Esta entrada surge al reflexionar sobre mi papel como madre en el parque, a raiz de leer la entrada de Armando Bastida en "Bebés y más" y los comentarios a ésta. Iba a comentar yo también, pero viendo que el tema me daba para más que un simple comentario, he preferido traerlo al blog hoy. El post original de Armando lo podeis leer aqui.
Si habeis leido la entrada y los comentarios, todos dan por hecho que hay dos posturas en las que estar en un parque infantil: o bien jugando con los niños a la pelota, todo el rato pegado a los niños y haciendo castillitos de arena o bien de cháchara pasando de tus hijos y ni te das cuenta si se descuernan o van de abusones por el parque. Así pues Armando se pregunta hasta qué punto tiene él que educar a los hijos de los del segundo grupo de padres.
Os explico lo que yo creo que es mi papel en el parque. Yo defiendo y vigilo a mis hijas, evito que les peguen o que peguen ellas (que no son santas de altar), que se descuernen... con la pequeña de año y medio eso se traduce en que voy detrás toda la tarde. Pero a la mayor, de casi cuatro, le dejo más cancha, que aprenda a lidiar sus conflictos. Como digo, no voy a dejar que le hagan daño ni que haga daño a los demás, entonces intervengo, pero creo que los niños tienen que aprender a relacionarse entre ellos sin la sobreprotección de los adultos. Yo si las llevo al parque mucho, con el buen tiempo a diario, para que jueguen al aire libre y se socialicen con otros niños, y la socialización, no lo olvidemos, incluye tanto los juegos como la resolución de conflictos.
Mi Sara tiene su grupo de amigos del parque (los hijos de los mojilitros, que ya he hablado de ellos). Observar sus juegos en la distancia es una oportunidad de ver qué papel juega mi hija en el grupo. Si siempre intervienes en sus juegos te pierdes la posibilidad comprobar si tu hijo/a es de los que abusa, de los (en el caso de las niñas más) van de mamá del grupo, de los que son unos acusicas, de los que chinchan y chinchan hasta que el brutote del grupo le arrea un mamporro, de los que arrean el mamporro a alguno por cansino, de los que dan pellizquitos por lo bajinis... ninguno es un santo y es bueno ver cómo se manejan. Yo sé más de Sara por observar cómo juega con sus amigos que por ver cómo juega conmigo, conmigo siempre los juegos son dirigidos y no es una relación entre iguales, jugando conmigo sé cómo juega conmigo, viendo cómo juega con los amigos veo actitudes que con los padres no aparecen nunca. Así conozco mejor a mi hija. Así, en el mismo momento si se trata de algo grave, o después de camino a casa mientras comentamos como ha ido la tarde, tengo la posibilidad de corregir actitudes que no creo que sean correctas o de elogiar las que sí me han gustado.
Respecto a si tengo yo que educar a los hijos de los demás...pues depende. Si van ha hacer daño a mis hijas o algún otro niño desde luego sí que intervengo, si el padre o madre después se molesta pues lo siento, no voy a dejar que un niño haga daño a otro. Pero la verdad es que nunca me he encontrado en la situación que nadie se haya molestado por eso. Si son padres que pasan de sus hijos, no van a estar mirando. Y los que si han intervenido siempre ha sido para corregir a sus hijos en el mismo sentido que lo hacía yo. Si están haciendo algo que yo no dejaría hacer a mis hijas pero es más ambiguo, pues no intervengo (p.e. romper a propósito su juguete).
Esto en cuanto a chiquillos desconocidos. En cuanto al grupo de amigos de mi hija les corrijo en la misma medida que corrijo a las mías y espero que los padres de sus amigos corrijan a mis hijas con el mismo criterio que harían con los suyos. Evidentemente cada uno suele corregir a su hijo, que para eso estamos pendientes, pero es posible que algun padre o madre vea algo que yo no he visto, o al revés, yo veo algo que su padre/madre en ese momento no ha visto, y en ese caso intervenimos aunque no sea nuestro hijo al que haya que corregir. Así que si venís al parque, es posible que a primera vista nos cataloguéis en papás/mamás de banco, aunque en realidad lo que pasa es que siempre hay alguien pendiente. Es la ventaja del grupo, como en las manadas de la sabana. Los niños tienen la sensación de jugar con libertad aunque siempre estén viglados y si ocurre algo se da la voz de alarma y se interviene.
Si vamos a otro parque sin este grupo o coincide que aún no han bajado los amigos de Sara dirijo el juego más, porque sólo tengo dos ojos y dos manos y tengo que estar yo sola pendiente de dos niñas pequeñas, no les puedo dejar la sensación de libertad a la que están acostumbradas y tanto valoran.
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lunes, 4 de marzo de 2013
viernes, 18 de enero de 2013
Los mojilitros son...
...esa familia que se escoge. Y una bebida alcohólica que está muy rica, para que lo vamos a negar. Pero voy a hablar de lo primero.
En Mayo perdí a mi Leo que los que me conocéis sabéis bien que era uno más de mi familia. Pocas semanas después, como si la vida abriera una ventana después del portazo, fué la jornada de convivencia del AMPA de Campanilla. Y a partir de ahí, en el final del curso, no sé muy bien de que forma, ahora nos vemos en el parque, ahora quedamos para cenar, ahora un aperitivito, ahora nos vamos de finde y ahora de comida...hemos formado un grupo de amigos de esos de los de verdad. De esos que te ofrecen ayuda y no es de boquita, de esos que les ofreces apoyo porque en verdad los quieres, de los que te duele ver que lo pasan mal y te gustaría poder hacer algo para aliviarles.
Somos un grupo muy dispar, seguramente en otro momento de nuestras vidas no nos hubiésemos encontrado entre nosotros. Nos acercó el llevar a los niños a la misma guardería y que ellos se llevaran bien, con esa amistad pura y simple de los tres años. Y ver que nuestros hijos están tan felices juntos ha hecho que nos acercáramos unos a otros.
Para empezar esta nueva etapa del blog tenía que presentároslos porque son una parte muy importante de mi vida ahora mismo. No hace medio año que los considero amigos, y sin embargo los quiero como si hiciera años que los conociera.
También es importante el hecho que son a la vez amigos míos y del Miguel, porque hasta ahora casi todos nuestros conocidos o bien eran amigos del Miguel o bien eran amigos míos, y la otra parte de la pareja se sentía un poco pegote. Nunca hemos sido parte de un grupo en el que los dos nos sintiéramos igualmente a gusto. Y lo que también nos hace sentir muy bien es que toda la familia forma parte. Salvo contadísimas excepciones los planes que hacemos conjuntos son familiares. Nadie espera que para ir de tiendas aparques a tus hijos con la abuela o que no vayamos con nuestras hijas a cenar. Si quedamos al teatro es teatro infantil, si vamos de excursión es un paseíto que unas piernecitas de tres años pueden soportar fácilmente, si quedamos a una hora se sabe que es orientativa, a cualquiera de nuestros hijos se le puede escapar el pipi en el último momento.
Los amigos son esa familia que se escoge, esa familia que te encuentras por sorpresa cuando menos te lo esperas. Esa tribu entera que se necesita para criar a un niño, en mi caso es la tribu de los mojilitros. El nombre certifica lo bien que lo pasamos juntos ¿verdad? Os lo he dicho ya alguna vez, ahora lo escribo, estoy muy contenta de conoceros, muchas gracias por esos ratos compartidos.
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martes, 12 de junio de 2012
Hace un mes que me duelen los ojos...
... de mirar sin verte. ¿Qué ha tenido la culpa de tu mala suerte, mi rosa de abril?
Hoy hace un mes que acaricié por última vez la cabeza de mi Leo y le susurré al oído "Te quiero, no lo dudes, siempre te querremos" y el Miguel se lo llevó a despedirse de su campo, y después al veterinario para que descansara. Hace un mes que sacrificamos a Leo.
Antes de semana santa tuvo una fuerte diarrea, eso hizo que bajaran sus defensas y ahí la enfermedad se ha hecho fuerte y, aunque lo hemos intentado, los últimos días estaba claro que el tratamiento no estaba haciendo efecto. Un perro enfermo de leishmania activa es un peligro de contagio para el resto de animales, así que la decisión era clara...por él, por nosotros, por el resto. Pero por más clara no es menos dura de tomar.
La mañana más dura de mi vida la pasé jugando con mis hijas y tirando las cosas del Leo, haciendo ver que no pasaba nada. Aguantando el tipo por mis niñas, mientras mi corazón estaba destrozado cantaba las canciones de "El Rey León".
Y así llevo un mes. Aguantando el tipo por mis niñas y aguantando el tipo por el Miguel. Y aguantando el tipo porque la mayor parte de la gente no entiende que mi perro era mi familia. "No lo compares con tus hijas". Pues claro que no lo comparo, por supuesto que no tiene nada que ver.
No hay nada que comparar, el amor multiplica, no resta. Es amor y es dolor lo que siento por mi perro, tiene su lugar, es uno más de mis amores. Lo va a ser siempre aunque ya no esté.
Porque han sido siete años maravillosos. Descubrí Yecla callejeando contigo de la correa siendo tu cachorro, las preciosas calles empinadas alrededor de la Iglesia Vieja. Vimos también juntos el Arabí y no podré pisar el Arabilejo sin recordar como te metiste en una de las cazoletas de cabeza porque tenía agua y salíste empapado, te sacudiste y nos empapaste a nosotros. No volveré a pasar por la ronda al lado del cementerio sin acordarme de nuestros fantásticos paseos por el Cerro del Castillo.
Porque no puedo estar en nuestro campo sin coger una piedra del suelo para tirartela para jugar...Y en casa, cada minuto de cada hora me parece que vas a doblar la esquina del pasillo o, ahora mismo, sentada en el ordenador, vas a apoyar tu cabeza en mis rodillas, como solías.
Porque no podré recordar mis embarazos y la niñez de Sara y Núria sin tu recuerdo. Mis primeras sospechas de embarazo fueron porque me lamias la barriga al llegar a casa, antes incluso de tener retrasos. Y esas largas tardes en las que tenía contracciones y tu te echabas a mi lado y gemías cuando tenía dolor ¿como lo notabas?. La primera palabra que dijo Sara fué "Líiio", y a las dos les ha encantado compartir coscorros de pan contigo. Núria se tronchaba de risa cuando al llegar a casa salías a saludarnos.
Porque sin haberte tenido no habria conocido a Juan y Feli ni a Jose y Yolanda, los dueños de Luna, los dueños de Urko, a los que considero buenos amigos.
Porque aunque en estos siete años han habido también cosas muy feas, como las discusiones con la familia y los vecinos, y tus enfermedades y tus últimos días, que han sido horribles, tenerte es una de las cosas mejores que hecho en mi vida. Una de las cosas que más me ha hecho feliz en mi vida. La diferencia entre estar sola y estar en compañía.
En estos días, gente que no me conoce de nada me para por la calle y me pregunta por ti. "¿Y ese perro blanco que siempre llevabas?, que gracia me hacía siempre al ladito de las niñas, sin tirar ni nada" "Nena, perdona ¿es que se te ha muerto el perro que hace días que te veo sin el?" El viernes mismo una mujer muy graciosa "En este paseo falta uno". Y yo les explico que te hemos sacrificado, agradecida de poder recordarte, de que otros se den cuenta que no estás y te recuerden con tanto cariño. Haber sido la dueña de Leo es una de las cosas de las que siempre estaré orgullosa. Te quiero mi Leíto, no lo dudes, siempre te querremos.
Hoy hace un mes que acaricié por última vez la cabeza de mi Leo y le susurré al oído "Te quiero, no lo dudes, siempre te querremos" y el Miguel se lo llevó a despedirse de su campo, y después al veterinario para que descansara. Hace un mes que sacrificamos a Leo.
Antes de semana santa tuvo una fuerte diarrea, eso hizo que bajaran sus defensas y ahí la enfermedad se ha hecho fuerte y, aunque lo hemos intentado, los últimos días estaba claro que el tratamiento no estaba haciendo efecto. Un perro enfermo de leishmania activa es un peligro de contagio para el resto de animales, así que la decisión era clara...por él, por nosotros, por el resto. Pero por más clara no es menos dura de tomar.
La mañana más dura de mi vida la pasé jugando con mis hijas y tirando las cosas del Leo, haciendo ver que no pasaba nada. Aguantando el tipo por mis niñas, mientras mi corazón estaba destrozado cantaba las canciones de "El Rey León".
Y así llevo un mes. Aguantando el tipo por mis niñas y aguantando el tipo por el Miguel. Y aguantando el tipo porque la mayor parte de la gente no entiende que mi perro era mi familia. "No lo compares con tus hijas". Pues claro que no lo comparo, por supuesto que no tiene nada que ver.
No hay nada que comparar, el amor multiplica, no resta. Es amor y es dolor lo que siento por mi perro, tiene su lugar, es uno más de mis amores. Lo va a ser siempre aunque ya no esté.
Porque han sido siete años maravillosos. Descubrí Yecla callejeando contigo de la correa siendo tu cachorro, las preciosas calles empinadas alrededor de la Iglesia Vieja. Vimos también juntos el Arabí y no podré pisar el Arabilejo sin recordar como te metiste en una de las cazoletas de cabeza porque tenía agua y salíste empapado, te sacudiste y nos empapaste a nosotros. No volveré a pasar por la ronda al lado del cementerio sin acordarme de nuestros fantásticos paseos por el Cerro del Castillo.
Porque no puedo estar en nuestro campo sin coger una piedra del suelo para tirartela para jugar...Y en casa, cada minuto de cada hora me parece que vas a doblar la esquina del pasillo o, ahora mismo, sentada en el ordenador, vas a apoyar tu cabeza en mis rodillas, como solías.
Porque no podré recordar mis embarazos y la niñez de Sara y Núria sin tu recuerdo. Mis primeras sospechas de embarazo fueron porque me lamias la barriga al llegar a casa, antes incluso de tener retrasos. Y esas largas tardes en las que tenía contracciones y tu te echabas a mi lado y gemías cuando tenía dolor ¿como lo notabas?. La primera palabra que dijo Sara fué "Líiio", y a las dos les ha encantado compartir coscorros de pan contigo. Núria se tronchaba de risa cuando al llegar a casa salías a saludarnos.
Porque sin haberte tenido no habria conocido a Juan y Feli ni a Jose y Yolanda, los dueños de Luna, los dueños de Urko, a los que considero buenos amigos.
Porque aunque en estos siete años han habido también cosas muy feas, como las discusiones con la familia y los vecinos, y tus enfermedades y tus últimos días, que han sido horribles, tenerte es una de las cosas mejores que hecho en mi vida. Una de las cosas que más me ha hecho feliz en mi vida. La diferencia entre estar sola y estar en compañía.
En estos días, gente que no me conoce de nada me para por la calle y me pregunta por ti. "¿Y ese perro blanco que siempre llevabas?, que gracia me hacía siempre al ladito de las niñas, sin tirar ni nada" "Nena, perdona ¿es que se te ha muerto el perro que hace días que te veo sin el?" El viernes mismo una mujer muy graciosa "En este paseo falta uno". Y yo les explico que te hemos sacrificado, agradecida de poder recordarte, de que otros se den cuenta que no estás y te recuerden con tanto cariño. Haber sido la dueña de Leo es una de las cosas de las que siempre estaré orgullosa. Te quiero mi Leíto, no lo dudes, siempre te querremos.
martes, 13 de marzo de 2012
Feliz
Hoy martes y trece del año 2012, fecha que parece tan funesta, puedo decir que soy relativamente feliz. Siempre en la vida las cosas se pueden mejorar, hay cosas que me preocupan, pero en general puedo decir que soy relativamente feliz.
Cosas que me preocupan: Leo mantiene un brote de su leishmaniosis que hace que prácticamente tenga en una herida perpetua sus cuartos traseros. A veces apestan sus heridas a pus, otras parece que se van a cerrar definitivamente, pero vuelven a abrirse nuevas pupas. En un bucle desde hace varios meses. En positivo, que la analítica que tiene es de un perro sano, el parásito no le ha afectado los órganos internos y el animal está contento, aparte de la molestia de sus heridas, que procuramos aliviar con pomadas.
Otra cosa que me preocupa es que mi hija Sara pueda ir el año que viene al cole que queremos que vaya. Nada especial, es el cole de al lado de casa, y por proximidad en principio nos toca, pero hasta que no salgan las listas de admitidos pues ahí estamos, con la incertidumbre.
Me preocupa mi padre, y su tensión arterial que no se acaba de controlar.
Y me preocupa, como a la mayor parte de los ciudadanos de este país, las consecuencias que en mi pequeña economía familiar tenga esta crisis que nos han enviado los banqueros y que vamos a pagar los curritos. Se me ha pasado por la cabeza el autoempleo, pero después me veo con mis dos nenas y pienso que tengo "autoempleo" para un rato aún. Pero me rondan cosas por la cabeza.
Lo que contribuye a mi equilibrio son sobre todo mis dos niñas. Sara ya tiene (parece mentira) dos años y diez meses, es una niña pequeña muy cariñosa, despierta, un poco desobediente (y aunque me saca de quicio a veces, me gusta que tenga personalidad) tímida y lista. Muchas veces al día me meo de la risa con sus salidas, está lo que se dice comúnmente como para comérsela.
Núria también está para comérsela, la verdad. Núria ya tiene (esta parece aún más mentira) casi nueve meses. Es una bebé ya muy divertida, le encanta bailar, parlotear, hacer palmitas y chillar cuando sus papás intentan ver el telediario (cosa que visto lo que hay que ver hay que agradecerle). Son el día y la noche, tanto físicamente como en carácter. No parece haber de momento grandes celos, supongo que cuando Núria crezca algo más la competencia entre hermanas será más evidente. De momento se buscan mucho y tienen diariamente momentos de juegos y risas.
Hay momentos, muchos, en que las dos necesitan mi atención, y si, como habitualmente me pasa, estoy sola, me agobio. Hay días que el cansancio me puede y me siento muy sola en el páramo yeclano. Lloro de impotencia y rabia casi a diario en algún momento.
Pero en general, la mayor parte de los minutos de las horas que conforman mi día a día, tengo la sensación de que no me puedo quejar con mi suerte: que tengo un marido al que amo y que me quiere, que tengo dos niñas preciosas que crecen fuertes, sanas, listas y felices, que tengo un perro al que mantengo estable en sus enfermedades y que creo que es feliz, y aunque hecho de menos mi tierra y mi gente todos los días he conocido a buenas amigas por estos lares que me hacen menos áspera la soledad. No está mal.
Cosas que me preocupan: Leo mantiene un brote de su leishmaniosis que hace que prácticamente tenga en una herida perpetua sus cuartos traseros. A veces apestan sus heridas a pus, otras parece que se van a cerrar definitivamente, pero vuelven a abrirse nuevas pupas. En un bucle desde hace varios meses. En positivo, que la analítica que tiene es de un perro sano, el parásito no le ha afectado los órganos internos y el animal está contento, aparte de la molestia de sus heridas, que procuramos aliviar con pomadas.
Otra cosa que me preocupa es que mi hija Sara pueda ir el año que viene al cole que queremos que vaya. Nada especial, es el cole de al lado de casa, y por proximidad en principio nos toca, pero hasta que no salgan las listas de admitidos pues ahí estamos, con la incertidumbre.
Me preocupa mi padre, y su tensión arterial que no se acaba de controlar.
Y me preocupa, como a la mayor parte de los ciudadanos de este país, las consecuencias que en mi pequeña economía familiar tenga esta crisis que nos han enviado los banqueros y que vamos a pagar los curritos. Se me ha pasado por la cabeza el autoempleo, pero después me veo con mis dos nenas y pienso que tengo "autoempleo" para un rato aún. Pero me rondan cosas por la cabeza.
Lo que contribuye a mi equilibrio son sobre todo mis dos niñas. Sara ya tiene (parece mentira) dos años y diez meses, es una niña pequeña muy cariñosa, despierta, un poco desobediente (y aunque me saca de quicio a veces, me gusta que tenga personalidad) tímida y lista. Muchas veces al día me meo de la risa con sus salidas, está lo que se dice comúnmente como para comérsela.
Núria también está para comérsela, la verdad. Núria ya tiene (esta parece aún más mentira) casi nueve meses. Es una bebé ya muy divertida, le encanta bailar, parlotear, hacer palmitas y chillar cuando sus papás intentan ver el telediario (cosa que visto lo que hay que ver hay que agradecerle). Son el día y la noche, tanto físicamente como en carácter. No parece haber de momento grandes celos, supongo que cuando Núria crezca algo más la competencia entre hermanas será más evidente. De momento se buscan mucho y tienen diariamente momentos de juegos y risas.
Hay momentos, muchos, en que las dos necesitan mi atención, y si, como habitualmente me pasa, estoy sola, me agobio. Hay días que el cansancio me puede y me siento muy sola en el páramo yeclano. Lloro de impotencia y rabia casi a diario en algún momento.
Pero en general, la mayor parte de los minutos de las horas que conforman mi día a día, tengo la sensación de que no me puedo quejar con mi suerte: que tengo un marido al que amo y que me quiere, que tengo dos niñas preciosas que crecen fuertes, sanas, listas y felices, que tengo un perro al que mantengo estable en sus enfermedades y que creo que es feliz, y aunque hecho de menos mi tierra y mi gente todos los días he conocido a buenas amigas por estos lares que me hacen menos áspera la soledad. No está mal.
martes, 29 de noviembre de 2011
Vuelvo a la carga, resumen de cómo estamos.
Pues eso que me he hecho el propósito de volver a escribir en el blog de forma habitual. Nuria ya tiene 5 meses que si os digo la verdad, no sé dónde los he metido. Se me han pasado en un suspiro. Parece que fué ayer que llegué del hospital. Ahora, aunque lejos de estar bien organizada, mi vida y mi casa ha dejado de ser un caos permanente de horarios y cosas por hacer, y me veo con la posibilidad de rasguñar unos minutos para escribir en el blog.
Os pongo al dia de las gentes de mi casa, como resumen de estos cinco meses. Papá pitufo, mi marido, bien de salud, jodido de trabajo, con múltiples trabajos acabados y por cobrar y un estado de nerviosismo por el tema económico evidente.
Mamá pitufa a ratos disfrutando/padeciendo de la crianza de sus niñas, a ratos preocupada como papá pitufo y muy preocupada por papá pitufo porque cree que se come mucho la cabeza y eso nunca es bueno. Muy orgullosa de sus pitufinas.
Pitufina grande, Sara, ha crecido mucho estos cinco meses. Ha evolucionado muchísimo en este tiempo, ha crecido físicamente y ya es más una niña pequeña en sus formas y en su manera de moverse. Pero la mayor evolución ha sido la mental. Pasar a ser hermana mayor le ha sentado muy bien, es muy autónoma aunque lógicamente a sus dos añitos y medio nos requiere para muchas cosas y, de lo que estoy más orgullosa, está construyendo una relación preciosa con su padre y con su hermana. Se está convirtiendo en una niña la mar de cariñosa con nosotros. Ha dejado atrás sus problemas con el habla, ahora hay que decirle que se calle.
Pitufina pequeña, Núria, la gran desconocida de este blog, es lo que Carlos González define como la hija de la vecina. Es un bebé amoroso, risueño, glotón y dormilón. Un amorcito achuchable que apunta a tener un carácter más abierto y risueño que su hermana. Es, como Sara, una niña muy alta, y ahí acaban sus parecidos. Nuria es morena, ojos marrones, tez morena, siempre dispuesta a unas risas y un bebé bastante paciente, tanto que las pocas veces que ha llorado con ganas nos hemos asustado Papá pitufo y yo pensando que le ocurría algo grave. El que sea tan plácida ha contribuido mucho a que estos primeros meses mamá Pitufa no se haya vuelto majareta.
Y por último Pitufo peludo, el Leo, está hecho un campeón. Como suponía ha recibido a Núria sin mover una pestaña, no ha advertido el cambio y sólo de vez en cuando se acerca a olerla cuando está en la hamaca. Con Sara tienen pequeñas disputas por la comida, porque se pone pedigüeño cuando ella come, con esa cara de hambre que ponen los perros y Sara le dice "Leo NOOO MIOOO, QUITAAA!!!" que supongo que en lenguaje adulto viene a decir "no me mires con esa cara que al final te lo daré y luego me arrepentiré de habertelo dado". De salud está estupendo, hace unas semanas le hicimos una analítica y salió perfecta y también está en su peso por fin. Las únicas pegas son que el tratamiento que toma para la leishmania le hace orinar mucho, y que cuando hace rato que está echado al levantarse le cuesta y renquea un poco. Que sus caderas se están deteriorando es evidente, pero dentro de todo lo que lleva encima, está fenomenal según su veterinario.
Ale, ya he quitado las telarañas del blog, que le hacía falta. Espero reengancharos y que me sigais leyendo. La próxima entrada en unos días.
Os pongo al dia de las gentes de mi casa, como resumen de estos cinco meses. Papá pitufo, mi marido, bien de salud, jodido de trabajo, con múltiples trabajos acabados y por cobrar y un estado de nerviosismo por el tema económico evidente.
Mamá pitufa a ratos disfrutando/padeciendo de la crianza de sus niñas, a ratos preocupada como papá pitufo y muy preocupada por papá pitufo porque cree que se come mucho la cabeza y eso nunca es bueno. Muy orgullosa de sus pitufinas.
Pitufina grande, Sara, ha crecido mucho estos cinco meses. Ha evolucionado muchísimo en este tiempo, ha crecido físicamente y ya es más una niña pequeña en sus formas y en su manera de moverse. Pero la mayor evolución ha sido la mental. Pasar a ser hermana mayor le ha sentado muy bien, es muy autónoma aunque lógicamente a sus dos añitos y medio nos requiere para muchas cosas y, de lo que estoy más orgullosa, está construyendo una relación preciosa con su padre y con su hermana. Se está convirtiendo en una niña la mar de cariñosa con nosotros. Ha dejado atrás sus problemas con el habla, ahora hay que decirle que se calle.
Pitufina pequeña, Núria, la gran desconocida de este blog, es lo que Carlos González define como la hija de la vecina. Es un bebé amoroso, risueño, glotón y dormilón. Un amorcito achuchable que apunta a tener un carácter más abierto y risueño que su hermana. Es, como Sara, una niña muy alta, y ahí acaban sus parecidos. Nuria es morena, ojos marrones, tez morena, siempre dispuesta a unas risas y un bebé bastante paciente, tanto que las pocas veces que ha llorado con ganas nos hemos asustado Papá pitufo y yo pensando que le ocurría algo grave. El que sea tan plácida ha contribuido mucho a que estos primeros meses mamá Pitufa no se haya vuelto majareta.
Y por último Pitufo peludo, el Leo, está hecho un campeón. Como suponía ha recibido a Núria sin mover una pestaña, no ha advertido el cambio y sólo de vez en cuando se acerca a olerla cuando está en la hamaca. Con Sara tienen pequeñas disputas por la comida, porque se pone pedigüeño cuando ella come, con esa cara de hambre que ponen los perros y Sara le dice "Leo NOOO MIOOO, QUITAAA!!!" que supongo que en lenguaje adulto viene a decir "no me mires con esa cara que al final te lo daré y luego me arrepentiré de habertelo dado". De salud está estupendo, hace unas semanas le hicimos una analítica y salió perfecta y también está en su peso por fin. Las únicas pegas son que el tratamiento que toma para la leishmania le hace orinar mucho, y que cuando hace rato que está echado al levantarse le cuesta y renquea un poco. Que sus caderas se están deteriorando es evidente, pero dentro de todo lo que lleva encima, está fenomenal según su veterinario.
Ale, ya he quitado las telarañas del blog, que le hacía falta. Espero reengancharos y que me sigais leyendo. La próxima entrada en unos días.
martes, 7 de junio de 2011
Sara dos años
Buff!! ya hace quince días del cumple de Sara!! y yo sin comentarlo por aquí. Tengo el blog muy dejado de la mano de Dios. Bueno, espero que me comprendáis, he entrado en la semana 38 de embarazo, ha sido el cumple de mi pequeña y además me han atacado un catarro (del que no me podía medicar) y un dolor de muelas de juicio (ídem). Así que he estado un poco, muy, bastante...agotada.
Pero que mi niña ha hecho dos años lo tengo que comentar. Ya dos años desde que nació, cómo pasa el tiempo y cómo ha crecido mi bebé. Ha crecido en inteligencia y belleza, parafraseando a los evangelios, jajaja. Ya es una niña pequeña con mucha personalidad, con genio, dulce, cariñosa, cabezota, sensible. Está entrando en esa fase que tienen los niños pequeños en que te los comerías con sus monerías y a los diez minutos los matarías de lo borricos que se ponen. Además sigue hipersensible y enmadradísima con sus celitos.
No le entendemos casi nada de lo que dice. Sí que intenta hablar mucho, y yo entiendo que me quiere decir cosas concretas, que se quiere expresar, y es muy frustrante para ella y para nosotros no entenderla. Sé que si la entendiéramos mejor cuando habla los celos serían más llevaderos para todos. De todas maneras en los últimos días entendemos alguna palabra más: "ía" y señala mi barriga, creemos que quiere decir "Núria", "Papá" y "Mamá" ya por fin lo dice con mucha claridad. Creo que "papá" de todas formas ahora es cualquier hombre que conozca, porque ya la he pescado diciendo papá a algún vecino, algún padre de la guardería y a su abuelo. Conoce perfectamente las partes del cuerpo, le encanta que le digamos los nombres y ella señalarlos, hay algunos como "pie" que sí que dice perfectamente. También dice "illa", "zapatilla" para que la calcemos al bajar de la cama...cada día una o dos palabrejitas más.
Tiene ya unos hábitos de higiene y varias rutinas diarias muy bien adquiridas, que le gusta seguir y a veces te las marca ella misma. Le encanta ayudar a poner la mesa, por ejemplo, disfruta del baño, del momento de ir a la cama... Eso hace que la mayor parte del día esté de bastante buen humor, y que la tarea de atenderla sola con mi barrigón de 38 semanas (Miguel habitualmente se va antes de las 8 y vuelve después de las 20:30) sea más llevadera, por lo menos a nivel emocional, ya que es más fácil atenderla con sonrisas que con llantos y rabietas.
Y bueno hasta aquí el repasillo de cómo está Sara con sus preciosos dos años (seguro que se me ha notado un poco la pasión de madre). A ver si en unos días me animo y hago otra entrada de cómo va mi embarazo en su recta final. Ya os adelanto, supongo que lo comprendéis, que una vez nazca Nuria el blog cerrará por maternidad una temporadita. Por si ocurre antes de mi próxima entrada, un beso a todos y feliz verano.
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jueves, 5 de mayo de 2011
De celos
Estoy en la semana 33 de embarazo. Todo está yendo bastante bien a nivel físico, he tenido un par de tardes que me han dado contracciones, pero vamos, en general me encuentro bien, algo cansada, pero con la barriga que llevo a cuestas, atender a Sara y la casa y Leo, me parece que es normal.
Mis dos bichillos estas dos últimas semanas parecen haberse puesto de acuerdo para darme más faena. Por un lado está Leo, que como a buen animal, la primavera la sangre le altera. O sea, que el pobre anda cardíaco porque todas las perras del barrio andan en celo, y las hormonas están en el aire. Además está cambiando al pelo de verano, por lo que cuidarle estos días también se complica: hay que cepillarle más y aún así suelta una cantidad ingente de pelo. Va alterado en los paseos, olisqueando y tirando mucho de la correa. Eso en cuanto a su comportamiento. Además estos días has de ir pendiente del comportamiento de los demás perros, en especial de los perros cuyos dueños son tan irresponsables de llevarlos sin correa. Yo puedo llegar a entender que un perro pequeño impone menos y a la gente le importe poco que vaya suelto y el dueño el resto del año se aproveche de eso, pero estamos en la época de los celos de las perras. Los perros por el pueblo siempre deben ir atados, y en esta época más que nunca, porque sus reacciones no son las normales, en estos días todos los perros son más propensos a las peleas. Con lo fácil que es evitar esto si todos los animales van como es debido.
Respecto a si Leo está alterado por la venida de Nuria, o si es posible que le den celos a él, es una posibilidad que, teniendo la experiencia de cómo se comportó cuando nació Sara, no me preocupa en absoluto. Por supuesto volveremos a seguir las mismas pautas de presentación que nos fueron tan bien con Sara y estaremos vigilantes a cualquier cambio con respecto a su relación con las niñas, y continuaremos con la norma básica de que niñas y perro nunca se dejan solos.
La que sí me preocupa es Sara. Que ya está empezando a tener manifestaciones de celos. En casa habíamos notado a la niña más llorona hacía días, y últimamente hace varios despertares en la noche, ella que tan bien duerme normalmente. Pero como también pasó en Semana Santa unos días complicados porque estuvo con conjuntivitis, mucha congestión y fiebre, pensábamos que quizás era que no se había acabado de recuperar.
Pero ayer al recogerla de la guardería sus cuidadoras, Cristina y MªJosé me comentaron que ellas estaban notando celos en Sara. Lleva esta semana sin dormir en la guardería, y al parecer está toda la mañana abrazada a ellas y con muchos episodios de llanto, cosa que les llama la atención mucho, porque normalmente rara vez llora. Me aconsejaron que la mimemos mucho, e intentemos que las atenciones sean en positivo ("oh que bien ha hecho esto Sara") y evitemos reñirle para que no entre en una dinámica de portarse mal para llamar la atención. Sobretodo que una vez nazca Nuria la impliquemos todo lo posible en su cuidado (teniendo en cuenta que tiene 2 añitos, no se como va a ser eso...) Y si ya ha empezado a pasarlo mal cuando aún queda mes y pico para que nazca su hermana, me agobia pensar cómo lo va a pasar después.
Ayer una buena amiga me dijo que estaba preocupada por mí, por cómo iba a poder organizarme con la llegada de Núria. Le agradezco la preocupación, sé la primera que lo voy a pasar apurada unos cuantos meses (o el primer año) con las dos niñas pequeñas y todo. Pero al fin y al cabo es algo que he decidido yo, como persona adulta y madre, conscientemente. Pero me duele el dolor de mi hija, que no ha decidido nada de los cambios que se avecinan en su vida. Desde aquí a las que ya teneis experiencia, por favor, dadme consejos para ayudar a mi princesa a sobrellevar este cambio.
Mis dos bichillos estas dos últimas semanas parecen haberse puesto de acuerdo para darme más faena. Por un lado está Leo, que como a buen animal, la primavera la sangre le altera. O sea, que el pobre anda cardíaco porque todas las perras del barrio andan en celo, y las hormonas están en el aire. Además está cambiando al pelo de verano, por lo que cuidarle estos días también se complica: hay que cepillarle más y aún así suelta una cantidad ingente de pelo. Va alterado en los paseos, olisqueando y tirando mucho de la correa. Eso en cuanto a su comportamiento. Además estos días has de ir pendiente del comportamiento de los demás perros, en especial de los perros cuyos dueños son tan irresponsables de llevarlos sin correa. Yo puedo llegar a entender que un perro pequeño impone menos y a la gente le importe poco que vaya suelto y el dueño el resto del año se aproveche de eso, pero estamos en la época de los celos de las perras. Los perros por el pueblo siempre deben ir atados, y en esta época más que nunca, porque sus reacciones no son las normales, en estos días todos los perros son más propensos a las peleas. Con lo fácil que es evitar esto si todos los animales van como es debido.
Respecto a si Leo está alterado por la venida de Nuria, o si es posible que le den celos a él, es una posibilidad que, teniendo la experiencia de cómo se comportó cuando nació Sara, no me preocupa en absoluto. Por supuesto volveremos a seguir las mismas pautas de presentación que nos fueron tan bien con Sara y estaremos vigilantes a cualquier cambio con respecto a su relación con las niñas, y continuaremos con la norma básica de que niñas y perro nunca se dejan solos.
La que sí me preocupa es Sara. Que ya está empezando a tener manifestaciones de celos. En casa habíamos notado a la niña más llorona hacía días, y últimamente hace varios despertares en la noche, ella que tan bien duerme normalmente. Pero como también pasó en Semana Santa unos días complicados porque estuvo con conjuntivitis, mucha congestión y fiebre, pensábamos que quizás era que no se había acabado de recuperar.
Pero ayer al recogerla de la guardería sus cuidadoras, Cristina y MªJosé me comentaron que ellas estaban notando celos en Sara. Lleva esta semana sin dormir en la guardería, y al parecer está toda la mañana abrazada a ellas y con muchos episodios de llanto, cosa que les llama la atención mucho, porque normalmente rara vez llora. Me aconsejaron que la mimemos mucho, e intentemos que las atenciones sean en positivo ("oh que bien ha hecho esto Sara") y evitemos reñirle para que no entre en una dinámica de portarse mal para llamar la atención. Sobretodo que una vez nazca Nuria la impliquemos todo lo posible en su cuidado (teniendo en cuenta que tiene 2 añitos, no se como va a ser eso...) Y si ya ha empezado a pasarlo mal cuando aún queda mes y pico para que nazca su hermana, me agobia pensar cómo lo va a pasar después.
Ayer una buena amiga me dijo que estaba preocupada por mí, por cómo iba a poder organizarme con la llegada de Núria. Le agradezco la preocupación, sé la primera que lo voy a pasar apurada unos cuantos meses (o el primer año) con las dos niñas pequeñas y todo. Pero al fin y al cabo es algo que he decidido yo, como persona adulta y madre, conscientemente. Pero me duele el dolor de mi hija, que no ha decidido nada de los cambios que se avecinan en su vida. Desde aquí a las que ya teneis experiencia, por favor, dadme consejos para ayudar a mi princesa a sobrellevar este cambio.
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viernes, 1 de abril de 2011
Reencuentro con las "trinis"
Estos días por el feisbuc me estoy reencontrando con bastantes ex-compañeras del cole. Mi cole, era un cole de monjas, "Religiosas Trinitarias Terciarias" o más comúnmente conocidas como "las trinis". Las trinis tambíén se nos llamaba a las niñas que íbamos a ese cole (ahora deben ser "los trinis"). Nosotras vivimos la extraña experiencia de ser de los últimos cursos en que aún no era mixto, dos cursos por debajo del nuestro, habían niños, pero nuestro curso aún era sólo de niñas.
Como sabeis, hace seis años estoy viviendo en Yecla (Murcia), por lo que la posibilidad de encontrarme con conocidos antiguos por la calle está bastante limitadita. Para mí internet además de una forma de expresarme a través del blog y de buscar información de cualquier tipo, me resulta un enorme soplo de aire fresco. Estos días abro con ílusión la red para saber que muchas de mis ex-compañeras estamos compartiendo la experiencia de la maternidad, que vivimos en pareja, ver sus fotos de perfil treintañeras, las fotos de nuestros hijos, las fotos antiguas con la horrible bata azul del cole sonriendo a cámara desde nuestros diez-y-pocos años. Me hace sentir acompañada en mi páramo yeclano.
Sé que vais a hacer una cena de excompañeras. Me disculpais, pero con mi "bombo" de siete meses me abstengo de hacer un viaje a Badalona. Eso sí, ¡¡quiero fotos en el feisbuc del evento!!. Re-bienvenidas a mi vida, aunque sea sólo a la parte virtual. Un besazo.
Como sabeis, hace seis años estoy viviendo en Yecla (Murcia), por lo que la posibilidad de encontrarme con conocidos antiguos por la calle está bastante limitadita. Para mí internet además de una forma de expresarme a través del blog y de buscar información de cualquier tipo, me resulta un enorme soplo de aire fresco. Estos días abro con ílusión la red para saber que muchas de mis ex-compañeras estamos compartiendo la experiencia de la maternidad, que vivimos en pareja, ver sus fotos de perfil treintañeras, las fotos de nuestros hijos, las fotos antiguas con la horrible bata azul del cole sonriendo a cámara desde nuestros diez-y-pocos años. Me hace sentir acompañada en mi páramo yeclano.
Sé que vais a hacer una cena de excompañeras. Me disculpais, pero con mi "bombo" de siete meses me abstengo de hacer un viaje a Badalona. Eso sí, ¡¡quiero fotos en el feisbuc del evento!!. Re-bienvenidas a mi vida, aunque sea sólo a la parte virtual. Un besazo.
lunes, 7 de marzo de 2011
Carnaval, carnaval...
Este fin de semana como todos sabeis ha sido Carnaval, el segundo para Sara, aunque el año pasado era muy pequeñita para darse cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor. La hemos disfrazado dos veces, una para la fiesta de carnaval de la guarde, el viernes, y la otra ayer, que hacían pasacalles por el pueblo.
El viernes parece que no lo disfrutó mucho por la mañana. Su maestra iba disfrazada de Pippi Calzaslargas y se puso la peluca de rigor, a Sara le dió miedo, y le daban miedo todas las otras maestras que entraron al aula a lo largo de la mañana. Después parece que se tranquilizó y cuando le pusieron música y comida se animó más. Me dió un poco de lástima que algo que se prepara para que lo pasen bien, ella en vez de disfrutarlo, lo padeciera.
Por la tarde le arreglé las coletas y fuimos a que Alicia le hiciera unas fotitos, como también estaba allí cierto mago, pues se lo pasaron bien el ratito que estuvieron juntos. Ya por la noche fuimos a ver a los abuelos y los tíos y a comer fritillas, ahí sí lo pasó en grande. Le gustó mucho además darle besitos y abracitos a su prima Leire. Vino tan contenta y excitada a casa que costó un poquito que se quedara dormida.
Como digo ayer domingo la volvimos a disfrazar, nosotros pensábamos que no iba a disfrutar mucho, sobretodo porque no había echado siesta, y de hecho se durmió mientras íbamos a posicionarnos para ver el desfile. La música le despertó y por casualidad nos encontramos con el hermano y los primos del Miguel, con sus respectivos niños, y claro, entre tanta chiquillería, se lo pasó en grande.
Habían dos caperucitas, un pollo (¿o era pato?), una tortuga ninja y dos bebés tan chiquitinas que no las disfrazaron (bueno, a mi sobrina le pusieron un gorrito con orejitas de ratón). Después nos fuimos a tomar un café juntos (todo lo que se pudo, porque no había sitio) y creo que tanto mayores como pequeños lo pasamos razonablemente bien, con la reunión improvisada. Nuevamente Sara llegó tan contenta a casa que costó que se durmiera, y eso que le dimos un paseo tranquilo y le pusimos el pijama con masajito y todo. Bueno, en resumen, que ha estado bien el carnaval de este año, el año que viene más...
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viernes, 4 de marzo de 2011
Que la vida nos dé un camino muy largo
Hoy me voy a salir un poco de los temas que suelo hablar en el blog. Hoy quiero compartir con vosotros esta preciosa canción de Lluís Llach. Evidentemente se la dedico a mi marido, está canción sonó en nuestra boda, mis amigos la cantaron acompañados de guitarra (si, fue tan kumba como parece).
La comparto hoy, porque ayer el Miguel estuvo en una feria en Madrid, y no estaba claro si iba a volver a dormir a casa. Estuve todo el día medio zombi. Después de tres años de novios y seis años de casados, con el desgaste que conlleva la convivencia. Con una hija y otra en camino, con el desgaste y el cansancio que los hijos conllevan en la relación de pareja, la idea de no ver al Miguel un día de mi vida me sigue doliendo casi físicamente. Es para celebrarlo, y yo lo hago con esta entrada que me está quedando tan moña. Espero sólo, como dice la canción, un poco de suerte y que la vida nos dé un camino bien largo.
Traducción:
"Si me dices adiós
quiero que el día sea limpio y claro,
que ningún pájaro
rompa la armonía de su canto.
Que tengas suerte
y que encuentres
lo que te ha faltado en mí.
Si me dices te quiero
que el sol haga el día mucho más largo,
y así robar
tiempo al tiempo de un reloj parado.
Que tengamos suerte,
que encontremos
todo lo que nos faltó, ayer.
Y así toma
y así toma
todo el fruto que te pueda dar
el camino que, poco a poco, escribes para mañana.
Que mañana,
que mañana faltará el fruto a cada paso
por eso, a pesar de la niebla, es necesario caminar.
Si vienes conmigo
no pidas un camino llano
ni estrellas de plata
ni un mañana llena de promesas,
solamente,
un poco de suerte
y que la vida nos dé un camino
bien largo."
La comparto hoy, porque ayer el Miguel estuvo en una feria en Madrid, y no estaba claro si iba a volver a dormir a casa. Estuve todo el día medio zombi. Después de tres años de novios y seis años de casados, con el desgaste que conlleva la convivencia. Con una hija y otra en camino, con el desgaste y el cansancio que los hijos conllevan en la relación de pareja, la idea de no ver al Miguel un día de mi vida me sigue doliendo casi físicamente. Es para celebrarlo, y yo lo hago con esta entrada que me está quedando tan moña. Espero sólo, como dice la canción, un poco de suerte y que la vida nos dé un camino bien largo.
Traducción:
"Si me dices adiós
quiero que el día sea limpio y claro,
que ningún pájaro
rompa la armonía de su canto.
Que tengas suerte
y que encuentres
lo que te ha faltado en mí.
Si me dices te quiero
que el sol haga el día mucho más largo,
y así robar
tiempo al tiempo de un reloj parado.
Que tengamos suerte,
que encontremos
todo lo que nos faltó, ayer.
Y así toma
y así toma
todo el fruto que te pueda dar
el camino que, poco a poco, escribes para mañana.
Que mañana,
que mañana faltará el fruto a cada paso
por eso, a pesar de la niebla, es necesario caminar.
Si vienes conmigo
no pidas un camino llano
ni estrellas de plata
ni un mañana llena de promesas,
solamente,
un poco de suerte
y que la vida nos dé un camino
bien largo."
lunes, 3 de enero de 2011
El tiempo corre en su contra
La semana pasada me encontré con una señora, vecina del barrio, de esas vecinas que nos conocemos por tener perro, como "la dueña de..." y no sabemos nuestros nombres. Se paró a decirles dos monerías a mi hija y a preguntar por la salud de Leo. "¿Sabías que se me ha muerto mi "Chico"?". No, no lo sabía. La verdad es que el animalito rondaba ya los 14 años y estaba muy mayor, pero me dió mucha lástima enterarme.
Leo va a cumplir seis años en Febrero. De los perros con los que se relacionaba de cachorro, no queda ninguno en el barrio, unos se han ido muriendo, otros se han mudado de sitio. Demasiado a menudo en el último año, me han dado la misma noticia: "Mi perro se me ha muerto". Así que le quedan bastantes pocos animales con los que relacionarse, al pobre. La Luna, que es un par de años más joven y para de contar. Son esas cosas que hacen que mires a tu animal y calcules cuánto tiempo más vas a disfrutar de su compañía silenciosa y leal. Estoy un poco melancólica, es que veo que envejece y está enfermo, y sé que el tiempo corre en su contra.
Leo va a cumplir seis años en Febrero. De los perros con los que se relacionaba de cachorro, no queda ninguno en el barrio, unos se han ido muriendo, otros se han mudado de sitio. Demasiado a menudo en el último año, me han dado la misma noticia: "Mi perro se me ha muerto". Así que le quedan bastantes pocos animales con los que relacionarse, al pobre. La Luna, que es un par de años más joven y para de contar. Son esas cosas que hacen que mires a tu animal y calcules cuánto tiempo más vas a disfrutar de su compañía silenciosa y leal. Estoy un poco melancólica, es que veo que envejece y está enfermo, y sé que el tiempo corre en su contra.
lunes, 25 de octubre de 2010
La relación entre Sara y Leo
Cuando estaba embarazada de Sara no fueron pocas las opiniones en contra de que Leo continuara formando parte de nuestra família. Que le iba a coger celos, que si le iba a hacer coger una infección a la niña.
A nosotros nos preocupaba quizás el tema de los celos un poco. Aunque Leo siempre ha sido tratado en casa como a un perro y no como a un bebé y sabe cuál es su lugar. Preguntamos a su veterinario su opinión al respecto. El hombre sonrió y nos dijo: "Es que yo no soy muy objetivo, mis tres hijos se han criado con dos perros en casa, para nosotros la experiencia no pudo ser más positiva, que os voy a decir". Lo que sí nos dio unas pautas a seguir: que lo que viéramos que había que cambiar en sus costumbres lo hiciéramos durante el embarazo, y que le enseñáramos y le dejáramos oler las cosas nuevas del bebé. También nos explicó que era importante cómo presentábamos al bebé al perro, para que el lo asociara con algo positivo.
También lo comentamos en el hospital cuando nació mi hija y en su primera visita al pediatra. En ambos casos nos aseguraron que tanto el riesgo de transmitir enfermedades, como de que provoquen accidentes/ataques por celos es mucho mayor entre hermanos o incluso primos, que entre bebé y perro. Evidentemente teníamos que tener un cierto cuidado, pero que ellos no veían ningún riesgo. El pediatra de Sara, de hecho, nos comentó que sí que se pregunta en una encuesta que hacen sobre riesgos para la salud del bebé si hay hermanos en casa, pero no se pregunta sobre animales, porque son poquísimos casos en los que influye, y ni siquiera se tiene en cuenta. Este comentario nos tranquilizó definitivamente acerca de nuestra decisión
Cuando nació Sara, llevamos a Leo a una Residencia canina mientras estábamos en el hospital. Después se alargó unos días más, porque Sara estaba delicadita, y de todas formas no hubiéramos podido ocuparnos del animal. Así, las presentaciones se hicieron a la semana de haber nacido Sara. Mi marido fué a buscarle, con un pañal de la niña, que le hizo oler al recogerle de la residencia, y, en vez de traerle a casa directo, le llevó al descampado donde habitualmente le soltamos. Cuando se había desfogado algo, llegué yo con el cochecito del bebé. Obviamente el perro me saludó efusivamente y olisqueó el artefacto ese que me acompañaba, pero como aún estaba bastante excitado, no le enseñamos aún a la niña. Nos fuimos a dar un paseo, y cuando estaba ya más calmado cogí a Sara en brazos, le dejamos que la oliera con cuidado y finalizamos el paseo.
Los primeros meses, y hasta que Sara empezó a gatear, Leo generalmente la ignoraba, sólo dejaba de ignorarla para pasar a un papel de guardián en los paseos o si habían visitas en casa. Cuando empezó a gatear, Sara buscaba a Leo como a otro juguete más, y probaba a cogerle las orejas, los ojos, los bigotes, tocarle las patas...Leo generalmente le dejaba tocarle una o dos veces y se retiraba. Algunas veces mi hija le perseguía por toda la casa con su toqueteo y Leo me miraba pidiendo compasión con la mirada, yo intentaba distraerla con otro juego, explicándole sin éxito que Leo no es un peluche y que si le mete el dedo en el ojo le hace pupa. En esta época alguna vez he dudado si era justo para Leo esta situación, teniendo mucha menos atención de la que estaba acostumbrado, y además teniendo que soportar a la niña experimentando con él.
Hace unas semanas que Sara se ha arrancado a andar, y eso ha cambiado un montón la forma de relacionarse de mis bichos. Ahora jugamos juntos. Sara es capaz de tirarle una pelota, y Leo está encantado de cogérsela, me la da a mi, yo se la doy a Sara, que se la vuelve a tirar... Sara se troncha de risa viendo a Leo yendo a por la pelota que le ha tirado, y Leo está encantado de tener nuestra atención y se muestra incansable en el juego, cosa que me encanta, porque los últimos meses parecía volver a estar decaído.
Leo, que hasta hace poco veía a Sara y la rehuía, ahora a veces la busca, con la pelota en la boca, o le hace cosquillas con el morro en la barriga. Cuando venimos de recoger a Sara en la guardería, la saluda la primera, antes que a mí, y ni que decir que a mi se me cae la baba al verlo. También ha influido mucho en la buena relación que tienen, tengo que confesarlo, que Sara de vez en cuando le lanza pan desde la trona. Y claro, ya se sabe, por el pan baila el perro.
Estamos todo lo satisfechos que se puede estar del estado actual de la relación entre la niña y el perro. Sentimos que a Sara el estar compartiendo su día a día con un animal le enseña el respeto hacia todas las formas de vida, y también formas de cariño diferentes de la humana. Hace que de alguna forma tenga que ceder y compartir espacio y tiempo de juego con un compañero, y espero que eso haga que cuando llegue un hermanito, los celos sean menos traumáticos. Tener a Leo en casa es indudablemente un extra de trabajo, atención, y preocupaciones, pero también es un extra de satisfacción ver día a día como están aprendiendo a quererse estos dos granujas.
A nosotros nos preocupaba quizás el tema de los celos un poco. Aunque Leo siempre ha sido tratado en casa como a un perro y no como a un bebé y sabe cuál es su lugar. Preguntamos a su veterinario su opinión al respecto. El hombre sonrió y nos dijo: "Es que yo no soy muy objetivo, mis tres hijos se han criado con dos perros en casa, para nosotros la experiencia no pudo ser más positiva, que os voy a decir". Lo que sí nos dio unas pautas a seguir: que lo que viéramos que había que cambiar en sus costumbres lo hiciéramos durante el embarazo, y que le enseñáramos y le dejáramos oler las cosas nuevas del bebé. También nos explicó que era importante cómo presentábamos al bebé al perro, para que el lo asociara con algo positivo.
También lo comentamos en el hospital cuando nació mi hija y en su primera visita al pediatra. En ambos casos nos aseguraron que tanto el riesgo de transmitir enfermedades, como de que provoquen accidentes/ataques por celos es mucho mayor entre hermanos o incluso primos, que entre bebé y perro. Evidentemente teníamos que tener un cierto cuidado, pero que ellos no veían ningún riesgo. El pediatra de Sara, de hecho, nos comentó que sí que se pregunta en una encuesta que hacen sobre riesgos para la salud del bebé si hay hermanos en casa, pero no se pregunta sobre animales, porque son poquísimos casos en los que influye, y ni siquiera se tiene en cuenta. Este comentario nos tranquilizó definitivamente acerca de nuestra decisión
Cuando nació Sara, llevamos a Leo a una Residencia canina mientras estábamos en el hospital. Después se alargó unos días más, porque Sara estaba delicadita, y de todas formas no hubiéramos podido ocuparnos del animal. Así, las presentaciones se hicieron a la semana de haber nacido Sara. Mi marido fué a buscarle, con un pañal de la niña, que le hizo oler al recogerle de la residencia, y, en vez de traerle a casa directo, le llevó al descampado donde habitualmente le soltamos. Cuando se había desfogado algo, llegué yo con el cochecito del bebé. Obviamente el perro me saludó efusivamente y olisqueó el artefacto ese que me acompañaba, pero como aún estaba bastante excitado, no le enseñamos aún a la niña. Nos fuimos a dar un paseo, y cuando estaba ya más calmado cogí a Sara en brazos, le dejamos que la oliera con cuidado y finalizamos el paseo.
Los primeros meses, y hasta que Sara empezó a gatear, Leo generalmente la ignoraba, sólo dejaba de ignorarla para pasar a un papel de guardián en los paseos o si habían visitas en casa. Cuando empezó a gatear, Sara buscaba a Leo como a otro juguete más, y probaba a cogerle las orejas, los ojos, los bigotes, tocarle las patas...Leo generalmente le dejaba tocarle una o dos veces y se retiraba. Algunas veces mi hija le perseguía por toda la casa con su toqueteo y Leo me miraba pidiendo compasión con la mirada, yo intentaba distraerla con otro juego, explicándole sin éxito que Leo no es un peluche y que si le mete el dedo en el ojo le hace pupa. En esta época alguna vez he dudado si era justo para Leo esta situación, teniendo mucha menos atención de la que estaba acostumbrado, y además teniendo que soportar a la niña experimentando con él.
Hace unas semanas que Sara se ha arrancado a andar, y eso ha cambiado un montón la forma de relacionarse de mis bichos. Ahora jugamos juntos. Sara es capaz de tirarle una pelota, y Leo está encantado de cogérsela, me la da a mi, yo se la doy a Sara, que se la vuelve a tirar... Sara se troncha de risa viendo a Leo yendo a por la pelota que le ha tirado, y Leo está encantado de tener nuestra atención y se muestra incansable en el juego, cosa que me encanta, porque los últimos meses parecía volver a estar decaído.
Leo, que hasta hace poco veía a Sara y la rehuía, ahora a veces la busca, con la pelota en la boca, o le hace cosquillas con el morro en la barriga. Cuando venimos de recoger a Sara en la guardería, la saluda la primera, antes que a mí, y ni que decir que a mi se me cae la baba al verlo. También ha influido mucho en la buena relación que tienen, tengo que confesarlo, que Sara de vez en cuando le lanza pan desde la trona. Y claro, ya se sabe, por el pan baila el perro.
Estamos todo lo satisfechos que se puede estar del estado actual de la relación entre la niña y el perro. Sentimos que a Sara el estar compartiendo su día a día con un animal le enseña el respeto hacia todas las formas de vida, y también formas de cariño diferentes de la humana. Hace que de alguna forma tenga que ceder y compartir espacio y tiempo de juego con un compañero, y espero que eso haga que cuando llegue un hermanito, los celos sean menos traumáticos. Tener a Leo en casa es indudablemente un extra de trabajo, atención, y preocupaciones, pero también es un extra de satisfacción ver día a día como están aprendiendo a quererse estos dos granujas.
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jueves, 16 de septiembre de 2010
Las patas debidas
Pues que tengo un poco abandonado a mi Leo en el blog (sólo en el blog, que quede claro). La verdad es que Leo ni por comportamiento ni por su estado de salud me preocupa ahora mismo, y como con Sara sí que ha habido cosas que me han preocupado, ha ocupado más espacio en el blog (y en mi cabeza).
La semana pasada fui de visita al veterinario con Leo. Visita rutinaria y vacuna de la rabia. Y fui sola aprovechando el rato que Sara estaba en la guardería. Pues vaya cosa pensareis. Pues si, pero es que desde que tuve a Sara, esto tan rutinario de llevar al Leo al veterinario era una historia, porque el local tiene una tirada de escaleras para subir bastante apañada. Ir con Leo y el carro imposible, ir con Leo y Sara en la bandolera, subir bien pero ¿y si me tira por las escaleras al bajar? que Leo ronda los 40 Kg de animal. Descartado. Así que siempre tenía que ir acompañada, la época que hemos tenido que ir cada 48 horas para pincharle ha sido una odisea, así que la semana pasada me sentí bastante liberada al poder ir yo sola al veterinario sin acompañante.
Como os digo Leo está fenomenal, ha perdido algún kilito y todo, Iñaki le revisó para ver si había alguna herida que no hubiésemos visto en casa y todo en orden, cruzaremos los dedos a ver cuánto nos dura. Mi Leo se merece un tiempo de disfrutar un poco de dejar de ver agujas y soportar curas dolorosas. El verano le ha sentado muy bien, y eso que lo dejamos en una residencia canina los días que estuvimos en León. Y estos días que Miguel está recogiendo almendra el está viviendo sus vacaciones particulares. En el campo zascandileando, llega cansadísimo a casa, con una cara perruna de felicidad indescriptible. Esperemos que dure un tiempito este oasis de alegría y tranquilidad.
La semana pasada fui de visita al veterinario con Leo. Visita rutinaria y vacuna de la rabia. Y fui sola aprovechando el rato que Sara estaba en la guardería. Pues vaya cosa pensareis. Pues si, pero es que desde que tuve a Sara, esto tan rutinario de llevar al Leo al veterinario era una historia, porque el local tiene una tirada de escaleras para subir bastante apañada. Ir con Leo y el carro imposible, ir con Leo y Sara en la bandolera, subir bien pero ¿y si me tira por las escaleras al bajar? que Leo ronda los 40 Kg de animal. Descartado. Así que siempre tenía que ir acompañada, la época que hemos tenido que ir cada 48 horas para pincharle ha sido una odisea, así que la semana pasada me sentí bastante liberada al poder ir yo sola al veterinario sin acompañante.
Como os digo Leo está fenomenal, ha perdido algún kilito y todo, Iñaki le revisó para ver si había alguna herida que no hubiésemos visto en casa y todo en orden, cruzaremos los dedos a ver cuánto nos dura. Mi Leo se merece un tiempo de disfrutar un poco de dejar de ver agujas y soportar curas dolorosas. El verano le ha sentado muy bien, y eso que lo dejamos en una residencia canina los días que estuvimos en León. Y estos días que Miguel está recogiendo almendra el está viviendo sus vacaciones particulares. En el campo zascandileando, llega cansadísimo a casa, con una cara perruna de felicidad indescriptible. Esperemos que dure un tiempito este oasis de alegría y tranquilidad.
martes, 14 de septiembre de 2010
Los abuelos de mi hija.
Me da algo de envidia cuando me comentan otras mamás, "mi madre me cuida al niño" o "mi suegro lo recoge de la guardería" o "viene y se lo lleva a pasear". Los abuelos de mi hija no hacen nada de eso. En nuestro caso, los abuelos no ayudan casi nada, y pareciera que no recuerden lo que es tener un niño pequeño en casa.
Quizás peque de injusta, es posible, y quizás estas reflexiones vienen porque este fin de semana hemos tenido sobredosis de abuelitos, y me duele la lengua de mordermela. Puede que sea eso. En realidad no sé si voy a atreverme a publicar esto, porque este blog es menos anónimo de lo que debiera para escribir depende de que temas familiares. Lo escribo como descargo, y luego ya veremos.
Por un lado mis padres, que viven a 500 Km. pero que para ellos venir a ver a la nieta es irse a un pueblo que está a 60 Km. de este, porque allí tienen casa. Y ahora vas tu y me traes a la nieta que la vea, que yo ya he venido hasta mi casa. En julio estuvieron tres semanas y la vieron tres veces porque yo se la llevé las tres veces. Esta vez han estado una semana. Yo no estaba dispuesta a hacer pasar a mi hija por dos horas de coche después de pasar la mañana en la guardería. Lo siento, pero mi hija es lo primero. Así que se dignaron a venir el viernes a Yecla, no sin lanzarme indirectas los días anteriores a ver si se ahorraban el viaje.Y durante la visita más pullitas sobre lo poco que ven a la nieta y que cuando van a ver a todos sus nietos juntos. Se ve que la única con obligación de hacer visitas soy yo, los demás pueden esperar en sus casas a que les visiten.
Es feria en Yecla este fin de semana, y queríamos por lo menos un día llevar a Sara, entre eso y que Miguel esta recogiendo la almendra, el sábado nos quedamos aquí. El domingo después de comer, me cojo a mi hija y parto la familia y el fin de semana largo (ayer Lunes era festivo en Yecla) en dos, para que mis padres vean a Sara. Miguel y Leo se quedan, recogiendo almendra y disfrutando de la feria . Miguel fué el Lunes a comer con mis padres y nosotras para volvernos juntos. Ha sido un día entero sólo que escuchando críticas a mi hermana y a mi cuñada. A la una por tener veinte años y hacer cosas propias de su edad y a la otra por haber decidido llevar a los niños a la guardería (yo también la llevo, o sea que me doy por aludida), comprarles demasiada ropa y un montón de comentarios derivados de haber estado ayudando con los mellizos durante meses en su casa. Y mi madre no es de las que se calla, porque muchas veces habla y luego piensa lo que ha dicho (a veces ni esto último) no me extraña que mi hermano y mi cuñada quieran recuperar su intimidad y empezar a construir ellos dos con sus hijos su propio ritmo familiar. Además no se da cuenta el daño que me producen frases como "ea, yo ya les he dicho que para lo que quieran estamos ahí", cuando para mi siguen estando "ahí", no se plantean otra cosa, con la diferencia que el "ahí" es a 500km o a 60km, o sea, como si no hubiera nadie. Luego todos los hijos y todos los nietos somos iguales, claro, y el lobo tiró la casa del cerdito soplando.
Y por el otro lado mis suegros. Ayer noche volvimos, y ya los cuatro reunidos en casa, cenamos y nos disponemos a poner a dormir a Sara, cuando ya estaba más tranquila y parecía que íbamos a conseguir que se durmiera vinieron mis suegros de visita. Eran las diez y media de la noche. Mis suegros si que viven en Yecla, y tal vez se pueda pensar que nos echan una manita. Alguna vez, como anoche, es una mano al cuello. Conseguimos dormir a Sara finalmente a las once y cuarto.
Tuve que dejar a Sara con mi suegra al reincorporarme a trabajar. Fué sólo mes y medio, porque me echaron del trabajo. No hubo ninguna semana que no me fallara algún día, y lo peor es que me lo decía sin previo aviso, cuando ella sí que lo sabía con antelación. Uno de los días ,por ejemplo, yo me enteré a las ocho y media de la noche del día anterior, y al llamarla para preguntarle me dijo que como ya se lo había dicho a mi cuñado pensaba que yo lo sabía (?), y que ellos (mi cuñado y ella) habían pensado que a Sara se la quedaba cuidando Miguel (pero yo le había preguntado a Miguel y él tampoco sabía nada). Me pasé el mes y medio con un ay en el pecho pensando si al día siguiente seguro que tenía canguro o tenía que improvisar algo. Con la de gente que conozco de mi confianza en este pueblo (notese el tono irónico). Esa es una de las razones por las que al quedarme parada hablamos con Miguel que hasta que no me cogieran la niña en una guardería yo no volvía a buscar trabajo, y es que en realidad no tenemos con quien dejarla, su propio hijo tuvo que admitir que con mi suegra no podíamos contar.
Esta mañana hablando con una mama de la guardería me ha comentado que su madre le iba a recoger al niño al mediodía, y me ha dado una punzada de envidia. Y sé que en muchas ocasiones las manitas de los abuelos conlleva el tragar que traten a tu hijo de una forma que quizás no es la que más te agrade a ti. Pero creo que mi hija se está perdiendo algo que yo tampoco tuve en la relación con sus abuelos, y me duele que tenga tanta mala suerte y que por una razón o por otra no vaya a tener tanta relación con ellos como otros niños de su entorno. En mi caso también fué así y me daba perfecta cuenta que mis abuelos no me trataban como los abuelos de los demás, y como lo recuerdo con dolor, me duele por mi hija.
Quizás peque de injusta, es posible, y quizás estas reflexiones vienen porque este fin de semana hemos tenido sobredosis de abuelitos, y me duele la lengua de mordermela. Puede que sea eso. En realidad no sé si voy a atreverme a publicar esto, porque este blog es menos anónimo de lo que debiera para escribir depende de que temas familiares. Lo escribo como descargo, y luego ya veremos.
Por un lado mis padres, que viven a 500 Km. pero que para ellos venir a ver a la nieta es irse a un pueblo que está a 60 Km. de este, porque allí tienen casa. Y ahora vas tu y me traes a la nieta que la vea, que yo ya he venido hasta mi casa. En julio estuvieron tres semanas y la vieron tres veces porque yo se la llevé las tres veces. Esta vez han estado una semana. Yo no estaba dispuesta a hacer pasar a mi hija por dos horas de coche después de pasar la mañana en la guardería. Lo siento, pero mi hija es lo primero. Así que se dignaron a venir el viernes a Yecla, no sin lanzarme indirectas los días anteriores a ver si se ahorraban el viaje.Y durante la visita más pullitas sobre lo poco que ven a la nieta y que cuando van a ver a todos sus nietos juntos. Se ve que la única con obligación de hacer visitas soy yo, los demás pueden esperar en sus casas a que les visiten.
Es feria en Yecla este fin de semana, y queríamos por lo menos un día llevar a Sara, entre eso y que Miguel esta recogiendo la almendra, el sábado nos quedamos aquí. El domingo después de comer, me cojo a mi hija y parto la familia y el fin de semana largo (ayer Lunes era festivo en Yecla) en dos, para que mis padres vean a Sara. Miguel y Leo se quedan, recogiendo almendra y disfrutando de la feria . Miguel fué el Lunes a comer con mis padres y nosotras para volvernos juntos. Ha sido un día entero sólo que escuchando críticas a mi hermana y a mi cuñada. A la una por tener veinte años y hacer cosas propias de su edad y a la otra por haber decidido llevar a los niños a la guardería (yo también la llevo, o sea que me doy por aludida), comprarles demasiada ropa y un montón de comentarios derivados de haber estado ayudando con los mellizos durante meses en su casa. Y mi madre no es de las que se calla, porque muchas veces habla y luego piensa lo que ha dicho (a veces ni esto último) no me extraña que mi hermano y mi cuñada quieran recuperar su intimidad y empezar a construir ellos dos con sus hijos su propio ritmo familiar. Además no se da cuenta el daño que me producen frases como "ea, yo ya les he dicho que para lo que quieran estamos ahí", cuando para mi siguen estando "ahí", no se plantean otra cosa, con la diferencia que el "ahí" es a 500km o a 60km, o sea, como si no hubiera nadie. Luego todos los hijos y todos los nietos somos iguales, claro, y el lobo tiró la casa del cerdito soplando.
Y por el otro lado mis suegros. Ayer noche volvimos, y ya los cuatro reunidos en casa, cenamos y nos disponemos a poner a dormir a Sara, cuando ya estaba más tranquila y parecía que íbamos a conseguir que se durmiera vinieron mis suegros de visita. Eran las diez y media de la noche. Mis suegros si que viven en Yecla, y tal vez se pueda pensar que nos echan una manita. Alguna vez, como anoche, es una mano al cuello. Conseguimos dormir a Sara finalmente a las once y cuarto.
Tuve que dejar a Sara con mi suegra al reincorporarme a trabajar. Fué sólo mes y medio, porque me echaron del trabajo. No hubo ninguna semana que no me fallara algún día, y lo peor es que me lo decía sin previo aviso, cuando ella sí que lo sabía con antelación. Uno de los días ,por ejemplo, yo me enteré a las ocho y media de la noche del día anterior, y al llamarla para preguntarle me dijo que como ya se lo había dicho a mi cuñado pensaba que yo lo sabía (?), y que ellos (mi cuñado y ella) habían pensado que a Sara se la quedaba cuidando Miguel (pero yo le había preguntado a Miguel y él tampoco sabía nada). Me pasé el mes y medio con un ay en el pecho pensando si al día siguiente seguro que tenía canguro o tenía que improvisar algo. Con la de gente que conozco de mi confianza en este pueblo (notese el tono irónico). Esa es una de las razones por las que al quedarme parada hablamos con Miguel que hasta que no me cogieran la niña en una guardería yo no volvía a buscar trabajo, y es que en realidad no tenemos con quien dejarla, su propio hijo tuvo que admitir que con mi suegra no podíamos contar.
Esta mañana hablando con una mama de la guardería me ha comentado que su madre le iba a recoger al niño al mediodía, y me ha dado una punzada de envidia. Y sé que en muchas ocasiones las manitas de los abuelos conlleva el tragar que traten a tu hijo de una forma que quizás no es la que más te agrade a ti. Pero creo que mi hija se está perdiendo algo que yo tampoco tuve en la relación con sus abuelos, y me duele que tenga tanta mala suerte y que por una razón o por otra no vaya a tener tanta relación con ellos como otros niños de su entorno. En mi caso también fué así y me daba perfecta cuenta que mis abuelos no me trataban como los abuelos de los demás, y como lo recuerdo con dolor, me duele por mi hija.
sábado, 14 de agosto de 2010
La empatía entre mamíferos
Este tema lo quería tratar en una entrada desde hace días. Pero esta mañana en el canal 24 horas me he topado con este programa de redes como siempre interesantísimo, que mejor que poder colgar a Punset para que te de la razón.
Al principio del programa, en la entrevista el investigador Frans de Waal y Punset dicen que las personas que tienen mascotas (perros y gatos especifican) ya saben que tienen empatía. Es cierto, lo sabemos, lo hemos experimentado.
Yo concretamente, he sentido que Leo conocía mis sentimientos en dos momentos cruciales: en el embarazo y la instauración de la lactancia de Sara.
En febrero del año pasado, cuando yo estaba embarazada de seis meses tuve que hacer reposo hasta el final del embarazo. Cuando me lo dijo el ginecólogo pensé que con Leo todo el día por casa, no podría reposar mucho. Sin embargo me equivoqué. Leo se convirtió en una alfombra todo el día, hasta que yo le llamaba para comer, o hasta que llegaba el Miguel de trabajar. Y en las tardes que me encontraba peor y tuve contracciones, Leo se echaba a mis pies en el sofá, o me apoyaba su cabeza en las piernas y, mirándome a los ojos, lamía mi barriga. Era para mi evidente que sabía que me encontraba mal, y la naturaleza de mi malestar. Su comprensión y compañía esos días fueron impagables.
Cuando nació Sara prácticamente nadie de nuestro entorno nos comprendía en nuestra decisión de hacer todo lo posible para poder amamantar a mi hija. Esos días en que varias personas no nos respetaron en nuestra intimidad mi perro no entró en la misma habitación en la que estuviera Sara durante varios días. Después entraba si le llamábamos o si venía alguien de visita, haciendo de guardián y poniéndose en guardia si alguien que no fuéramos Miguel y yo osaba coger a la niña en brazos. Tardó más de dos meses en entrar en la misma habitación si yo estaba amamantando al bebé. Dándonos una preciosa experiencia de la comprensión entre las especies, Leo comprendía que la madre y su cría necesitábamos intimidad para la crianza. Él invariablemente se echaba en la puerta de la habitación, atravesado, como guardando la intimidad que otros nos arrebataban. En esos días su actitud me hizo llorar de gratitud. Me sentía comprendida aunque fuera sólo por el perro.
Al principio del programa, en la entrevista el investigador Frans de Waal y Punset dicen que las personas que tienen mascotas (perros y gatos especifican) ya saben que tienen empatía. Es cierto, lo sabemos, lo hemos experimentado.
Yo concretamente, he sentido que Leo conocía mis sentimientos en dos momentos cruciales: en el embarazo y la instauración de la lactancia de Sara.
En febrero del año pasado, cuando yo estaba embarazada de seis meses tuve que hacer reposo hasta el final del embarazo. Cuando me lo dijo el ginecólogo pensé que con Leo todo el día por casa, no podría reposar mucho. Sin embargo me equivoqué. Leo se convirtió en una alfombra todo el día, hasta que yo le llamaba para comer, o hasta que llegaba el Miguel de trabajar. Y en las tardes que me encontraba peor y tuve contracciones, Leo se echaba a mis pies en el sofá, o me apoyaba su cabeza en las piernas y, mirándome a los ojos, lamía mi barriga. Era para mi evidente que sabía que me encontraba mal, y la naturaleza de mi malestar. Su comprensión y compañía esos días fueron impagables.
Cuando nació Sara prácticamente nadie de nuestro entorno nos comprendía en nuestra decisión de hacer todo lo posible para poder amamantar a mi hija. Esos días en que varias personas no nos respetaron en nuestra intimidad mi perro no entró en la misma habitación en la que estuviera Sara durante varios días. Después entraba si le llamábamos o si venía alguien de visita, haciendo de guardián y poniéndose en guardia si alguien que no fuéramos Miguel y yo osaba coger a la niña en brazos. Tardó más de dos meses en entrar en la misma habitación si yo estaba amamantando al bebé. Dándonos una preciosa experiencia de la comprensión entre las especies, Leo comprendía que la madre y su cría necesitábamos intimidad para la crianza. Él invariablemente se echaba en la puerta de la habitación, atravesado, como guardando la intimidad que otros nos arrebataban. En esos días su actitud me hizo llorar de gratitud. Me sentía comprendida aunque fuera sólo por el perro.
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lunes, 9 de agosto de 2010
Cansancio de los cuidadores
Esta entrada me la ha inspirado una conversación de esas que oyes porque tienes las orejas pegadas a la cabeza, pero que no debería haber oído. La conversación transcurría en el parque el domingo por la mañana entre una mamá y un abuelo. Al parecer la mamá quería dejar a sus dos hijas a comer con los abuelos, porque se quería ir con su marido y unos amigos a comer fuera. Su señor padre se negaba y le decía que para un día que tenían libre no les apetecía a su mujer y a el cuidar de las niñas "otra vez", que las niñas eran suyas, que ellos ya habían criado a sus hijos. En la discusión le dijo: "Haz memoria, a ver cuando os hemos dejado a ti o a tus hermanos con alguien para irnos nosotros por ahí".
El hombre tenía razón, en muchas ocasiones se abusa de los abuelos. Estos en concreto parece que cuidan a los nietos de Lunes a Viernes porque los hijos trabajan. Es normal que los fines de semana quieran descansar, hacer ellos mismos sus planes y disfrutar un poco.
A raiz de la frase del hombre me puse a hacer memoria yo misma. Nunca mis padres se han ido a comer, cenar, al cine ni a nada si no estábamos incluidos sus hijos. En parte supongo porque no había dinero, en parte porque ¿con quien nos hubieran dejado? Mis abuelos vivían a 600 Km. de distancia y los tíos, cada uno tenía sus propios hijos. Siempre los planes han sido con nosostros. Mi marido y yo de momento, con 15 meses que tiene Sara tampoco hemos hecho ningún plan que no la incluya. No nos apetece, vamos que ni nos lo hemos planteado. También que hemos sido padres ya con treintaytantos y supongo que la etapa de salidas nocturnas y eso ya la habíamos quemado. De todas formas cuando eres padre/madre tienes que saber que algunas cosas en tu vida van a cambiar, y el tipo de ocio es lo primero que cambia. Pero vamos que a quien le apetezca me parece también normal, siempre y cuando las personas a las dejamos nuestros hijos no lo vivan como una carga, como un abuso, como en el caso de este señor. En ese caso creo que tiene que prevalecer la opinión de los cuidadores.
El hombre tenía razón, en muchas ocasiones se abusa de los abuelos. Estos en concreto parece que cuidan a los nietos de Lunes a Viernes porque los hijos trabajan. Es normal que los fines de semana quieran descansar, hacer ellos mismos sus planes y disfrutar un poco.
A raiz de la frase del hombre me puse a hacer memoria yo misma. Nunca mis padres se han ido a comer, cenar, al cine ni a nada si no estábamos incluidos sus hijos. En parte supongo porque no había dinero, en parte porque ¿con quien nos hubieran dejado? Mis abuelos vivían a 600 Km. de distancia y los tíos, cada uno tenía sus propios hijos. Siempre los planes han sido con nosostros. Mi marido y yo de momento, con 15 meses que tiene Sara tampoco hemos hecho ningún plan que no la incluya. No nos apetece, vamos que ni nos lo hemos planteado. También que hemos sido padres ya con treintaytantos y supongo que la etapa de salidas nocturnas y eso ya la habíamos quemado. De todas formas cuando eres padre/madre tienes que saber que algunas cosas en tu vida van a cambiar, y el tipo de ocio es lo primero que cambia. Pero vamos que a quien le apetezca me parece también normal, siempre y cuando las personas a las dejamos nuestros hijos no lo vivan como una carga, como un abuso, como en el caso de este señor. En ese caso creo que tiene que prevalecer la opinión de los cuidadores.
jueves, 15 de julio de 2010
El equilibrio mental de Leo

Cuando Leo llegó a casa, hace cinco años, estábamos recién casados. Yo al casarme me mudé a vivir a Yecla, y la verdad que fue muy duro, me sentí muy sola y cerca estuve de una bonita depresión. En estas condiciones llegó Leo a nuestro hogar.
El primer impacto del cachorro fue positivo para mi estado de ánimo. Tenía a otro ser más necesitado que yo del que ocuparme, y además me obligaba a salir de casa. Antes me podía pasar perfectamente varios días sin pisar la calle ni hablar con nadie más que con Miguel (cuando llegaba a casa allá a las nueve de la noche). Pero seguro que mi impacto sobre el cachorro no fue el mismo.
Leo en cuanto se libró (con nuestro esfuerzo y un buen par de pinzas de depilar) de todas las pulgas y garrapatas que traía consigo, desplegó un amplio catálogo de conductas indeseables en un perro: ladraba y destrozaba lo que pillara en casa si se quedaba sólo, se subía a las camas (algo que nunca hemos querido permitirle), robaba comida, se peleaba con cualquier cuadrúpedo que se cruzara, hacía incursiones fuguistas por el barrio, tiraba de la correa... un encanto de cachorrón que rápidamente llegó a los 25 Kg. y parecía que nunca nos íbamos a domesticar.
Y busqué asesoramiento, leí mucho, a Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros y a Rosana Álvarez. Le enseñé las órdenes básicas, teníamos un estricto orden de comidas y paseos. Tenía que sentarse y tumbarse antes de ponerle la comida, estar sentado y tranquilo antes de ponerle el collar, entrar a casa después de los dueños...
Cinco años después Leo es casi perfecto. Muchas veces no es necesario darle la orden, con una mirada nos entiende y se comporta tal y como esperamos de él. Quiero creer que el esfuerzo en su adiestramiento ha dado sus frutos...pero en el fondo sé que lo que ha pasado es lo de que "los perros se parecen a sus dueños". Cuando yo estaba desquiciada, mi perro se comportaba también como un neurótico. Mi perro se comporta ahora como queremos porque ha aprendido a confiar en nosotros, porque ya no le transmitimos nerviosismo ni malas sensaciones, en una palabra somos equilibrados, y eso le ha equilibrado a él.
Si tienes un perro que se está comportando de forma indeseable, revisa cual es tu relación con él y que inseguridades tienes y le estás transmitiendo. Es la forma más rápida de tener un perro que se comporte correctamente.
El primer impacto del cachorro fue positivo para mi estado de ánimo. Tenía a otro ser más necesitado que yo del que ocuparme, y además me obligaba a salir de casa. Antes me podía pasar perfectamente varios días sin pisar la calle ni hablar con nadie más que con Miguel (cuando llegaba a casa allá a las nueve de la noche). Pero seguro que mi impacto sobre el cachorro no fue el mismo.
Leo en cuanto se libró (con nuestro esfuerzo y un buen par de pinzas de depilar) de todas las pulgas y garrapatas que traía consigo, desplegó un amplio catálogo de conductas indeseables en un perro: ladraba y destrozaba lo que pillara en casa si se quedaba sólo, se subía a las camas (algo que nunca hemos querido permitirle), robaba comida, se peleaba con cualquier cuadrúpedo que se cruzara, hacía incursiones fuguistas por el barrio, tiraba de la correa... un encanto de cachorrón que rápidamente llegó a los 25 Kg. y parecía que nunca nos íbamos a domesticar.
Y busqué asesoramiento, leí mucho, a Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros y a Rosana Álvarez. Le enseñé las órdenes básicas, teníamos un estricto orden de comidas y paseos. Tenía que sentarse y tumbarse antes de ponerle la comida, estar sentado y tranquilo antes de ponerle el collar, entrar a casa después de los dueños...
Cinco años después Leo es casi perfecto. Muchas veces no es necesario darle la orden, con una mirada nos entiende y se comporta tal y como esperamos de él. Quiero creer que el esfuerzo en su adiestramiento ha dado sus frutos...pero en el fondo sé que lo que ha pasado es lo de que "los perros se parecen a sus dueños". Cuando yo estaba desquiciada, mi perro se comportaba también como un neurótico. Mi perro se comporta ahora como queremos porque ha aprendido a confiar en nosotros, porque ya no le transmitimos nerviosismo ni malas sensaciones, en una palabra somos equilibrados, y eso le ha equilibrado a él.
Si tienes un perro que se está comportando de forma indeseable, revisa cual es tu relación con él y que inseguridades tienes y le estás transmitiendo. Es la forma más rápida de tener un perro que se comporte correctamente.
martes, 6 de julio de 2010
Declaración de intenciones.

Hola! Antes que nada me presento, soy Natalia, y este es mi blog personal. Os presento a estos dos granujillas de la foto: mi hija Sara, que tiene ahora catorce meses y mi perro Leo que tiene cinco años. Y como mi vida gira en torno a ellos mi blog hablará de temas relacionados con ellos también.
Mucha gente pensará que hago mal en mezclar el tema de los niños y el de los perros en un mismo blog. Seguramente tengan razón y sea una locura. Sin embargo lo voy a hacer conscientemente como herramienta para denunciar que en ocasiones tanto nuestro trato tanto con los niños como con los animales no es justo. Son seres que vienen a nuestra vida por decisión nuestra, que dependen absolutamente de nosotros, que tienen escaso poder de decisión y que tendrán la calidad de vida que los adultos responsables de los que dependen podamos y/o queramos otorgarles.
En mi blog no voy a autocensurarme, no voy a emitir ninguna opinión para molestar a nadie, pero los temas que me va a interesar tratar aquí no suelen dejar indiferente a nadie. Espero escuchar también tus opiniones y que este sea un blog vivo y participativo. Bienvenido.
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