos cuantos meses (o el primer año) con las dos niñas pequeñas y todo. Pero al fin y al cabo es algo que he decidido yo, como persona adulta y madre, conscientemente. Pero me duele el dolor de mi hija, que no ha decidido nada de los cambios que se avecinan en su vida. Desde aquí a las que ya teneis experiencia, por favor, dadme consejos para ayudar a mi princesa a sobrellevar este cambio.
Mis dos bichillos estas dos últimas semanas parecen haberse puesto de acuerdo para darme más faena. Por un lado está Leo, que como a buen animal, la primavera la sangre le altera. O sea, que el pobre anda cardíaco porque todas las perras del barrio andan en celo, y las hormonas están en el aire. Además está cambiando al pelo de verano, por lo que cuidarle estos días también se complica: hay que cepillarle más y aún así suelta una cantidad ingente de pelo. Va alterado en los paseos, olisqueando y tirando mucho de la correa. Eso en cuanto a su comportamiento. Además estos días has de ir pendiente del comportamiento de los demás perros, en especial de los perros cuyos dueños son tan irresponsables de llevarlos sin correa. Yo puedo llegar a entender que un perro pequeño impone menos y a la gente le importe poco que vaya suelto y el dueño el resto del año se aproveche de eso, pero estamos en la época de los celos de las perras. Los perros por el pueblo siempre deben ir atados, y en esta época más que nunca, porque sus reacciones no son las normales, en estos días todos los perros son más propensos a las peleas. Con lo fácil que es evitar esto si todos los animales van como es debido.
Respecto a si Leo está alterado por la venida de Nuria, o si es posible que le den celos a él, es una posibilidad que, teniendo la experiencia de cómo se comportó cuando nació Sara, no me preocupa en absoluto. Por supuesto volveremos a seguir las mismas pautas de presentación que nos fueron tan bien con Sara y estaremos vigilantes a cualquier cambio con respecto a su relación con las niñas, y continuaremos con la norma básica de que niñas y perro nunca se dejan solos.
La que sí me preocupa es Sara. Que ya está empezando a tener manifestaciones de celos. En casa habíamos notado a la niña más llorona hacía días, y últimamente hace varios despertares en la noche, ella que tan bien duerme normalmente. Pero como también pasó en Semana Santa unos días complicados porque estuvo con conjuntivitis, mucha congestión y fiebre, pensábamos que quizás era que no se había acabado de recuperar.
Pero ayer al recogerla de la guardería sus cuidadoras, Cristina y MªJosé me comentaron que ellas estaban notando celos en Sara. Lleva esta semana sin dormir en la guardería, y al parecer está toda la mañana abrazada a ellas y con muchos episodios de llanto, cosa que les llama la atención mucho, porque normalmente rara vez llora. Me aconsejaron que la mimemos mucho, e intentemos que las atenciones sean en positivo ("oh que bien ha hecho esto Sara") y evitemos reñirle para que no entre en una dinámica de portarse mal para llamar la atención. Sobretodo que una vez nazca Nuria la impliquemos todo lo posible en su cuidado (teniendo en cuenta que tiene 2 añitos, no se como va a ser eso...) Y si ya ha empezado a pasarlo mal cuando aún queda mes y pico para que nazca su hermana, me agobia pensar cómo lo va a pasar después.
Ayer una buena amiga me dijo que estaba preocupada por mí, por cómo iba a poder organizarme con la llegada de Núria. Le agradezco la preocupación, sé la primera que lo voy a pasar apurada unos cuantos meses (o el primer año) con las dos niñas pequeñas y todo. Pero al fin y al cabo es algo que he decidido yo, como persona adulta y madre, conscientemente. Pero me duele el dolor de mi hija, que no ha decidido nada de los cambios que se avecinan en su vida. Desde aquí a las que ya teneis experiencia, por favor, dadme consejos para ayudar a mi princesa a sobrellevar este cambio.
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lunes, 25 de octubre de 2010
La relación entre Sara y Leo
Cuando estaba embarazada de Sara no fueron pocas las opiniones en contra de que Leo continuara formando parte de nuestra família. Que le iba a coger celos, que si le iba a hacer coger una infección a la niña.
A nosotros nos preocupaba quizás el tema de los celos un poco. Aunque Leo siempre ha sido tratado en casa como a un perro y no como a un bebé y sabe cuál es su lugar. Preguntamos a su veterinario su opinión al respecto. El hombre sonrió y nos dijo: "Es que yo no soy muy objetivo, mis tres hijos se han criado con dos perros en casa, para nosotros la experiencia no pudo ser más positiva, que os voy a decir". Lo que sí nos dio unas pautas a seguir: que lo que viéramos que había que cambiar en sus costumbres lo hiciéramos durante el embarazo, y que le enseñáramos y le dejáramos oler las cosas nuevas del bebé. También nos explicó que era importante cómo presentábamos al bebé al perro, para que el lo asociara con algo positivo.
También lo comentamos en el hospital cuando nació mi hija y en su primera visita al pediatra. En ambos casos nos aseguraron que tanto el riesgo de transmitir enfermedades, como de que provoquen accidentes/ataques por celos es mucho mayor entre hermanos o incluso primos, que entre bebé y perro. Evidentemente teníamos que tener un cierto cuidado, pero que ellos no veían ningún riesgo. El pediatra de Sara, de hecho, nos comentó que sí que se pregunta en una encuesta que hacen sobre riesgos para la salud del bebé si hay hermanos en casa, pero no se pregunta sobre animales, porque son poquísimos casos en los que influye, y ni siquiera se tiene en cuenta. Este comentario nos tranquilizó definitivamente acerca de nuestra decisión
Cuando nació Sara, llevamos a Leo a una Residencia canina mientras estábamos en el hospital. Después se alargó unos días más, porque Sara estaba delicadita, y de todas formas no hubiéramos podido ocuparnos del animal. Así, las presentaciones se hicieron a la semana de haber nacido Sara. Mi marido fué a buscarle, con un pañal de la niña, que le hizo oler al recogerle de la residencia, y, en vez de traerle a casa directo, le llevó al descampado donde habitualmente le soltamos. Cuando se había desfogado algo, llegué yo con el cochecito del bebé. Obviamente el perro me saludó efusivamente y olisqueó el artefacto ese que me acompañaba, pero como aún estaba bastante excitado, no le enseñamos aún a la niña. Nos fuimos a dar un paseo, y cuando estaba ya más calmado cogí a Sara en brazos, le dejamos que la oliera con cuidado y finalizamos el paseo.
Los primeros meses, y hasta que Sara empezó a gatear, Leo generalmente la ignoraba, sólo dejaba de ignorarla para pasar a un papel de guardián en los paseos o si habían visitas en casa. Cuando empezó a gatear, Sara buscaba a Leo como a otro juguete más, y probaba a cogerle las orejas, los ojos, los bigotes, tocarle las patas...Leo generalmente le dejaba tocarle una o dos veces y se retiraba. Algunas veces mi hija le perseguía por toda la casa con su toqueteo y Leo me miraba pidiendo compasión con la mirada, yo intentaba distraerla con otro juego, explicándole sin éxito que Leo no es un peluche y que si le mete el dedo en el ojo le hace pupa. En esta época alguna vez he dudado si era justo para Leo esta situación, teniendo mucha menos atención de la que estaba acostumbrado, y además teniendo que soportar a la niña experimentando con él.
Hace unas semanas que Sara se ha arrancado a andar, y eso ha cambiado un montón la forma de relacionarse de mis bichos. Ahora jugamos juntos. Sara es capaz de tirarle una pelota, y Leo está encantado de cogérsela, me la da a mi, yo se la doy a Sara, que se la vuelve a tirar... Sara se troncha de risa viendo a Leo yendo a por la pelota que le ha tirado, y Leo está encantado de tener nuestra atención y se muestra incansable en el juego, cosa que me encanta, porque los últimos meses parecía volver a estar decaído.
Leo, que hasta hace poco veía a Sara y la rehuía, ahora a veces la busca, con la pelota en la boca, o le hace cosquillas con el morro en la barriga. Cuando venimos de recoger a Sara en la guardería, la saluda la primera, antes que a mí, y ni que decir que a mi se me cae la baba al verlo. También ha influido mucho en la buena relación que tienen, tengo que confesarlo, que Sara de vez en cuando le lanza pan desde la trona. Y claro, ya se sabe, por el pan baila el perro.
Estamos todo lo satisfechos que se puede estar del estado actual de la relación entre la niña y el perro. Sentimos que a Sara el estar compartiendo su día a día con un animal le enseña el respeto hacia todas las formas de vida, y también formas de cariño diferentes de la humana. Hace que de alguna forma tenga que ceder y compartir espacio y tiempo de juego con un compañero, y espero que eso haga que cuando llegue un hermanito, los celos sean menos traumáticos. Tener a Leo en casa es indudablemente un extra de trabajo, atención, y preocupaciones, pero también es un extra de satisfacción ver día a día como están aprendiendo a quererse estos dos granujas.
A nosotros nos preocupaba quizás el tema de los celos un poco. Aunque Leo siempre ha sido tratado en casa como a un perro y no como a un bebé y sabe cuál es su lugar. Preguntamos a su veterinario su opinión al respecto. El hombre sonrió y nos dijo: "Es que yo no soy muy objetivo, mis tres hijos se han criado con dos perros en casa, para nosotros la experiencia no pudo ser más positiva, que os voy a decir". Lo que sí nos dio unas pautas a seguir: que lo que viéramos que había que cambiar en sus costumbres lo hiciéramos durante el embarazo, y que le enseñáramos y le dejáramos oler las cosas nuevas del bebé. También nos explicó que era importante cómo presentábamos al bebé al perro, para que el lo asociara con algo positivo.
También lo comentamos en el hospital cuando nació mi hija y en su primera visita al pediatra. En ambos casos nos aseguraron que tanto el riesgo de transmitir enfermedades, como de que provoquen accidentes/ataques por celos es mucho mayor entre hermanos o incluso primos, que entre bebé y perro. Evidentemente teníamos que tener un cierto cuidado, pero que ellos no veían ningún riesgo. El pediatra de Sara, de hecho, nos comentó que sí que se pregunta en una encuesta que hacen sobre riesgos para la salud del bebé si hay hermanos en casa, pero no se pregunta sobre animales, porque son poquísimos casos en los que influye, y ni siquiera se tiene en cuenta. Este comentario nos tranquilizó definitivamente acerca de nuestra decisión
Cuando nació Sara, llevamos a Leo a una Residencia canina mientras estábamos en el hospital. Después se alargó unos días más, porque Sara estaba delicadita, y de todas formas no hubiéramos podido ocuparnos del animal. Así, las presentaciones se hicieron a la semana de haber nacido Sara. Mi marido fué a buscarle, con un pañal de la niña, que le hizo oler al recogerle de la residencia, y, en vez de traerle a casa directo, le llevó al descampado donde habitualmente le soltamos. Cuando se había desfogado algo, llegué yo con el cochecito del bebé. Obviamente el perro me saludó efusivamente y olisqueó el artefacto ese que me acompañaba, pero como aún estaba bastante excitado, no le enseñamos aún a la niña. Nos fuimos a dar un paseo, y cuando estaba ya más calmado cogí a Sara en brazos, le dejamos que la oliera con cuidado y finalizamos el paseo.
Los primeros meses, y hasta que Sara empezó a gatear, Leo generalmente la ignoraba, sólo dejaba de ignorarla para pasar a un papel de guardián en los paseos o si habían visitas en casa. Cuando empezó a gatear, Sara buscaba a Leo como a otro juguete más, y probaba a cogerle las orejas, los ojos, los bigotes, tocarle las patas...Leo generalmente le dejaba tocarle una o dos veces y se retiraba. Algunas veces mi hija le perseguía por toda la casa con su toqueteo y Leo me miraba pidiendo compasión con la mirada, yo intentaba distraerla con otro juego, explicándole sin éxito que Leo no es un peluche y que si le mete el dedo en el ojo le hace pupa. En esta época alguna vez he dudado si era justo para Leo esta situación, teniendo mucha menos atención de la que estaba acostumbrado, y además teniendo que soportar a la niña experimentando con él.
Hace unas semanas que Sara se ha arrancado a andar, y eso ha cambiado un montón la forma de relacionarse de mis bichos. Ahora jugamos juntos. Sara es capaz de tirarle una pelota, y Leo está encantado de cogérsela, me la da a mi, yo se la doy a Sara, que se la vuelve a tirar... Sara se troncha de risa viendo a Leo yendo a por la pelota que le ha tirado, y Leo está encantado de tener nuestra atención y se muestra incansable en el juego, cosa que me encanta, porque los últimos meses parecía volver a estar decaído.
Leo, que hasta hace poco veía a Sara y la rehuía, ahora a veces la busca, con la pelota en la boca, o le hace cosquillas con el morro en la barriga. Cuando venimos de recoger a Sara en la guardería, la saluda la primera, antes que a mí, y ni que decir que a mi se me cae la baba al verlo. También ha influido mucho en la buena relación que tienen, tengo que confesarlo, que Sara de vez en cuando le lanza pan desde la trona. Y claro, ya se sabe, por el pan baila el perro.
Estamos todo lo satisfechos que se puede estar del estado actual de la relación entre la niña y el perro. Sentimos que a Sara el estar compartiendo su día a día con un animal le enseña el respeto hacia todas las formas de vida, y también formas de cariño diferentes de la humana. Hace que de alguna forma tenga que ceder y compartir espacio y tiempo de juego con un compañero, y espero que eso haga que cuando llegue un hermanito, los celos sean menos traumáticos. Tener a Leo en casa es indudablemente un extra de trabajo, atención, y preocupaciones, pero también es un extra de satisfacción ver día a día como están aprendiendo a quererse estos dos granujas.
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martes, 5 de octubre de 2010
Sentirme culpable
Seguro que las que sois mamás sabeis de lo que hablo. Cualquier cosa que le ocurra a tu vástago te hace sentir culpable, y casi cualquier cosa que hagas, te hace sentir culpable y malamadre. La primera reacción instintiva ante cualquier problema de Sara mi primera reacción es echarme la culpa por algo que he hecho, que no he hecho, por no haber estado, por estar demasiado encima...
El sábado pasado, cuando fuimos de excursión a Alcoy para ver a Carlos González, nada más montarnos en el coche, mi amiga :"me siento muy rara sin "miniñito"" y yo le contesto "te sientes culpable de hacer algo sin él y de dejarlo con su padre". No es que sea adivina, es que así también me estaba sintiendo yo. Y eso que íbamos a una charla sobre crianza, que si nos llegamos a ir de copichuelas por ahí, nos flagelamos allí mismo.
El Domingo como ya expliqué Sara empezó a encontrarse mal, y su madre a barruntar "es que seguramente se enfrió ayer en el paseo, claro, no llevaba la chaqueta, si hubiese estado yo se la hubiera puesto..." "o en la siesta se enfrió, a lo mejor se quedó alguna ventana abierta, yo siempre lo miro...". Me sentía culpable por haberla dejado unas horas, y que fuera en esas horas cuando se hubiese constipado, cuando se lo habían pegado en la guarde y ni aunque la hubiéramos forrado de ropa hubiésemos evitado que enfermase.
Otro ejemplo: estas vacaciones en León la niña tuvo un pequeño accidente, del que también me sentí culpable. Atención que tiene miga, que cuando me acuerdo me digo yo a mi misma tonta. Llevaba su padre a Sara de la mano, yo estaba tomando fotografías de los edificios por delante de ellos, cuando oigo. "No toques eso" y un chillido desgarrador de mi niña se me atraviesa en el tímpano. Sara se quemó al tocar una colilla en el suelo. Y me sentí culpable, muy culpable por la ampollita que le salió en el dedito. ¿Porqué? Pues ni idea, porque en realidad la llevaba su padre y yo estaba mirando en la dirección contraria. Y lo más gracioso es que le pregunté a Miguel, que era el que estaba tutelando en ese momento a Sara, y él no se sentía culpable "no me dió tiempo a evitarlo". Cero sentimiento de culpa, yo cien.
¿Porqué esos remordimientos nos acechan mil veces ante cualquier cucón, moquito, estornudo o llantina? El instinto protector ante nuestra cría hace que sintamos que hemos fallado como guardianas y garantes de su seguridad. La mayoría de veces, sus llantos y malestares, son simplemente formas de descubrir el mundo y sus propios límites físicos, mentales y emocionales. Y nosotras no podemos más que acompañarles, y hacerles sentir que estamos alli. Mi Sara tiene ahora 16 meses, está en el umbral de empezar a expresarse por medio de las rabietas. De hecho ya hemos tenido alguna que otra. Y me he sentido culpable por ellas, como no. Así que debo encontrar el modo tranquilizar mis inseguridades y mis sentimientos de culpa para poder acompañarla en esta difícil etapa. ¿Alguna sugerencia de cómo hacerlo?
El sábado pasado, cuando fuimos de excursión a Alcoy para ver a Carlos González, nada más montarnos en el coche, mi amiga :"me siento muy rara sin "miniñito"" y yo le contesto "te sientes culpable de hacer algo sin él y de dejarlo con su padre". No es que sea adivina, es que así también me estaba sintiendo yo. Y eso que íbamos a una charla sobre crianza, que si nos llegamos a ir de copichuelas por ahí, nos flagelamos allí mismo.
El Domingo como ya expliqué Sara empezó a encontrarse mal, y su madre a barruntar "es que seguramente se enfrió ayer en el paseo, claro, no llevaba la chaqueta, si hubiese estado yo se la hubiera puesto..." "o en la siesta se enfrió, a lo mejor se quedó alguna ventana abierta, yo siempre lo miro...". Me sentía culpable por haberla dejado unas horas, y que fuera en esas horas cuando se hubiese constipado, cuando se lo habían pegado en la guarde y ni aunque la hubiéramos forrado de ropa hubiésemos evitado que enfermase.
Otro ejemplo: estas vacaciones en León la niña tuvo un pequeño accidente, del que también me sentí culpable. Atención que tiene miga, que cuando me acuerdo me digo yo a mi misma tonta. Llevaba su padre a Sara de la mano, yo estaba tomando fotografías de los edificios por delante de ellos, cuando oigo. "No toques eso" y un chillido desgarrador de mi niña se me atraviesa en el tímpano. Sara se quemó al tocar una colilla en el suelo. Y me sentí culpable, muy culpable por la ampollita que le salió en el dedito. ¿Porqué? Pues ni idea, porque en realidad la llevaba su padre y yo estaba mirando en la dirección contraria. Y lo más gracioso es que le pregunté a Miguel, que era el que estaba tutelando en ese momento a Sara, y él no se sentía culpable "no me dió tiempo a evitarlo". Cero sentimiento de culpa, yo cien.
¿Porqué esos remordimientos nos acechan mil veces ante cualquier cucón, moquito, estornudo o llantina? El instinto protector ante nuestra cría hace que sintamos que hemos fallado como guardianas y garantes de su seguridad. La mayoría de veces, sus llantos y malestares, son simplemente formas de descubrir el mundo y sus propios límites físicos, mentales y emocionales. Y nosotras no podemos más que acompañarles, y hacerles sentir que estamos alli. Mi Sara tiene ahora 16 meses, está en el umbral de empezar a expresarse por medio de las rabietas. De hecho ya hemos tenido alguna que otra. Y me he sentido culpable por ellas, como no. Así que debo encontrar el modo tranquilizar mis inseguridades y mis sentimientos de culpa para poder acompañarla en esta difícil etapa. ¿Alguna sugerencia de cómo hacerlo?
viernes, 3 de septiembre de 2010
Primer contacto guardería
Ayer tuve reunión de la guardería, toma de contacto con las cuidadoras, los otros papás (fueron dos parejas completas, el resto todo mamás), a las ocho de la tarde, sin niños. El Miguel se quedó en casa con la peque, por eso no me acompañó. Llegué tarde para empezar con buen pie, me confundí, estaba convencida que la reunión era a las 20:30h.
La verdad que la reunión me gustó, hay diez niños por aula. Una cuidadora fija y otra de refuerzo que se reparte entre dos aulas. Nos explicaron los objetivos del curso, que básicamente este trimestre son que se acostumbren a ir a la guardería, y cojan un poco la rutina. Nos explicaron las normas: sobretodo horarios y que no se lleven chucherías ni bollería industrial para los almuerzos. Y recalcaron la importancia del periodo de adaptación y del papel de los padres en él. Esta parte me gustó mucho porque no ningunearon lo mal que lo pasan al entrar en la guardería. Nos advirtieron que seguramente los niños sacarían la angustia en casa en forma de mal comportamiento, durmiendo mal, comiendo peor o incluso con diarreas o vómitos, y nos dijo que sobretodo fuéramos muy comprensivos, que en todo este proceso ellos tenían que sentirse seguros del cariño de sus padres para aceptar la separación en la guardería.
Después entraron los de la asociación de padres, y pidieron dos voluntarios para vocales en la asociación. Me pareció obvio que por coherencia me tenía que presentar: toda mi vida he estado asociada e implicada activamente en cuestiones mucho menos importantes que la educación de mi hija. Así que ya iré contando cómo va la experiencia. Nos invitaron a un pequeño piscolabis para acabar la reunión, pero claro, como siempre me pasa, las madres eran amigas entre ellas y se hicieron grupitos, a lo que yo después de unos minutos prudenciales, me fui a mi casa.
Por último esta mañana teníamos entrevista con la cuidadora, ya ahora sí con Sara. Que si duerme, que como come, si anda y ese tipo de información. Pero lo importante era que Sara conociera un poquito su aula y a Cristina y MªJosé.La hemos dejado en el suelo y ha ido explorando todo el aula, le ha dado la mano a una de las cuidadoras y han jugado un poquito con ella. Cristina me ha comentado que lo hacen así para que el primer día no sea dejarla en un lugar nuevo con todo de gente nueva, ya conoce un poco el aula y a las cuidadoras, y además recordará que se lo ha pasado muy bien allí (porque se lo ha pasado pipa). La verdad que el planteamiento me ha parecido muy coherente y respetuoso con el ritmo de los niños. Claro que eso hace que no sea el Lunes cuando empieza sino el Miércoles. Al principio una horita al día y según como se adapte se van alargando los tiempos.
Lo que he dicho al principio, me ha gustado bastante, y me ha dejado más tranquila sobre el hecho de dejar a Sara en la guardería. Decisión sobre la que no estoy muy segura porque realmente a mi me gustaría seguir con ella en casa, pero el paro se acaba y tengo que encontrar trabajo ya. Por lo menos la guardería donde la dejo me parece una buena elección. Ya iré contando cómo nos va.
La verdad que la reunión me gustó, hay diez niños por aula. Una cuidadora fija y otra de refuerzo que se reparte entre dos aulas. Nos explicaron los objetivos del curso, que básicamente este trimestre son que se acostumbren a ir a la guardería, y cojan un poco la rutina. Nos explicaron las normas: sobretodo horarios y que no se lleven chucherías ni bollería industrial para los almuerzos. Y recalcaron la importancia del periodo de adaptación y del papel de los padres en él. Esta parte me gustó mucho porque no ningunearon lo mal que lo pasan al entrar en la guardería. Nos advirtieron que seguramente los niños sacarían la angustia en casa en forma de mal comportamiento, durmiendo mal, comiendo peor o incluso con diarreas o vómitos, y nos dijo que sobretodo fuéramos muy comprensivos, que en todo este proceso ellos tenían que sentirse seguros del cariño de sus padres para aceptar la separación en la guardería.
Después entraron los de la asociación de padres, y pidieron dos voluntarios para vocales en la asociación. Me pareció obvio que por coherencia me tenía que presentar: toda mi vida he estado asociada e implicada activamente en cuestiones mucho menos importantes que la educación de mi hija. Así que ya iré contando cómo va la experiencia. Nos invitaron a un pequeño piscolabis para acabar la reunión, pero claro, como siempre me pasa, las madres eran amigas entre ellas y se hicieron grupitos, a lo que yo después de unos minutos prudenciales, me fui a mi casa.
Por último esta mañana teníamos entrevista con la cuidadora, ya ahora sí con Sara. Que si duerme, que como come, si anda y ese tipo de información. Pero lo importante era que Sara conociera un poquito su aula y a Cristina y MªJosé.La hemos dejado en el suelo y ha ido explorando todo el aula, le ha dado la mano a una de las cuidadoras y han jugado un poquito con ella. Cristina me ha comentado que lo hacen así para que el primer día no sea dejarla en un lugar nuevo con todo de gente nueva, ya conoce un poco el aula y a las cuidadoras, y además recordará que se lo ha pasado muy bien allí (porque se lo ha pasado pipa). La verdad que el planteamiento me ha parecido muy coherente y respetuoso con el ritmo de los niños. Claro que eso hace que no sea el Lunes cuando empieza sino el Miércoles. Al principio una horita al día y según como se adapte se van alargando los tiempos.
Lo que he dicho al principio, me ha gustado bastante, y me ha dejado más tranquila sobre el hecho de dejar a Sara en la guardería. Decisión sobre la que no estoy muy segura porque realmente a mi me gustaría seguir con ella en casa, pero el paro se acaba y tengo que encontrar trabajo ya. Por lo menos la guardería donde la dejo me parece una buena elección. Ya iré contando cómo nos va.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Te puede atropellar un coche
Ayer efectivamente, cuándo acabé la entrada, a Sara le empezó a subir la fiebre por las vacunas. Fué una tarde de llantos y mucha teta. Ya sé que no es nada del otro mundo, pero como no estoy acostumbrada a que mi peque esté malita, pues la verdad acabé agotada. Así que a las siete de la tarde monté a mi niña en el carro, le puse a Leo su correa y a la calle, a airearnos.
Yo que salgo a la calle con estas buenas intenciones de relajarme y disfrutar de un paseo con mis fieritas y en todo el portal de mi casa me fastidian el paseo. Hace unos días en Bebés y más preguntaban si intenvendrías ante una bofetada, no intervine en la conversación porque realmente no sabía que reacción tendría si presenciara una bofetada. Ale ya lo sé, no intervine, me cuento entre las cobardes, no estoy orgullosa de ello, pero es lo que hay.
La escena fué esta. Dos mamás paseando, una con un carrito y otra con un niño de no más de tres años. El niño mayorcito iba varios metros (para mi criterio muchos metros) por delante de las mamás y en un momento dado, no se porqué se le ocurrió cruzar la calle y dicho y hecho. La madre del nene se enteró por el grito que yo pegué, porque estaba muy enfrascada en la conversación. Logró alcanzar al niño ya en la acera contraria. Le pegó varios azotes en el culo sin mediar palabra, luego le dijo "Te he dicho muchas veces que no cruces ¿es que eres tonto?" se lo llevó arrastrando y, en medio de la calle paró para arrearle otro azote "que no llores". Cuando alcanzó a la otra madre en la acera, la otra chica fué la primera en explicarle algo al niño "Te puede atropellar un coche y te haces mucha pupa".
No intervine porque me dejó toda la escena paralizada, y ellas giraron casi inmediatamente en la siguiente esquina. Tampoco la mamá me dió las gracias por haberla avisado que su hijo estaba cruzando la calle, si no hubiese reaccionado para decirle algo, pero para cuando me quise dar cuenta estaban ya alejadas. No es por justificarme, siempre me pasa en las mejores, que no reacciono. Mi madre siempre ha dicho que tengo horchata en las venas.
Tampoco sé exactamente que le hubiese dicho, porque los errores no empezaron con los azotes. De principio que nada hubiera ocurrido si ese niño hubiese ido andando por la calle de la mano de su madre. Es cierto que en Yecla hay calles muy tranquilas, en las que puedes darle un poco de cancha a un niño, pero mi calle no es una de ellas. Es una calle de dos direcciones donde los coches hacen una curva sin demasiada visibilidad y, muy frecuentemente, a gran velocidad. Tuvieron mucha suerte que no pasara nadie en ese momento, porque da a una de las arterias principales del pueblo y suele tener bastante tráfico. Por lo que no entiendo que dejara a ese niño andar suelto y tan adelantado.
Y luego los azotes, que claramente fueron una descarga, el mejor de todos el de "no llores". Cuando el niño hi´zo sólo lo que cabe imaginarse de un niño a esa edad. Los que tiene que prever que hay peligro y evitarlo son los padres. El nene debía haber ido de la mano de su madre, o más cerca de las mujeres y claramente su madre debía haber ido más pendiente de su hijo. Seguramente por eso pegó a su hijo, por la rabia de haber fallado ella. Y puedo llegar a entender que pasó un miedo terrible al ver a su niño en medio de la calle, pero nada de lo que hizo evitará que vuelva a sucederle, porque no le explicó nada al niño, y al volver a la acera volvió a soltarle de la mano. Y eso es lo peor, que mañana este nene puede no tener tanta suerte.
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